Sobre la carta de Luis Gómez, del pasado 13 de marzo, donde habla sobre la prohibición de modificar las suspensiones de los autos, quiero comentar lo siguiente: hace 30 años que manejo autos, usados y nuevos y de distintas marcas. Autos malos, regulares y buenos. Manejé por calles y rutas, nacionales y extranjeras, en piso seco y mojado, de noche y de día, en rutas buenas o con baches, etcétera. A pesar de ello, nunca necesité una modificación de las suspensiones para llegar a destino. ¿Y saben por qué? Porque no necesito más estabilidad de la que otorga el diseño de fábrica manejando a la velocidad adecuada, la que marca la ley, la que marca el sentido común ante cada situación. Claro, si yo tomo una curva cerrada o doblo en una esquina a alta velocidad, desafiando la fuerza centrífuga (y la seguridad de los demás), entonces sí voy a necesitar un auto que "se agarre". Señor Gómez, afloje con el acelerador y verá cómo podrá manejar sin problemas hasta un carro con caballos.




































