Cuando a las 20 de mañana comience el toque en el Anfiteatro Municipal del parque Urquiza, y sin perjuicio de otras existentes y de algunas con mayor trayectoria o ya desaparecidas, el Desfile de Murgas expondrá parte de la historia de ese género en Rosario y contorneará el mapa de la murga uruguaya en la ciudad. Precedidas de agrupaciones de bailable estilo porteño como Somos lo que somos y Batumurga de la Sexta, otras murgas como Mal Ejemplo, La Cotorra, Aguantando la pelusa, Los vecinos re contentos, La memoriosa y La Bienvestida, ofrecerán una muestra rosarinizada del estilo coral y teatralizado esculpido en los carnavales de Uruguay.
Potpurris. Si se tiene en cuenta la edad de las murgas podría aseverarse que el estilo uruguayo se consolida en Rosario sorteados los efectos más duros de la crisis de 2001. A la existencia de murgas autogestionadas y promovidas por la Municipalidad en los barrios de la ciudad se suma la devoción de algunos músicos o solo simpatizantes de la tradición carnavalesca uruguaya que, envalentonados por la visita a los teatros Lavardén y La Comedia de grandes exponentes de esa vertiente como Falta y Resto y Agarrate Catalina, despuntan el vicio de formar una chirigota. Tal el nombre de la agrupación coral que con tonos humorísticos aborda la realidad política y social de su entorno.
De aquella primera etapa de aparición de las murgas, sirven de ejemplo Somos lo que somos y Batumurga de la Sexta. De mayo de 2002 y marzo de 2003 son los certificados de nacimiento de estas agrupaciones, la primera de Fisherton en el distrito Noroeste y la otra del barrio que circunda La Siberia en el Centro.
Ambas son típicas murgas porteñas o rioplatenses, con entre 20 y 40 integrantes que bailan y tocan en una batucada. Comúnmente “pasan” frente al público usando trípticos de colores como distinción.
Muy diferente al estilo uruguayo que canta sus 40 sobre un tablado con un fuerte sesgo teatral, vestimenta y maquillaje incluido, y preocupado por el canto y las letras de sus canciones.
Reflejados en ese espejo es que en 2007 aparecen en escena Mal Ejemplo y La Cotorra. Natacha Scherbovsky y Fernando Lingiardi, de un grupo y el otro, se confiesan “fanáticos de la murga uruguaya” y consideran a esa pasión el motor de sus emprendimientos artísticos.
Ambos tienen ya varios carnavales, clubes y viajes sobre el lomo, se ufanan de escribir sus propios repertorios, y mientras ella cree que lo más importante es la valentía de “decir lo que pensamos”, él pone en el acento en una buena producción como método de ofrecer un espectáculo “lo más profesional posible”.
En 2008 y como un espacio de “murga-taller” de música y teatro irrumpe Aguantando la pelusa en el barrio La República del Noroeste de la ciudad. Hoy tiene 22 integrantes que, según el director del coro Javier Aguinaga, trabajan en forma “horizontal. Es un lugar donde uno puede aportar un grano de arena para reflexionar sobre lo que nos pasa”, explica para agregar que también cantan temas propios.
Los vecinos re contentos y La memoriosa se formaron en 2009 en ámbitos diferentes. La primera integra a rosarinos de diferentes barrios que tienen una murga con “un costado social amplio, más allá de lo musical y lo visual”, sostiene Marcelo González. La segunda se constituyó a la sombra de las palmeras del bulevar Oroño frente a los Tribunales Federales durante el juicio a los genocidas de la última dictadura. Según Olga Moyano, se trata de “un colectivo de sobrevivientes del terrorismo de Estado, hijos, nietos y militantes de organismos derechos humanos”. Con entre 15 y 20 integrantes de entre 4 y 74 años, esta murga mayoritariamente compuesta por mujeres combina los estilos uruguayo y porteño.
Finalmente, La Bienvestida hizo base en el barrio Ludueña con gente experimentada en eso de la murga e identificada con “el pueblo trabajador”. Son 11 autodenominados “la selección” que hacen canciones propias y prestadas con una impronta uruguaya.
Cuplés. “Resistir alegremente” es la consigna que guía a la totalidad de las murgas, siempre a través de la crítica presente en sus letras sobre la situación política y social, y de su música pegadiza de bombo, redoblante y platillo.
A la mayoría le gusta mencionar la “rebeldía” y el “humor” que transpira el género. “Queremos decir cosas con una mirada propia, tratando de ser lo más subjetivos posible”, dice González sin rodeos. Sin embargo, Aguinaga es terminante: “Guarda que esto no es joda”.
Aparece además en el horizonte murguero la obligación del aprendizaje. Para Natalia Gamarra de Somos... “se aprende a bailar, pero también a debatir las ideas”. Y refuerza, pintada de naranja, azul y negro, diciendo que la murga sirve para “aprender a liberarse de los prejuicios” pues es “un lugar de encuentro” donde “nos formamos y nos reconocemos como personas”.
Scherbovsky asiente cuando diferencia a Mal Ejemplo de las otras: “La nuestra es una murga que no sabe cantar y se anima a hacerlo. Pero aquí también venimos a aprender”, dice, sin dejar de mencionar la trascendencia de la participación, de lo que ella llama “la cuestión colectiva” entre personas de 8 a 30 años, con algunas “mascotitas” de uno o dos, que también bailan.
Pitu López, de Batumurga, prefiere hablar, al tiempo que se pinta de rojo, amarillo y verde, de “un espacio de creación e investigación” pero sobre todo de “contención” de los chicos con talleres de pintura y dibujo y una escuelita de fútbol.
Por su parte, La memoriosa tiene un norte definido: construir, según Moyano, “un mensaje diferente pidiendo justicia contra el terrorismo de Estado”. Y si bien reconoce que hay “dolor en las palabras” también espera llevarlas “alegremente a los barrios”.
Retirada. Los ensayos de las murgas no se realizan casualmente en clubes como Unión y Fuerza, El Luchador, Federal o Azcuénaga, son una marca de pertenencia o cercanía con ideales más populares.
De allí que todos los referentes hablen de comunión, de “laburar en un proyecto común”, como lo hace Marcelo González de Los vecinos..., quien en pos de identificarse asegura: “Cantamos como los uruguayos, pero tendemos a la rosarinizacion”.
Un sueño que también se hace realidad con el voto de los vecinos, ya que, por ejemplo, la Batumurga recibió en 2006 fondos provenientes del Presupuesto Participativo del distrito Centro.
Y por más que llueva (si es así el espectáculo del Anfiteatro pasará para el lunes a la misma hora), las murgas prometen seguir en la calle o sobre el tablado (La Cotorra, por ejemplo, presentará en breve su nuevo show, cuenta Lingiardi), solamente, como afirma Ramiro González de La Bienvestida, “porque nos gusta la crítica política y queremos opinar”.