La obra “Cambalache”, de Enrique Santos Discépolo del año 1935, fue escrita por un filósofo no renombrado como los grandes de la historia, verbigracia: Séneca, Aristóteles y un poco más cercano Nietzsche. Fue, sin lugar dudas, un verdadero adelantado. Julio Verne también lo fue, pero en otra temática. En cuestiones de comparaciones, viene a cuento la letra de un celebrado tango, “Siga el corso”, de Aieta y Jiménez. El lector se preguntará, ¿por qué este introito? A fuerza de no ser intrigante, tengo que comenzar a develar este alegato que muy viene al caso y se corresponde con la azarosa vida de nosotros, sí, nosotros los ciudadanos de este país, todos y todas, tres palabras muy de moda hoy. Sabido es que, y no puede quedar en penumbras, hemos arribado ya a la calidad de país emergente, pero a paso de tortuga con dificultad para caminar. En el concierto mundial y en el principio piramidal no es desconocido ni sorprendente que estemos rozando la base de la franja ancha. Calamidad, una tras otra, gobiernos de facto muchos, torpes, incapaces, hipócritas y pérfidos al por mayor. Un rosario de fracasos que nos han sumergido en una lamentable y triste realidad. Adiós a los sueños de no sólo argentinos, sino de inmigrantes que otrora llegaban “per fare l’América”, como los itálicos decían. Más allá que por vía de capacidad e ingenio salieron adelante. Incluyo a otras nacionalidades. “Siga el corso” y “Cambalache” en su máxima expresión. Ah, me olvidaba de aquel siniestro personaje que en Roma, más precisamente en el Teatro Colosseo, cuando bajaba el pulgar, emergían muertes seguras: el pan y el circo. Rebelaba ver en emisiones particularmente televisivas, algo en radio y/o periódicos, presentarse políticos convocados por los tristemente abundantes, formadores de opinión, quienes en definitiva son los que más rédito obtienen, despacharse con munición gruesa con los que estaban. Hablaban con un descaro y una impudicia total respecto de lo que harían si acceden al poder. Estamos hartos, particularmente los muy mayores, de escuchar siempre el mismo discurso, unos cambian de lugar, otros ya no están, pero igualmente dejaron el tendal. Se me ocurre pensar si realmente nos verán como ciudadanos incipientes en la maduración como adultos. El país ha caído en bancarrota precisamente por los inadecuados, haber legislado al revés como pretendiendo nadar contra la corriente. Los que estuvieron, con una soberbia rayana en el enanismo mental, pretendiendo hacernos creer que “Alicia en el país de las maravillas” es un mamarracho a comparación de los que decían hacer ellos. Si nos entregan un canasto con residuos, los que estuvieron, no nos devolverán uno con flores precisamente. Mi querido país, esperemos un milagro como los que refiere el Nuevo Testamento, o los más recientes: los sobrevivientes de los Andes, o el de los 33 mineros chilenos en Atacama, en mi opinión, así de simple. Lamentablemente un país tiene que estar por encima de una figura informe en el mapa del concierto mundial, mucho menos depender de un Mandrake o de un Houdini. Quiero cerrar lo expuesto en esta carta con una pregunta: ¿ningún fiscal de la patria (varios) podrá llamar a declarar a los que recientemente dejaron el poder y hoy se muestran con una desfachatez repugnante tratando de poner obstáculos en lugar de cerrar filas y, como mínimo, quedarse calladitos, pero de por vida? El Derecho así lo determina, entonces que sea aplicado con todo el rigor que emanan sus páginas. Si pudieran hablar, ¿que dirían en la actualidad los arquetípicos filósofos griegos? Sí, se responderían, no nos entienden porque hablamos otro idioma. Antonio Gasalla, cuántos libretos harías hoy.
Oscar H. Rodríguez
DNI 6.004.403.
La casa de San Martín y la desidia
Escribo para contarles sobre mi segunda visita a la casa del Libertador José de San Martín en Boulogne Sur Mer, Francia. Fue hace unos días. Esta vez fue distinta a la anterior, llevaba mi libro para dejarlo en la biblioteca personal de él. Sin embargo, la sorpresa que me encontré, fue lamentable: persianas atadas con alambres, paredes descascaradas, el ascensor que no funcionaba, entre otros signos de abandono y desidia, que el último gobierno permitió, en un patrimonio sagrado de todos los argentinos.
Gastón Vigo Gasparotti,
Autor del libro “San Martín: ¿está hoy la patria en peligro?”
A propósito del dengue
Sí desde aquella primera vez, que al humano se le ocurrió pensar que existiría una suerte de avance o progreso de su prole, mediante la tecnificación de los saberes, y le hubiesen profetizado que en pleno siglo XXI comunidades enteras permaneceríamos en vilo por un virus, cuyo vector es un mosquito, automáticamente hubiera renunciado a tal hipótesis. El problema de aquel pretencioso, ya no es tal, sino que es un problema de todos lo que habitamos estas vastas zonas, en donde el Estado ha sido usado para las prebendas y prerrogativas de los que detentan poder, en detrimento de políticas que prevengan este tipo de situaciones, situación que agrava el cuadro ante las adversidades que naturalmente debemos sortear como humanos arrojados a un mundo complejo del cuál sólo somos una parte. Sin embargo, el virus, como lo es la falla en un sistema estandarizado de computadoras en red, como nos ha demostrado Hollywood con sus películas, es una anormalidad, es un evento no previsto o no deseado, la noción de lo virosico, como aquello que escapa a la media, al hastío a lo monótono, es una forma de salvarnos de los términos inhumanos en los cuáles somos sometidos quienes se nos exige obedecer, obcecar y no preguntar, cuestionar o pensar como el poder, o en su deseoso reinado donde nada se piensa, y todo lo que se dice es a partir de ese no pensamiento. El virus, como el dengue, se transforma en un arma de todo un ecosistema, que se defiende de su hostigador.
