Entre los derechos del niño figura el siguiente: "Los niños no pueden ser explotados, ni vendidos, ni deben trabajar desde muy pequeños o en cualquier actividad que los perjudique de alguna manera". El fin de semana largo estuvimos en Concordia, donde en su costanera se hacía un acto (cantaban Víctor Heredia y Roxana Carabajal) para erradicar el trabajo y explotación de los niños. Lo llamativo fue que mientras esperábamos su actuación, vimos chicos vendiendo alfajores que ante la mirada inexpresiva de los organizadores, seguían con su actividad. En el centro deambulan niños de poca edad ofreciendo para la venta una revista llamada "Angel de lata", que aparentemente tiene un buen propósito: reinsertar a los niños en talleres. Nuevamente llamativo, que en la primera página aclara: "Valor 10 pesos, 7.50 pesos pal´que la vende", tornando al chiquillo de seis años aproximadamente, sumamente insistente en la venta del ejemplar. Habitualmente, cómo sé cuáles son los destinos de ese dinero que sólo pasa por sus pequeñas manos, solemos con mi marido comprarles comida o él lleva barritas de cereal en su auto para entregarles en las esquinas. Pero este niño siguió insistiendo con la venta. ¿Cómo se prepara a estos pequeños a quienes se los expone a trabajar, desamparados y sometiéndolos a los peligros que genera la calle? El tiempo que destinan a dicha actividad se lo restan a lo que deberían hacer a esa edad: educarse y jugar. ¿No tendría que aclarar la misma revista: prohibida su venta por menores, o la GUM que pasea por las peatonales, confiscar y sancionar a los responsables de esta explotación infantil?































