Señor gobernador Antonio Bonfatti, tengo casi 50 años y ya pasé por muchos malos gobiernos y desgobiernos, incluyendo una dictadura feroz, que me hicieron pensar que este país no tenía remedio. Sin embargo aposté a una propuesta de cambio cuando el doctor Hermes Binner se candidateó a gobernador. Redoblé la apuesta cuando usted mismo se propuso para el cargo que actualmente ocupa. Pero después de la lamentable, injusta, inaceptable e inhumana manera en que en su administración trató a mi esposa, estoy absolutamente enojado, frustrado y descreído. Hace poco más de un año la convocaron para ocupar un cargo de sub directora en la Uepa. Más allá del desafío profesional que esta función implicaba ella aceptó por creer que una gestión muy distinta a la justicialista era posible. Pensó, como quien le escribe (que además le dio todo el aliento y el apoyo junto a mis hijos), que lo que el Frente Progresista propone en cuanto a un cambio real en un modelo de Nación y de convivencia era más que un eslogan de campaña, y que valía la pena apuntalarlo con el aporte de tantos años de probada capacidad profesional e integridad moral. Dejó de lado su actividad privada y se abocó de lleno a la tarea para la que fue designada, ya que no conoce otra manera de trabajar que no sea brindarse sin condicionamientos. Pero como "premio" a esa entrega laboral recibió maltrato como persona y como profesional quedó presa de una feroz interna política dentro del organismo, y fue relegada en sus funciones con falsas promesas de "reubicación" en otra dependencia. Quienes la hacen a un lado no pueden esgrimir ninguna cuestión técnica y simplemente le dicen que no cuadra en el grupo. Mi esposa siempre dejó en claro que no le interesaban las internas ni los puestos electorales, pero sí, reitero, una nueva manera de hacer política. Como contrapartida a su generosidad humana y profesional recibió como premio la presión para que renunciara a su función, quedando a la deriva y sin ocupación ni ingresos, mientras todos aquellos que la hicieron a un lado se reubicaron o permanecen en sus puestos. Sinceramente, me siento asqueado por el manoseo, máxime que no lo esperaba de su gente, porque como le dije creí igual que mi esposa que eran distintos, porque es lo que permanentemente propugnan. Lamento saber que me equivoqué, es más de lo mismo, porque no alcanza con sus buenas intenciones, que no dudo las tiene, pero ninguna gestión puede cambiar el estado de cosas si no está convencido hasta el último de sus integrantes.



































