Una Corte del Reino Unido encontró a la policía y otras autoridades corresponsables de la muerte de una mujer que durante diez años fue víctima con sus hijos discapacitados de hostigamiento y amenazas por parte de jóvenes sin que nadie hiciera nada, y que acabó suicidándose.
La mujer se prendió fuego con su hija discapacitada de 18 años en un automóvil. La policía del condado de Leicestershire (centro de Inglaterra) se disculpó públicamente, y una comisión policial independiente anunció que realizará más investigaciones, se precisó ayer.
La británica Fiona Pilkington, madre soltera de 38 años, se suicidó en octubre de 2007 y mató también a su hija Francecca porque no soportaba más las presiones. Previamente había llamado en siete años 33 veces a la policía, sin que nadie le auxiliase.
Su casa era atacada con huevos y piedras, su hijo fue golpeado con una barra de hierro y su hija humillada. Durante diez años, los jóvenes del vecindario acosaron a Fiona y a sus hijos. El motivo: su hija sufría un trastorno de desarrollo y su hijo era disléxico.
Finalmente, la mujer no aguantó más y se prendió fuego con su hija discapacitada de 18 años en un automóvil.
Según constató el lunes último el jurado, la policía nunca intercambió información con el Ayuntamiento, donde la mujer también había denunciado el acoso, de modo que nadie respondió a sus llamadas desesperadas.
Desamparo. El revuelo en los medios y entre los políticos es grande. Si bien la policía de Leicestershire se disculpó, la cuestión va más allá de este hecho trágico en particular. Se trata más bien de por qué una sociedad deja "colgada" a una madre soltera con hijos discapacitados. Y de por qué las pandillas juveniles aterrorizan a los vecinos en todo el Reino Unido y las autoridades no intervienen.
El jurado describió la decisión de la madre de acabar con su vida y la de su hija como un "acto definitivo de desesperación". "Aprendí que de lunes a viernes nadie atiende, mi caso parece tener baja prioridad", escribió Pilkington en su diario personal.
La mujer vivía en la localidad de Barwell con su hija y su hijo Anthony. Hasta 16 jóvenes de la misma calle acosaban a la familia; algunos tenían apenas 10 años. "Francecca estaba frustrada porque no podía salir al jardín sin ser insultada o molestada", explicó su abuela, Pam Cassell.
La joven, de 18 años, tenía la capacidad de una niña de cuatro años, apenas podía hablar y no podía bañarse ni vestirse sola. En una ocasión una turba de chicos de 16 años le exigió a Francecca sacarse el camisón.
El hermano de la joven, Anthony, que hoy día tiene 19 años y padece una fuerte dislexia, fue amenazado con un cuchillo y humillado también. La misma madre tenía dificultades para el aprendizaje y al parecer pensamientos suicidas bastante seguido.
Incluso el día en que se mató con su hija, Pilkington había alarmado a la policía por el acoso. Sin embargo, ésta sólo le dijo que los ignorara. "Estaba desesperada, nadie hacía nada, nadie le ayudaba, ni la policía, ni la oficina social, ni los vecinos", dijo Cassell.
El ministro del Interior, Alan Johnson, indicó que las autoridades "tienen que aprender" de lo ocurrido. "Es una tragedia", apostrofó. (DPA)
Condena oficial
El primer ministro británico, Gordon Brown, prometió ayer que se procederá con más dureza contra los “neighbours from hell”, es decir, los vecinos que parecen enviados desde el mismo infierno. Si bien el gobierno británico ya introdujo en 1998 medidas más estrictas contra el comportamiento asocial, estas suelen quedar sin efecto. “El comportamiento asocial en el vecindario” llevó a un final “realmente espantoso y trágico”, dijo Brown.