Hace algunos meses en Guatemala un Tribunal Supremo le permitió al genocida, general Efraín Ríos Mont esquivar su responsabilidad por los secuestros, desapariciones y asesinatos perpetrados durante décadas. Guatemala junto a la Argentina es el país de Latinoamérica que exhibe la mayor cantidad de muertes por desaparición forzada de personas. Las agencias informativas internacionales señalan que en Alemania, el sistema judicial ha decidido archivar las causas por crímenes de lesa humanidad cometidos por los nazis miembros de las temibles SS (Gestapo). El argumento es la edad avanzada de estos verdugos, que por ejemplo en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, ubicado en territorio polaco, aniquilaron aproximadamente a un millón trecientos mil seres humanos. La coartada judicial-estatal es inadmisible, que los asesinos tengan en el presente entre 88 y 94 años, posibilidad de sobrevivencia que no le otorgaron a sus víctimas es de un sarcasmo y vileza que sólo busca borrar el pasado de horror. Pero el pasado vuelve como la peste destructora puede emerger, según dice Albert Camus en su novela. En diversas latitudes continúan las matanzas, que tienen como blanco predilecto a mujeres y niños o bien a población inerme y desarmada. Como si lo antedicho fuera poco, un caudillo político de estas latitudes plantea garantizar impunidad también por los crímenes del franquismo. En efecto, la dictadura instaurada luego de la Revolución Española (1939-1975) perpetró secuestros, torturas, fusilamientos, enterramientos en fosas comunes y represalias contra los hijos de luchadores sociales revolucionarios y republicanos. El Pacto de la Moncloa, firmado por los partidos políticos incluidos el PSOE y el PCE, dio vía libre para la impunidad de estos acontecimientos horrendos. Podrán pretender borrar las huellas del horror del terrorismo de Estado, pero no podrán jamás borrar la memoria.


































