En la noche del lunes 21 de mayo, siendo las 20.30, bajo una lluvia intermitente en la esquina de San Martín y Rioja, y después de haber esperado una hora un colectivo con rampa (que jamás vino) junto a mi hermana, decidimos tomar un taxi. Ahí fue cuando el señor taxista (mientras hacía que limpiaba la unidad porque me vio venir) le preguntamos si me llevaba y mirándome de reojo me dijo "no tengo baúl". Algo extrañado le dije ¿y eso qué es?, ya que el auto era un Fiat Siena, chapa RA 3523, señalándole el gran baúl que posee dicho vehículo. El señor, un muchacho joven, volvió a repetirme "no tengo baúl". Allí fue donde me puse mal y comencé a pedirle explicaciones del por qué no me quería llevar. Sin darme ningún tipo de explicación y dándome la espalda siguió haciendo lo suyo. Un compañero de este joven se bajó de su vehículo y al ver por la situación que estábamos pasando, accedió a traerme su auto. Era de la misma marca, el mismo tamaño y también con baúl. Este señor sí tuvo voluntad, y que agradezco por no haberme dejado bajo la lluvia esperando que alguno se dignara a llevarnos. Yo pregunto, ¿hasta cuándo seguiremos con estos manoseos los discapacitados? Es lamentable el sistema de transporte público que tenemos en nuestra ciudad, vivimos padeciendo el maltrato y la discriminación día tras día. Yo no sé lo que es salir a dar una vuelta por la costanera, no hay un colectivo con rampa que pueda llevarme hasta allá. ¡Ni hablar de un taxi! Mucho menos un remís. ¿Qué debo hacer, quedarme confinado en mi casa? ¡Basta señores! Desde mi más humilde lugar y como ciudadano de mi querida Rosario le pido a quien corresponda que piense que los discapacitados existimos, que hacen falta más colectivos adaptados (no una villa olímpica), que hacen falta más rampas en las esquinas (no un Puerto de la Música), que hace falta mucho, pero mucho más para que Rosario sí sea la Barcelona argentina.



































