La no renovación de un contrato de alquiler provoca un sentimiento de odiosidad hacia quien lo hace. Hay que preguntarse el porqué de esa decisión del propietario: ¿será porque quiere aumentar el alquiler?, uno se pregunta, o ¿querrá traer a un familiar? o será que esos vecinos-inquilinos son inaguantables insultadores. Pregúntenselo a ustedes mismos. El locatario puede dar su grito de queja a través de las redes sociales o tal vez la televisión, pero hay que considerar que en más de una oportunidad esos medios no chequean la verdadera identidad de quien perversamente sube una información difamante. Por último, para echar a un inquilino hay que ser el dueño de la propiedad. Por ejemplo, en el caso mío yo no tengo más que una, la que vivo y nada más. Fue costeada sólo por mí mediante un crédito del Banquito Ferroviario, en 1971. Desde el 2012 está inscripta como propiedad horizontal en la provincia con el número 176.357 y en la Municipalidad con el expediente 112, número 12. Esta minuciosidad en explicar es para evitar comentarios erróneos que circulan referentes a si soy o no la dueña de la unidad uno de Viamonte 799. Reafirmo no lo soy.



































