José Luis Baroni, el jornalero rural acusado de matar a la maestra Alejandra
Cugno, se quebró la mañana de ayer poco después de iniciar su declaración ante la policía e
intentar una historia ficticia. Fue entonces que reconoció por escrito ser el único autor del
siniestro suceso y reconocer que hace 15 años fue protagonista de otro caso similar que tuvo como
víctima a una remisera de la localidad cordobesa de Devoto.
Minutos después de su llegada a Sastre, proveniente de la ciudad de San
Justo en donde fue detenido la noche del viernes, el Colorado Baroni, de 41 años, fue alojado en la
Agrupación Unidades Especiales de la Regional XVIII donde permaneció en silencio durante varias
horas. Después pidió hablar y, ante los policías y sumido en el llanto por momentos, empezó a
confesar por escrito cómo mató a la maestra.
Falsa coartada.En el comienzo de su declaración Baroni dijo que con él, en el
cruce de las rutas 34 y 66, subió al auto un pastor y que fue ese hombre el que le dio muerte a la
docente. Pero ese dato se convirtió en el primer error del sospechoso ya que reconoció que había
viajado con Cugno. Y, ante la presentación de las pruebas aportadas por los testigos que lo vieron
ascender solo al vehículo, la falsa versión se hizo insostenible y empezó a desgranar el macabro
raíd del lunes último.
Baroni dijo que alrededor de las 16 de aquel día viajó a dedo hasta Cañada
Rosquín para esperar a la maestra, a quien conocía porque había compartido con ella viajes
anteriores. A los pocos kilómetros de subir al auto de Alejandra la amenazó con un cuchillo y la
obligó a tomar por un camino secundario hasta una casa abandonada. Allí la hizo descender del auto,
la redujo y la encerró en el baúl. Desde allí fue él quien se puso al volante y tomó por la ruta
provincial 66 hasta empalmar la 20 hacia el norte, unos 15 kilómetros.
Baroni condujo hasta un camino rural e ingresó a la tapera de un campo que
conocía porque había trabajado allí como ayudante de un fumigador. En ese lugar obligó a la mujer a
desvestirse e intentó violarla. Ante la resistencia de Cugno comenzó a golpearla hasta su muerte o
dejarla inconsciente, algo que develarán los análisis de criminalística. Posteriormente la arrojó
al pozo e intentó ocultarla con los escombros del brocal. Alejandra murió por aplastamiento de
cráneo, según los resultados de la autopsia. Una hipótesis asegura que podría haber caído
desvanecida pero aún con vida.
La huida. A partir de ese momento, Baroni comenzó un alocado escape para
deshacerse de las evidencias. Continuó viaje hacia el norte por la ruta 20, pasó por Las Petacas y
Castelar hasta llegar a la zona sur de San Francisco, donde arrojó las prendas, la cartera, útiles,
zapatos y ropa interior de la maestra entre otros elementos. Reservó otras prendas para dejarlas en
un lugar más visible, al costado de un camino cercano a la ciudad con la intención de que se
encuentre para despistar.
Después abandonó el auto en cercanías de la terminal de ómnibus de San Francisco
y abordó un micro hacia Villa María. Pagó el pasaje con 80 pesos que robó de la billetera de
Alejandra. Después hizo dedo hasta Piamonte por la ruta 13 cordobesa, continuación de la 66 en
Santa Fe.
Una vez que llegó a su casa en Piamonte, escondió las llaves del Fiat Duna de la
maestra en un plafón de iluminación del galpón de la parte trasera de su vivienda y le regaló a su
hija la cartuchera que, de acuerdo al testimonio de otras maestras, pertenecía a Cugno.
A las 14 del martes preparó un bolso con ropa y emprendió otro viaje a dedo. Su
destino era la ciudad de Malabrigo, en el norte de Santa Fe. En la capital provincial vendió el
celular de Alejandra por 20 pesos y con eso pagó su pasaje a San Justo donde, de paso, visitaría a
unos familiares. Allí finalmente fue apresado por la denuncia de un vecino que lo reconoció,
después de haber visto su foto en televisión.