Hace dos meses envié una carta a este diario que amablemente me fue publicada. En ella daba cuenta de un hecho de atropello ciudadano que sufrí con los llamados “trapitos”, en calle Oroño al 100, quienes se atribuían el derecho a un pago, desestimando el estacionamiento medido que allí rige, con el pretexto de autoproclamarse amigos de los inspectores de la zona a fin de hacer vista gorda al ticket correspondiente si el pago se le realizaba a ellos. Ahora, la realidad indica que, mas allá de las diarias noticias sobre estos hechos no tenidos en cuenta por la Intendencia ni por quienes ejercen temporariamente las funciones al respecto, se observa la continuidad inescrupulosa de este tipo de acciones, y el evidente manejo de las influencias de quienes son los verdaderos recaudadores de estas clandestinas organizaciones, que al decir de algunos de ellos no temen comentar públicamente que actúan tal y cual son porque son amigos de los inspectores de la zona (me sucedió personalmente). Soy vecino del barrio Pichincha, donde hoy no resulta ninguna pichincha, y mucho menos un derecho ciudadano circular, estacionar, o caminar por las veredas del barrio turístico, según lo proclama la señora intendenta. En la calle Ricchieri desde Córdoba hasta Jujuy, por Ovidio Lagos a la misma altura, tenemos diariamente un sin número “trapitos”, la mayoría de ellos exigiendo pagos con un aroma etílico que desborda los dos metros de aproximación, con un palo en la mano a modo de bastón de mando, cuyo destino da que temer; y de quienes nos salvamos cuándo la somnolencia del brebaje los duerme durante horas creando un paisaje deprimente y lamentable, innumerables estacionamientos en las veredas, como en la calle San Lorenzo entre Ricchieri y Ovidio Lagos, vereda norte, donde existe un negocio importante, y sus empleados y/o propietarios se adueñan de la vereda estacionando no menos de cinco autos diariamente. Ante esta situación le pregunté al personal de Tránsito que actúa en la esquina, si no se podía solucionar el tema o requerir el retiro de dichos autos, a lo que la señora inspectora me contestó que dicha actividad no le es afín a sus funciones. Es evidente que los inspectores no tienen en claro sus funciones, caso contrario no se explica por qué, por ejemplo, en Córdoba y Lagos, esquina noroeste, en el sector de estacionamiento para descarga con horario indicado por cartelería, constantemente se estacionan autos del personal de la agencia de automóviles que funciona en la esquina, o de igual modo en la esquina sureste de Santa Fe y Ricchieri. En mi anterior carta recibí la respuesta a mi correo del concejal Jorge Boasso, quien se solidarizó con mi nota y me comentó en ella que desde el Concejo hacen lo imposible por combatir estos atropellos a los ciudadanos, pero que no encuentran eco en el Ejecutivo.































