Existe en este momento un enojo profundo con la EPE, sus directivos y el gobierno provincial por los cortes de energía y por medio de pedidos de indemnizaciones y resarcimientos tratan de apurar el trámite para que se corrija el servicio, más que por conseguir una compensación por las pérdidas. Lo que de todas maneras sería simbólico, ya que nunca podría compensar los sufrimientos producidos. Yo quisiera llamar la atención sobre la naturaleza de este lío que parece no terminar nunca. De alguna manera el gobernador Bonfatti orilló el tema a principio del año pasado, cuando ante un corte dijo: “Estamos reemplazando cables que fueron fabricados en el año 1927”. De manera que esos cables no sólo están obsoletos, sino podridos. Seguramente de esos cables los hay por toda la ciudad (y no debe ser problema sólo de Rosario). Cuando se les exige un poco no resisten y se queman. Si se cambian de a pedazos, siempre habrá algún trozo que resista menos. La única jugada que veo posible para solucionar el problema en forma duradera sería el reemplazo de prácticamente toda la instalación, incluso teniendo en cuenta el futuro crecimiento de la demanda, que crece no sólo por más población, por más concentración en edificios cada vez más altos, sino también por cada vez mayor cantidad de artefactos en cada hogar, negocio o fábrica. Diariamente inventan algo nuevo. El tema es que tal renovación de instalación tendría un costo quizá mayor que el reemplazo de vías para los trenes a Buenos Aires, y que debería hacerse de manera concentrada, en el menor tiempo posible, lo cual no es razonable solventar con los presupuestos anuales ni de la EPE ni de la provincia. Habría que recurrir a créditos externos de largo plazo. Y he aquí el problema, a nuestro querido país Argentina nadie le presta un mango por temor a que no se lo devuelva. A la jerarquía política atomizada que tenemos en suerte le pediría que en vez de ver quién castiga peor, se ponga a tirar del carro todos para el mismo lado y trate de conseguir los recursos para solucionar el problema. De lo contrario, amigo lector, tenemos cortes para rato.



































