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Córdoba al 2400: Mató a su ex pareja frente a la puerta de la casa y se quitó la vida

Fue poco después de las 7 de ayer. Ambos tenían 66 años y hace tres meses que habían cortado su relación.  

Miércoles 09 de Octubre de 2013

Norma Hilda Herrera tenía 66 años y ayer, como todos los días de lunes a viernes, salió de su departamento pasadas las 7.20 rumbo a su trabajo en la facultad de Medicina. Cuando abrió la puerta del pasillo donde vivía, ubicado en calle Córdoba 2438, se topó con una imagen familiar. Allí estaba Guillermo Escolari, quien fue su pareja hasta hace tres meses, cuando se distanciaron después de mantener una relación sentimental de un año. Se desconoce si Norma y Guillermo, quien también tenía 66 años, habían pactado un encuentro o si simplemente el esperó en la vereda a que ella saliera. Lo concreto es que Guillermo tenía un revólver calibre 38 Special cargado con seis proyectiles con el que efectuó tres disparos. Con uno mató a Norma y con los otros dos se quitó la vida.

"Este tipo estaba obsesionado. Desde hace tres meses (cuando Norma terminó la relación) que vivía hostigándola en el trabajo y también acá. ¿Si esperábamos algo así? Pensamos que habíamos vuelto a la tranquilidad, pero él estaba jugado. Y con lo que hizo lo demostró. Creo que en estos momentos hay que hablar lo menos posible", contó Gabriel, el yerno de Norma.

"No sabemos si la estaba esperando o habían coordinado una reunión en la puerta del domicilio. Establecimos que fue un homicidio seguido de suicidio y el disparador sería de carácter pasional", explicó ayer en la escena del crimen al comisario Luis Maldonado, jefe de la comisaría 6ª.

Al lado del cuerpo de Escolari quedó un revólver calibre 38 Special marca Taurus, un verdadero "cañón de mano", como lo describió una fuente allegada a la investigación, en manos de la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara.

Caso cerrado. Desde el punto de vista de la investigación, tanto jurídica como policial, el asesinato de Norma Hilda Herrera a manos de Guillermo Escolari, quien posteriormente se suicidó, es caso cerrado. Está claro quién fue la víctima y quién el matador, y como este último se quitó la vida, no hay a quien acusar por el femicidio, tipificación incorporada hace un año en el Código Penal —la ley que determina qué es delito y cuáles son sus penas previstas— mediante el artículo 80 bis. Para lo que se debió haber evitado, ya es tarde.

Norma Herrera trabajaba como no docente en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional Rosario, en Santa Fe al 3100, y vivía junto a una de sus hijas y su yerno en uno de los cinco departamentos del pasillo ubicado en Córdoba 2438, entre Santiago y Pueyrredón, en el área central de Rosario. El pasillo está flanqueado por una panadería y una reconocida inmobiliaria. En la vereda de enfrente, en tanto hay una sucursal del banco Santander Río que tiene cámaras de vigilancia que podrían haber captado el crimen y que, por lo tanto, serán requeridas por los pesquisas para determinar la mecánica del trágico episodio.

Conductas violentas. Tras el feriado del lunes, Herrera se preparó ayer a la mañana para afrontar el comienzo de una nueva semana laboral. Cerca de las 7.20 tomó su manojo de llaves y salió de su casa hacia el trabajo. Afuera, en la vereda, estaba Guillermo Escolari. El hombre era separado, al igual que Norma, y según confiaron los investigadores, no se le conocía un trabajo fijo. "El final del noviazgo se precipitó porque el hombre habría tenido conductas violentas hacia la mujer", dijeron las fuentes.

Una vez que Norma Herrera abrió la puerta se topó con su destino. Escolari estaba en la vereda dispuesto a pasar de la obsesión al crimen. Levantó el revólver a la altura de la cabeza de la víctima y jaló el gatillo. El proyectil calibre 38 Special es compatible con la munición 357 Magnum. Su impacto es demoledor. El plomo impactó en el parietal derecho de la mujer dejándole tatuaje, es decir una quemadura y restos de pólvora, una señal de la corta distancia a la que fue ejecutada. Tras perforarle el cráneo rompió el vidrio del postigo de la puerta y se incrustó en la pared del pasillo. Herrera quedó ahí, al lado de la puerta.

Acto seguido, el hombre se apoyó el caño del arma sobre el maxilar y disparó. El plomo le destruyó la mandíbula, pero no lo mató. Volvió a insistir. Se lo apoyó en la sien derecha y quitó la vida. Su cuerpo quedó a dos metros del de Herrera, sobre la vereda de la inmobiliaria. Después fue un caos hasta que la policía pudo vallar la escena. Triple fila de autos a paso de hombre y peatones curiosos para observar en primera persona y tiempo real cómo muere la gente. En el revólver quedaron tres vainas servidas y tres proyectiles intactos.

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