Una nueva visita al obispo que fuera olvidado en Buenos Aires y, dada su nueva jerarquía mundial, para mejorar su imagen ante el mundo, porque en su país ya no la tiene. Ojalá el Papa en las conversaciones con ella le haya pedido en nombre del pueblo de la Nación argentina que le devuelva su dignidad, su cultura del trabajo robada por su antecesor de La Rioja, su seguridad, filtrada por el narcotráfico con su anuencia, por su maltrecha y denigrada cultura. Para que volvamos a ser el faro de América; para que todos los argentinos, del norte al sur, este y oeste, tengamos la misma oportunidad de estudiar y trabajar honradamente; para que todos los argentinos tengamos un sueldo digno y los jubilados no sean el desperdicio social al que hoy los arrojan. Tener una Justicia creíble. Eliminar uno de sus peores flajelos, la corrupción oficial. Así lograremos una niñez física y moralmente sana y con seguridad volveremos a ser el país que soñaron nuestros abuelos.




































