Señor “abogado defensor” de Abonizio: permítame expresarle desde mi agrandado corazón leproso que la carta de su defendido me llenó de sorpresa y bronca. Evidentemente sus irónicas y ofensivas palabras causaron algún otro tipo de sentimientos más profundos en aquellos con los que luego tuvo que reunirse para tratar de explicar su poesía. No es “folclore futbolero”, hablar de “demencia infantil, paranoia, complejos, clase media embanderada”, y otro tipo de expresiones propias de un ancestral resentimiento, potenciado últimamente. Se ha dado cuenta usted que esa “sana y noble ironía”, no fue tal en función del revuelo que causó, salvo que ese haya sido su fin y ambos lo estén disfrutando; o bien querer ser ovacionado por primera vez por miles de personas. Mundo interior complicado “del poeta con un compromiso social enorme”, admirado por usted; en lugar de brindarle una nueva “enseñanza”, le dedica su prosa a través de un medio gráfico a todos los del “fervor ficticio, amor sobreactuado e ingratos de baja estofa”. ¿Le parece que con esto contribuye a la no violencia en estos momentos, que como usted bien dice, existe un grado de intolerancia desmedida? ¿Puede comenzar de esta manera a “generar mecanismos sociales que apunten a la convivencia”? Me parece que su defendido no empieza ese camino de la mejor forma, es más, dudo que alguna vez pueda hacerlo. No es necesario hablar de 30 años de democracia y otro tipo de argumentos; no lo condeno, simplemente pienso que “el gran poeta latinoamericano” se equivocó al expresar públicamente “sin anestesia” el gran rencor y envidia que siente su “corazón canalla”. Para sustentar aún más su defensa, invítelo a su próximo show, agradézcale a su amigo las virtuosas palabras que contribuyen a “la cultura”, y ayudan a mitigar un poco el dolor sufrido en los últimos años.




































