Dos policías del Comando Radioeléctrico fueron indagados ayer por el homicidio
de Gonzalo Aguirre, un joven de 20 años al que mataron con seis balazos un mes atrás en su casa de
Santiago y Juan Canals. Los efectivos, que están en libertad, admitieron haber disparado y ambos se
atribuyeron responsabilidad en el crimen, aunque afirmaron que actuaron en legítima defensa porque
el muchacho tiró primero. Los investigadores creen que el caso es "dudoso" y que la dinámica de los
hechos no está aclarada.
La medida fue realizada ayer en el juzgado de Instrucción Nº 5 a cargo de María
Luisa Pérez Vara y en presencia de la fiscal Graciela Argüelles. "Los dos admitieron por separado
su responsabilidad en el homicidio", indicó una fuente judicial. Dijeron que fueron agredidos por
Aguirre con dos armas y que ellos repelieron con disparos. Ambos se atribuyeron haber realizado el
disparo mortal a pesar de que, según la autopsia, de los seis impactos que sufrió el joven resultó
letal uno que le afectó un pulmón.
De modo que ahora se deberá determinar, a partir de pericias balísticas, quién
de los dos acusados realizó ese disparo. Los imputados son Cristian M. y Maximiliano V., ambos del
Comando Radioeléctrico, quienes fueron acusados en forma genérica del delito de homicidio. Los
efectivos están en libertad ante la presunción de que habrían resistido un ataque previo, si bien
sus relatos no resultaron del todo convincentes para los investigadores, quienes solicitarán
medidas para precisar las posiciones en que se encontraba cada uno de ellos en el momento del
hecho. "El caso es dudoso", dijo un portavoz.
Al 911. El hecho ocurrió el 13 de septiembre pasado luego de que un llamado
anónimo alertara en el 911 que Kiko, como de decían al joven fallecido, andaba "a los tiros limpios
en la villa de Santiago y Juan Canals". Dos patrullas del Comando Radioléctrico acudieron al lugar.
El relato oficial señaló que los policías se internaron con linternas en la oscuridad del barrio,
que Kiko estaba dentro de su casa y al ver a los policías abrió fuego con una pistola calibre
11.25.
Ayer los efectivos dieron más precisiones sobre esa secuencia. Dijeron que
vieron al muchacho en la casa y le ordenaron que saliera, pero el joven se encerró en su domicilio.
Ellos entraron a buscarlo. De repente, dijeron, el joven salió del baño empuñando dos armas de
fuego y comenzó a realizar disparos. No pudieron precisar qué cantidad. En ese momento uno de los
policías que estaba detrás de una cortina cayó al piso y desde esa posición comenzó a disparar,
mientras su compañero lo hacía desde otra posición.
El fin de Kiko. No está claro cuántos disparos realizaron en total. Uno de ellos
sostuvo que tiró "entre 6 y 7 tiros". Otro afirmó que debió cambiar el cargador. "Hay unas quince
balas secuestradas", dijo un vocero del caso. A la víctima le fue atribuida un arma calibre 11.25.
En un primer momento la policía indicó que el joven había recibido cuatro disparos "desde la
cintura al omóplato", aunque una fuente judicial con acceso al resultado de la autopsia afirmó que
tenía seis heridas de bala.
En la balacera, un adolescente de 15 años que acompañaba a Aguirre fue herido en
la rodilla izquierda. La casilla donde murió Kiko cuenta con un cuarto con un colchón, un televisor
y un equipo de música. Allí los agentes de la ex Drogas Peligrosas hallaron 400 gramos de marihuana
y 200 de cocaína. Secuestraron además una licuadora, una balanza y la pistola 11.25, por lo que le
dieron intervención a un juzgado federal.
El incidente no terminó allí: desde otro rancho, a unos 50 metros, un hombre
comenzó a insultar a los policías y, según la versión oficial, cuando quisieron identificarlo se
metió en su casa. En la vivienda hallaron 50 gramos de cocaína y 200 de marihuana. Allí Gastón B.,
de 18 años, quedó detenido e imputado en una causa federal.