Las heridas siguen abiertas en los pasillos del barrio La Cerámica después de
los últimos dos crímenes ocurridos en esa humilde zona del noroeste rosarino, hechos que hasta el
momento sólo tienen acusaciones cruzadas pero ningún detenido y mucho menos imputados. En ese
marco, Raquel V. salió a defender a sus hijos de los dichos que los vinculan con el asesinato de un
menor de 14 años cometido el viernes 19 de diciembre último en el cruce de Cruz Chica y Valle
Hermoso. Y también desnudó con sus palabras una vieja rivalidad entre familias del barrio.
"Mis hijos son totalmente ajenos al crimen de Pablo Sánchez, no están
involucrados con el tema de la droga y mucho menos son soldaditos de algún vendedor", sostuvo
Raquel para defender a Leonardo y Darío, sus dos hijos varones, de las imputaciones que les hizo la
familia del adolescente asesinado.
La historia reciente empezó el 2 de noviembre. Aquel domingo jugaban Rosario
Central y Newell’s Old Boys y la ciudad estaba semiparalizada. Maximiliano Alfredo Romero, de
23 años, se encontraba en su vivienda de Pasaje 1 y Anchoris junto a un amigo cuando alguien golpeó
a la puerta. El compañero de Romero salió y enseguida fue retenido por uno de los dos muchachos que
habían llegado al lugar. El otro ingresó a la casa y, tras una breve discusión, baleó a
Maximiliano, quien murió horas más tarde en el hospital Centenario.
Entonces, fuentes policiales dijeron que "víctima y victimario estaban
enfrentados por viejas rencillas y ya se habían peleado fiero" la semana anterior al homicidio.
Asimismo, el vocero dijo que Romero tenía un prontuario abierto por delitos contra la propiedad y
que sus atacantes, quienes serían hermanos del menor Pablo Sánchez, también cuentan con
antecedentes penales.
En este sentido, Raquel V. ratificó ante la LaCapital esa hipótesis. "Los
hermanos de Pablito Sánchez estuvieron vinculados al crimen de Romero pero este muchacho, que pudo
haber cometido errores tiempo atrás, ahora estaba trabajando, lejos de todos los problemas e
incluso iba a la iglesia y predicaba".
La venganza. Lo cierto es que tras la muerte de Maximiliano, la policía esperó
que llegara el vuelto. Y eso no se hizo esperar. El 19 de diciembre Pablo Sánchez cayó bajo las
balas que le disparó uno de los ocupantes de una moto. Fue muy cerca de su casa, en la esquina de
Cruz Chica y Valle Hermoso. En la guardia del hospital Alberdi, donde intentaron revivir al menor,
familiares de Pablito acusaron a los hermanos Leonardo y Darío V. por el crimen y dijeron que eran
allegados a Maximiliano Romero.
Sin embargo, Mónica Sánchez, hermana de Pablito, dijo a este diario que ninguno
de sus hermanos "estuvo vinculado con un crimen" y manifestó que el asesinato del chico "no fue por
ninguna venganza" sino por caminar en una zona del barrio "dominada por una familia de vendedores
de drogas y delincuentes". Incluso, ratificaron que "hay muchos testigos que vieron a los hermanos
Leonardo y Darío V. cuando pasaron en una moto y le dispararon" a Pablo.
En ese sentido, Sánchez comentó que una zona de La Cerámica está "dominada por
una banda dirigida por una mujer que ya estuvo presa en Ezeiza por vender drogas y tiene muchos
soldaditos que andan armados robándole a todo el mundo" y que precisamente dos de esos chicos
fueron quienes asesinaron a Pablo.
El otro lado. Pero para la madre de Leonardo y Darío la historia es distinta. La
mujer dijo que sus hijos no estaban en Rosario el día que asesinaron a Sánchez: "Se habían ido a lo
de un tío a Buenos Aires", aclaró. Y tiró con artillería pesada contra los Sánchez. "Todos tienen
antecedentes y el chico muerto (Pablito) había sido denunciado por una violación un par de días
antes de la muerte" en la seccional 34ª. Además, Raquel contó que el mismo Pablo, el 26 de
septiembre, había baleado a su hijo Darío por "una cuestión de chicas" y que estuvo más de dos
semanas internado en el Hospital de Emergencias. Sobre el hecho, ellos no hicieron la denuncia "por
miedo a las represalias".
Finalmente, esta mujer que tiene 4 hijos y que planteó irse del barrio para
asegurar la tranquilidad de su familia, pidió que "se investigue todo lo que pasa en el barrio,
porque la bronca que había contra Pablito era muy grande y, aunque eso no justifica su muerte
tampoco implica que acusen a cualquiera, porque mis hijos no son soldaditos de nadie, nunca
tuvieron denuncias en su contra y mucho menos estuvieron presos".
Más allá de los dimes y diretes, lo cierto es que ninguno de los crímenes se ha
resuelto para la policía y la Justicia. Se hicieron al menos diez allanamientos en busca de los
sospechosos y las armas homicidas pero nada se encontró. Por eso, hasta el momento sólo hay
acusaciones cruzadas y muchos nombres que dan vueltas no sólo en los partes de los investigadores
de la Brigada de Homicidios y la comisaría 30ª sino también en los estrechos pasillos de La
Cerámica.