Chrysler cerró ayer sus 23 plantas en EEUU, en principio por 30 a 60 días. La
automovilística de Detroit se presentó en quiebra controlada el jueves, luego del rechazo de una
minoría de sus acreedores a aceptar una quita sustancial de la deuda, como propiciaba el gobierno
de Barack Obama. A la vez, firmó un acuerdo con la italiana Fiat, la que, luego del proceso
judicial de quiebra, se quedará con la dirección de Chrysler. Esta es una de las tres grandes
automotrices de EEUU. El ingreso de Fiat es un cambio copernicano en las relaciones entre las
empresas del ramo a nivel mundial. Italia festejó el cambio como una confirmación del rol
industrial del país. Incluso, Fiat va por más: anticipó que desea quedarse con Opel, la rama
alemana de la General Motors.
El proceso de quiebra controlada implica que la firma puede
volver a trabajar, pero sólo por orden del juez, quien está analizando el caso. Ayer Chrysler dio
otro dato demoledor, al comunicar la caída de sus ventas: un 48 por ciento interanual en abril. La
firma vendió 76.682 unidades el mes pasado, pero la caída también afectó a sus competidoras, que
registraron pérdidas similares.
Los abogados de Chrysler pidieron ayer a la Justicia que
permita a la empresa a utilizar una nueva infusión de capital de 4.500 millones de dólares del
Tesoro. En una audiencia ante el Tribunal de Bancarrotas de Manhattan, la abogada de Chrysler,
Corinne Ball, dijo que la empresa podrá presentar hoy una moción para vender prácticamente todos
sus activos a Fiat, en cumplimiento del acuerdo firmado horas antes de que Chrysler se presentara
en tribunales.
La medida es clave en la serie de hechos que debe llevar a
la llamada "bancarrota acelerada y bajo control", auspiciada por el gobierno de Obama. Ball dijo
que los 4.500 millones de dólares y la venta a Fiat representan "un importante salvavidas" para los
distribuidores, proveedores y clientes de Chrysler.
El jueves, Chrysler se vio obligada a declarar la
insolvencia y llevar sus libros a los tribunales: los tenedores del 30% de la deuda de 6.900
millones de dólares no aceptaron una quita. El presidente Obama, que había dado como último plazo
el jueves para presentar un plan de viabilidad, anunció la decisión. Las esperanzas de Chrysler
están depositadas en su alianza con Fiat, que a su vez se sometió a una amplia reestructuración a
principios de la década bajo el mando de su actual líder, Sergio Marchionne. Fiat transferirá su
conocimiento tecnológico en materia de pequeños autos de bajo consumo a las plantas de Chrysler. La
idea es que Chrysler fabrique sus propios pequeños modelos para el mercado norteamericano pero
ahorrándose los años de investigación y desarrollo que hay detrás de esta tecnología. Fiat resulta
ideal porque, de las firmas europeas, es la que más a fondo desarrolló la tecnología del bajo
consumo de combustible, por el alto precio que tiene en Italia.
Pero el hecho de acogerse a la figura de la bancarrota, muy
similar a la del concurso de acreedores, constituye una apuesta, para Chrysler y también para la
industria del automóvil en Estados Unidos. Cuando los tribunales reorganizan empresas pueden
demorarse años — el lapso de 30 a 60 días sólo es tentativo— y los consumidores no
suelen apoyar una marca que se ha declarado en bancarrota.
Va por Opel. En tanto, tras cerrar su alianza con Chrysler, Fiat busca hacer lo
mismo con la alemana Opel, propiedad de la General Motors. Según el jefe de la casa italiana,
Sergio Marchionne, "ahora debemos concentrarnos en Opel. Es nuestro socio perfecto". Se lo dijo al
diario del grupo Fiat, La Stampa. Según Automotive News Europe, Fiat, Chrysler y Opel formarán el
segundo grupo automotor del mundo, después de Toyota.
A inicios de los 2000, Fiat vendió un 20% a la entonces
todopoderosa General Motors, con una opción a la compra del paquete mayoritario. Entonces parecía
inevitable la absorción por el gigante de Detroit de la pequeña Fiat de Turín. Ahora los roles se
invirtieron, para asombro de muchos estadounidenses. l