Corresponde aclarar desde dónde uno se manifiesta. No voté a Macri. No soy un clásico militante político, aunque en alguna etapa lo he sido. No soy un dirigente. Me defino más ajustadamente como un ciudadano defensor de la causa de la producción, y en particular del segmento de negocios pyme. Rogelio Frigerio (h), nuestro recientemente asumido ministro del Interior, economista de profesión, hace unos días, contestó a un planteo de Fedecámaras (entidad gremial empresaria a la que no pertenezco) de retrotraer precios al 30 de noviembre, que "ellos, el gobierno, no son ningunos matones para presionar a los empresarios a que bajen los precios". Yo pregunto. ¿Qué violenta más? Un control a los formadores de precios o licuarle fríamente los ingresos a los asalariados, jubilados, titulares de planes sociales, entre otros. Vaya una empresa a subir en forma injustificada sus precios en Francia, Canadá o los mismos Estados Unidos y aprenderá cómo resulta caro el castigo de un Estado serio y desarrollado. Vaya un fabricante en Francia, con la excusa de diferenciación de producto a incrementar el precio de un producto alimenticio. O en Estados Unidos a acordar precios con su competencia. O en Canadá a subir tasas e impuestos sin rendir cuentas a fortísimas organizaciones de consumidores, tal como se está haciendo en nuestra provincia en este preciso momento. Le pregunto. ¿Qué otra cosa es la inflación; que una indexación sistemática del costo de vida? Por eso, si funcionarios del gobierno que saben muy bien que en Estados Unidos a la ley Sherman (Anti trust) que acaba de cumplir 125 años, se la aplica y se le teme, consideran que en Argentina el control a los mercados son una antigüedad inaplicable y un asalto a la libertad de empresa; los invito a superar posiciones dogmáticas y analizar una alternativa moderna y compensadora. ¿Por qué no aplicar una cláusula gatillo de indexación automática de salarios a partir del 1º de octubre, con los datos del costo de vida del Indec kirchnerista (supuestamente más bajo que la inflación real) y cuando esté listo, continuar haciéndolo con el nuevo índice que surja del equipo que ya está trabajando bajo las órdenes de Todesca? En su momento Canadá y Brasil la usaron y nadie se escandalizó, y el resultado coyuntural fue más que satisfactorio. ¿Cuál es la razón que impediría implementar una medida que preserve el ingreso, el poder de compra, la demanda y el empleo de la gran mayoría de los argentinos? ¿Por qué no aplicar aunque sea transitoriamente (6 meses o un año) una medida que permitiera sobrellevar una devaluación tan brusca como la que sostienen las expectativas que desde hace meses los expertos vienen generando? Macri, Peña, Prat Gay, Frigerio; en estos días están tomando decisiones que marcarán el rumbo y el destino de su gobierno. Deben elegir. O descargan sobre Juan Pueblo el costo de la devaluación; disfrazando un nuevo ajuste ultraconservador, tras la máscara de una versión siglo XXI de capitalismo salvaje de buenos modales, o exploran nuevas vías de resolución, mucho más honestas, mucho más gobernables, pero fundamentalmente mucho más justas y constructivas.



































