Camino al Bicentenario, lo que urge en el pueblo argentino es trabajar en la reeducación. Y cuando digo en la reeducación, me refiero a recuperar la buena educación que tradicionalmente recibimos, y que los gobiernos menemistas y kirchneristas avasallaron, trastornaron e hicieron desaparecer. Valores tales como justicia, verdad, laboriosidad, responsabilidad, pudor, patriotismo, respeto y sociabilidad, por sólo citar unos cuantos, hoy desaparecieron de la mirada de nuestra gente. Y pagamos un caro precio por su ausencia. El daño que hizo el kirchnerismo, especialmente, es muy difícil de reparar. Porque en base a su ideología creó un falso elitismo, una "clase" única llamada kirchnerista, cuyos convocados a participar de la misma no vieron que ésta se asienta en el más férreo egoísmo y en los antivalores que degradan a los hombres hasta el punto de volverlos miserables. Sabiendo que el hombre en su estado natural es sujeto de descontrol, los k les brindaron a sus seguidores todos los recursos necesarios para que vivan descontrolados, ya que de esta manera no los andarían curioseando. E incomprensiblemente, muchos adultos adhirieron a esta propuesta y actuaron y siguen actuando aún como lo hacen los adolescentes que, en su necesidad de encontrar una identidad, se dejan arrastrar por ídolos de cualquier especie, por lo que siguen defendiendo la ideología "a muerte". Así, con el aporte estatal de su lado, los vicios nos ganaron por un tiempo considerable el duro combate diario que nos plantea la vida. Y hoy la educación de nuestros hijos está en terapia intensiva y, si no la socorremos, se nos muere; y si se nos muere, se lleva consigo a nuestros hijos. Por eso, debemos sanar urgentemente las heridas. Y reencauzar nuestras vidas: la de nuestros hijos, la de nuestros vecinos, la de nuestros conciudadanos y, en síntesis, la de todos los que habitamos el suelo argentino.

































