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El dolor de una familia por un crimen sin motivo

Los hijos de María Emilia Valdez, que el 31 de julio fue asesinada tras quedar en medio de un tiroteo en Gaboto y Avellaneda, esperan justicia por su madre. Tenía 50 años.    

Domingo 18 de Agosto de 2013

El lugar es pequeño y rectangular. Una cocina comedor con pocos muebles, un aparador, una mesa de fórmica con las patas oxidadas y por la que pasean las mascotas de María Emilia Valdez, la mujer asesinada de un tiro en la cabeza en Gaboto y bulevar Avellaneda a fines de julio, cuando caminaba junto a su nuera. Tenía 50 años y ya era dos veces abuela. El miércoles pasado nació su tercera nieta, pero no se conocerán. Los ojos de Alejandro, uno de sus hijos, buscan amparo en el triste espacio de esa cocina humilde.

María Emilia vivía en pasaje Curie al 3800, en la zona sudoeste de la ciudad. El barrio tiene calles asfaltadas y rotas, veredas ausentes y árboles deshilachados. Y perros, muchos perros. A la noche, y algunas tardes, se escuchan balazos. Pero nadie les da importancia. "Son sólo tiros", dicen. Balas sin destino de las que nadie se cuida quedan en el cielo, desaparecen. Pero la tarde del 31 de julio una de esas balas, de calibre 22, fue directo a la frente de María Emilia y la mató.

De compras. La mujer ese día iba junto a su nuera caminando por Gaboto hacia Avellaneda. Iban a hacer las últimas compras para la nieta que esperaba: aros abridores y algo de ropa. Carolina, su nuera, contará lo que ya dijo muchas veces, lo que pasó, lo imposible. "Ibamos por Gaboto con ella y Tomás, mi hijo. Escuchamos un ruido de tiros, de lejos, pero no vímos de donde era. Seguimos y de pronto veo que ella se cae, como que se desmaya y que le sale sangre, poca, de la frente".

A Tomás, de 5 años, nadie le explicó nada. De pronto entendió lo que pasaba cuando vio el orificio en la frente de su abuela. "A mi hijo le hizo mal. Lo llevamos al dispensario a que lo viera un psicólogo y le habló. Durante varios días preguntó por la abuela y a todos les contaba del agujero en la frente y decía que le dolía la cabeza. Ahora, cuando está tomando la leche, me pregunta si le puede llevar al cielo un poco de leche a su abuela", relató Carolina.

Los hijos de María Emilia son jóvenes, sus esposas también. Y trabajan hace mucho. Ahora la tristeza se les tatuó en la cara. Alejandro tiene 24 años y trabaja en una empresa metalúrgica, sus otros dos hermanos: Andrés, de 19; y Juan José, de 22, lo hacen en la construcción.

A cargo de todo. "A mi mamá la querían todos. Hace veinte años que vivimos acá. Cuando yo tenía 9 años falleció mi padre y ella se cargó con todo. Trabajaba de lo que viniera. Hace un tiempo que cosía zapatos, mocasines de cuero que le daba una vecina para que se hiciera unos pesos y además cobraba una pensión por discapacidad", cuenta el muchacho con la tristeza en la cara.

El barrio está olvidado y quienes viven en esas cuadras desangeladas saben mucho de olvidos y de la mala suerte que acecha en cada vereda, en cada ochava. "Mi mamá peleaba todos los días por los hijos y los nietos, por nosotros. Nunca tuvo problemas con nadie, si te podía ayudar te ayudaba", contó Alejandro, el único que habla en esa familia joven. Una de las nueras de María Emilia, Nicole, tiene 20 años y es la mamá de la segunda nieta de María Emilia, la que vino después de Tomás. "Esta semana nació la tercera nieta, Eluney, a esa ya no la va a conocer. Pero estaba muy contenta", dijo.

El caso policial, el hecho, no es claro. En las calles del barrio se cuenta que por Gaboto al 4100, pasando Avellaneda, se armó una pelea de tiros: "Una bronca por un pibe que mataron hace un tiempo cerca de Amenábar y Avellaneda. Ese chico tenía sus amigos y parece que estos fueron a buscar a los de Gaboto para pasarles factura. Y empezaron a los tiros. Uno andaba en una bicicleta playera verde, a otro le dicen Repu, a otro Pelo duro, son cuestiones de banditas de barrio", contó un vecino que teme y no dice como se llama.

Eso sucedió en segundos que cambiaron la vida de esta familia humilde que comparte dos viviendas en un pasillo en el que no hace mucho el piso era de tierra. "Zoe, la perra de mi suegra, estaba mal. Tardó tres días en salir de la cama de ella, donde dormían juntas. Mi hijo no durmió por dos noches. No nos mandaron una asistente social y fuimos solamente una vez a declarar, no sabemos nada de la causa. Lo que nos pidió el juez es que aparezcan testigos pero nadie vio nada en el barrio y fue a la tarde, es raro", cuenta Alejandro.

La causa está en el juzgado de Instrucción 8 y por el fatal tiroteo está detenido Franco T., con domicilio en Gaboto al 3400, a quien le secuestraron un arma calibre 22. El juzgado está vacante, lo que implica que las actuaciones las hacen los jueces que entran en turno. Si un juez de otro ámbito actúa, como en este caso, avanzará la causa y esta familia volverá a creer en la Justicia y por un momento se olvidarán de la mala suerte de María Emilia.

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