Infinidad de veces vemos escrito con grandes números el precio de un determinado artículo expresado en pesos y centavos; por ejemplo, $ 79,90. Instintivamente "redondeamos" hacia arriba y pensamos en $ 80,00 y no en $ 79,00; de manera que no entiendo cuál es el atractivo de compra que se pretende infundir con esa estrategia publicitaria; aunque algún secreto debe tener porque hace años que se viene publicitando así. En los folletos de algunos comercios, la mayoría de los precios son expresados con cifras terminadas en 9 y no en 0 (759 y no 760), o en distintos valores de centavos. En esos precios, el 9, el 90 y el 99 son los números estrellas En otros tiempos, cuando los 10 centavos tenían un valor aceptable, los precios terminados en 90 centavos tenían cierta lógica porque con varias moneditas de "diez" podía comprarse algo. Ahora bien; creo que aunque la economía argentina vuelva a otorgarles a los centavos una razonable significación, habría que eliminarlos definitivamente de la práctica monetaria nacional. Es cierto que diez centavos multiplicados por millones de contribuyentes o usuarios significan una suma importante; pero más importante sería esa cantidad si en vez de 10 centavos se tratara de un peso. Es increíble la lectura de algunas cifras tanto privadas como oficiales; por ejemplo, según informó la Sala de Prensa de la Presidencia de la Nación en mayo de 2014, en el primer trimestre de ese año la Anses pagó en concepto de retroactivos $ 680.875.727,06; ¿dónde está la importancia de 6 centavos entre cientos de millones de pesos? Y si usted me preguntara por qué cuestiono el tema de esa pequeña fracción en vez de celebrar tan importante pago, le contestaría que me alegra sobremanera el reconocimiento a los sufridos jubilados, pero quiero hacer notar lo ridícula que resulta la aparición de unos míseros centavos en tan cuantiosa cantidad de pesos. Desaparecido el fantasma de los centavos, se terminaría con el problema de todos los días en los negocios, donde se producen contratiempos cotidianos con los vueltos; contratiempos salvados por la magia del ingenio mercantil, que les dio a los caramelos el impensado rol monetario de dulces y prácticos centavos. Pero ese rol no es "bidireccional", ya que los clientes no pueden usar también los simpáticos caramelos como medio informal de pago. Se produce una situación incómoda cada vez que los empleados de los pequeños comercios (que en general no disponen de posnet), informan que el costo de lo comprado es de equis pesos con 25, 50 o 75 centavos; es que las monedas están pasando por un momento de escasa circulación. Frecuentemente, como resultado de las compras, aparecen absurdos 19, 22 o 27 centavos que al menos que se abone con tarjeta, obligan al conocido recurso del redondeo. En fin, me parece que en un tiempo donde la fantástica tecnología ha simplificado numerosas cuestiones, terminar con los benditos centavos y sus monedas representativas sería agilizar la mecánica contable. Claro que ello debería darse en una economía floreciente y en el marco de una clase social marginada que se halle en pleno resurgimiento económico; porque de lo contrario, 50 centavos serán valiosos para muchas personas.



































