Estamos viviendo y conviviendo en una sociedad que está perdiendo gradualmente valores con los que históricamente se desenvolvió nuestra comunidad. Los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas. La idea de estas simples palabras es la de generar una toma de conciencia, fundamentalmente en padres y en aquellos que quieran algún día formar una familia, para que eduquen a sus hijos con valores como respeto, amor, sinceridad, responsabilidad, humildad, tolerancia, amistad, honestidad, generosidad, solidaridad, y fundamentalmente honradez, que es temer y alejarse de todo lo que merece un castigo, de todo lo que es pecaminoso, ilegal e indeseable. Pongo el acento en la honradez porque considero que es un valor sumamente importante y es fácil notar el brillo de su ausencia. Digo fundamentalmente en padres y en futuros padres porque creo que la única gran posibilidad de cambiar esta realidad se encuentra en los niños, ya que son el futuro más inmediato. Sería ingenuo de mi parte considerar que esta falta de valores es la única problemática que aqueja a nuestra sociedad, ya que existen otras que dañan nuestra convivencia cotidiana, tales como por ejemplo: los hechos de inseguridad habituales de día a día; esta tan marcada brecha que separa a nuestra comunidad en k o anti k; entre muchas otras. De lo que sí estoy sumamente seguro es de la relación que tienen los valores antes mencionados con muchos de los hechos aberrantes que vivimos habitualmente. Por lo tanto creo conveniente considerar como un pilar fundamental, como base de toda estructura, a los valores; y relacionado a ellos intrínsecamente, la educación como arma y escudo. Muchos de los valores se están transformando debido a la forma de relacionarse de las personas. Los valores tradicionales están siendo sustituidos por otros basados en el individualismo. Se transmite una concepción de progreso equivalente a la destrucción de todo lo pasado. Pilares de la sociedad como la familia y la educación, que eran transmisores de los valores morales tradicionales están desapareciendo. La amistad basada en la lealtad y el honor se está transformando en amistad por interés. El respeto, la tolerancia y la generosidad hacia los demás es algo que queda cada vez más lejano. Y la solidaridad se canaliza a través de organizaciones no gubernamentales, muchas de dudosa reputación, y algunas incluso protagonistas de escándalos de corrupción. Todo esto, agravado por una pasividad social pasmosa, hace que nos estemos convirtiendo en una sociedad vulgarizada, conformista y fácil de manipular. Vivimos, sin duda, una crisis de valores que genera una crisis social. El cambio está en nuestras manos.

