Hernán López
Comenzó un nuevo año
¡Qué hermoso pretexto para proyectar anhelos, hacer planes, abandonar todo aquello que nos molestó! ¿No lo sienten así? Si bien todo momento es bueno para intentar mejorar las cosas del diario vivir, debemos reconocer que el comienzo de un nuevo año, impulsa. Aun a los más escépticos. Por lo que, aprovechando ese estado de ánimo favorable y generalizado, se me ocurrió que quizás pueda contribuir con alguna sugerencia. La mayoría de los argentinos reconocemos que se ha establecido en la sociedad una brecha entre los llamados K y los anti K, que tanto daño nos hace y que solo los necios niegan. Por ello quiero sugerir algo para ir remediándolo. Por ejemplo, que ese singular aparatito que habita nuestros hogares, cada vez de pulgadas más grandes, modifique algunos programas sin que todo quede supeditado al movimiento compulsivo del dedito cambia canal. Programas como “Intratables”, por citar uno, donde todos critican sin proponer, tiene un sistema que permite que la violencia se entrecruce casi desbordando a su conductor. Risas con sorna, miradas soberbias, frases hirientes, algunas muy groseras, acompañadas de la elevación y el cruce de voces, logran que el televidente (K o anti K), se ponga mal y pocas veces llegue a tiempo para evitar la angustia, la bronca o el malestar que profundiza la brecha. Ese programa no es el único. Sólo se me ocurre como el primero de la larga lista de ciclos, integrados por algunos personajes de jerarquía que además reciben visitas importantes, a los que se debería encauzar por la ruta del respeto y la construcción en el disenso que tanto necesitamos los argentinos.
Edith Michelotti
A Mauricio Macri y Sergio Massa
Qué buena actitud de condescendencia la del señor presidente de los argentinos Mauricio Macri, invitando a Sergio Massa a la cumbre de Davos. Demostración de que sin tanta necesidad de antagonismo, a la hora de representar al país se ponen de acuerdo y hacen un frente común aun siendo opositores. Celebro esta manifestación democrática y de civilidad de ambos. No queda más que imitar sus gestos.
Roberto Rubén Sánchez
DNI 8.634.022
No creer en los adversarios
Es lamentable que el señor presidente siga creyendo en sus adversarios políticos, como Sergio Massa y Daniel Scioli. Su bondad y su don de gente no son apropiados para que los lleve de gira. Debe entender el presidente que está remando con individuos sumamente ambiciosos y lo demostraron en la contienda presidencial. Los votantes somos los artífices de su acceso a tan alto cargo y le pedimos que “gobierne” sin tenderles la mano a sujetos que se la mordieron premeditadamente ensuciando su campaña para que su fracaso fuera catastrófico y que no pudiera levantarse jamás. Su triunfo es nuestro, no el suyo, y nos costó lágrimas y mucha angustia porque nos aterraba la idea de que el cambio era tan sólo una esperanza y no la realidad. Usted señor presidente no tiene idea de lo que utilizamos la red convenciendo a miles de contactos que votaran el cambio, y lo conseguimos. Debe entender también todo lo que tuvo que soportar la hoy gobernadora María Eugenia Vidal, sola frente a un hecho político que es la fuga de tres presidiarios de alto voltaje criminalísitico. Se lo plantaron fogoneando desde lugares ocupados por el kirchnerismo y esto lo sabe usted perfectamente. Recuerde presidente que hay un pueblo muy sufrido que lo sigue de cerca. ¡No nos defraude!
Ana María Boschetto
DNI 11.540.183
Desagradable sorpresa
Una desagradable sorpresa fue leer en medios periodísticos que el ex jefe de la Afip Ricardo Echegaray asumió como presidente de la Auditoría General de la Nación, función que ya le había asignado la ex presidenta. El trámite en cuestión ha sido ágil y rápido, firmado por integrantes del gobierno de Mauricio Macri. Un golpe muy bajo y contundente, jamás esperado. Un sujeto que posee unas 23 causas en su contra que seguro descansan acunadas en los escritorios de algunos juzgados amigos que le rinden culto, vaya a saber con qué “trueque”. La mafia camporista acecha y se sitúa en lugares estratégicos; se mueve e inventa cómo dañar a la sociedad votante del PRO, que es mayoría y sigue aumentando con la favorable opinión de muchos peronistas desilusionados por el desgobierno kirchnerista que, aun estando lejos, maneja los hilos de la marioneta destructiva. La ciudadanía está interesada porque ha perdido el miedo y sabe que aún tenemos brillantes y eficientes funcionarios y congresales que harán las denuncias pertinentes para que cada corrupto sea juzgado. No se gobierna dándoles altos cargos a los delincuentes, sean de un partido u otro. Sólo la Justicia que quiera recuperar su razón de existir podrá poner fin a tanta delincuencia que creyéndose ganadores, en estas circunstancias, alardean y alborotan festejando la inmoralidad.
Maria Emilia Farros
DNI 14.784.332