Durante más de un año y medio fuimos vecinos linderos de una obra en construcción en la calle Paraguay al 1600. Previa a su iniciación, uno de los profesionales a cargo de la dirección y conducción técnica de la obra acompañado de un escribano dejó constancia fotográfica sobre el estado de la pared medianera y del pasillo de acceso a los dos departamentos internos que constituyen el inmueble. En ese momento proliferaban, y La Capital así lo reflejaba en sus columnas, los reclamos de los vecinos linderos de obras en construcción por los daños ocasionados y elementos de diversos tipos que caían en sus viviendas que, además del perjuicio económico, ponían en riesgo la integridad física de sus moradores. El profesional me anticipó que tratarían de tomar todos los recaudos para evitarnos problemas durante el período de construcción. Yo en ese momento le prometí que si ello ocurría deseaba ser el primer propietario lindero de una obra en construcción que escribiera una carta no para reclamar por daños y molestias sino para reflejar mi experiencia y expresar mi reconocimiento a los profesionales y contratistas de la obra. Y estoy cumpliendo con lo prometido. Debo admitir los ruidos propios e inevitables de una obra, los llamados a gritos de los albañiles siempre dentro del horario establecido y otras molestias menores solucionables. Para proteger nuestro pasillo de acceso cubrieron la parte afectada a la obra con un techo de madera iluminado las 24 horas con energía suministrada desde la obra y los capataces estuvieron siempre pronto para dar respuesta a cualquier inquietud que les planteara. Jamás quedaron de un día para otros materiales en la vereda, que fue mantenida siempre en condiciones aceptables de transitabilidad. Además, al llegar a la altura del segundo piso, corrieron el vallado de obra hasta la línea de edificación quedando totalmente liberada la vereda. Al finalizar la obra, los profesionales y la empresa por propia decisión y con nuestro consentimiento modificaron el anterior acceso a nuestra vivienda afectado por la obra, integrándolo a la fachada del nuevo edificio, cambiaron la puerta reemplazándola por una nueva siguiendo la misma línea, pintaron la totalidad del pasillo incluido las puertas de accesos a ambas viviendas y completaron la nueva vereda hasta nuestro acceso. Por todo ello, deseo expresar mi reconocimiento a los profesionales responsables de la conducción técnica de la obra: los arquitectos Gustavo Araujo y Jorge Gre y a la empresa constructora. A ellos, muchas gracias.


































