Existen diversas teorías sobre el origen de la palabra gaucho. Para algunos proviene del vocablo quichua "huachu" que significa huérfano, vagabundo. Para otros vendría de "chaucho", modificación española de "chaouch" que en árabe significa arreador de animales. En la Banda Oriental fueron llamados "gauderios", de origen portugués (del latín gaudeamus = alegrémonos) equivalente a "gozadores" en el sentido de vivir sin sujeción. De aquel nombre, poco usado en Argentina, Pablo Groussac deriva el diminutivo "gaudúcho", por contracción "gaúcho" y por diptongación "gaucho". Ricardo Rojas señala la derivación "gaudeo-gauzo-gaucho". Es difícil reducir su aspecto en una sola y única figura; encasillarlo en un tipo humano determinado, fijo. Se fue adaptando al medio, acomodando a la historia del país, desde el gaucho de los primeros tiempos (una carta de Hernandarias del 18 de julio de 1617 es la primera prueba documental de su existencia) pasando por el gaucho de las guerras de la independencia y las luchas civiles (de las cuales fue su nervio) el de la reorganización nacional, hasta el resero y el peón de estancia. No se puede condensar en una carta todo lo que se ha dicho, escrito, dibujado, pintado y filmado sobre este personaje. En el "Día Nacional del Gaucho" (6 de diciembre) rescato la figura romántica y legendaria, fundida con el alma de la tierra. Al gaucho como personificación de la pampa; libre, dueño de su destino, viril, impulsivo, bravío, díscolo, indómito, sediento de justicia, con su código de honor, hospitalario, generoso y noble. Aquél que bajo una apariencia áspera y dura escondía una fina sensibilidad, con predisposición para el canto, y un corazón bondadoso.
































