Hay quienes se oponen al llamado "casamiento igualitario" porque, según afirman, quieren proteger a los niños que esas parejas podrían adoptar. Hay quien llegó a preguntar si, en caso de un matrimonio gay, el potencial hijo adoptivo no correría riesgo de violación, como si esta posibilidad no existiera en el matrimonio heterosexual. De hecho son muchos los casos de incesto entre padres e hijas. Prohibiendo la posibilidad de casarse entre personas del mismo sexo se está castigando, por anticipado, por hipotéticas lacras posibles que se silencian en los matrimonios heterosexuales. Se argumenta que este tipo de matrimonio entre personas del mismo sexo pone en riesgo a la descendencia, a los hijos e hijas, y se niega la posibilidad de una reglamentación que tiende, justamente, a protegerlos. De hecho, se dan este tipo de uniones entre personas del mismo sexo y lo que esta reglamentación traería como innovación sería el amparo de la descendencia, la que, en las circunstancias actuales se encuentra indefensa y sin derechos. La prohibición no sirve para nada pues las parejas de personas del mismo sexo han existido y seguirán existiendo por más que la ley no las reconozca. Los sentimientos no se pueden "domesticar". Toda esta batalla en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo se hace desde la pretensión de que los matrimonios heterosexuales son lo que, en realidad, no son. Ya mencionamos los casos de incesto entre padres e hijas pero no es lo único preocupante que existe entre las paredes de "familias bien constituidas". La lista de falencias es larga, al menos para occidente. Las infidelidades entre nosotros, las familias uniparentales por abandono del hogar por parte del progenitor, las mal llamadas "familias ensambladas" a las que insistimos en denominar "familias aglutinadas". El diccionario nos dice que el matrimonio civil, único válido, es independiente del religioso.



































