“Dicen que los trabajadores somos caros pero con sueldos de pobres”, se quejó Miguel Vivas, secretario general de la CGT Rosario, al analizar lo que entiende como una obsesión del gobierno nacional por destruir al movimiento obrero. La central obrera se normalizó en diciembre luego de más de una década de inactividad y el titular del sindicato de la alimentación fue electo por sus pares para conducirla en medio de un complejo proceso de unidad. El escenario de caída de empleo, pérdida salarial y ofensiva contra los sindicatos “aceleró los tiempos y empujó a dejar de lado diferencias internas”, recordó. La reforma laboral que impulsa el gobierno es la madre de las batallas. “Es muy perjudicial para el trabajador porque lo va a dejar indefenso”, advirtió, al tiempo que puso en duda que sea una prioridad para los empresarios. “En las paritarias, la queja que escucho es que no venden”, apuntó. El dirigente enfatizó que “mucha gente la está pasando mal” y advirtió sobre la posibilidad de “un gran conflicto” si no hay un cambio de actitud por parte del gobierno nacional. “No es bueno pero nos están arrastrando a eso”, subrayó. Igual, tomó distancia de la marcha convocada por un conjunto de gremios el 10 de febrero en la ciudad. “Luchamos por el mismo motivo pero tenemos que ser orgánicos, si cada cual hace algo por su cuenta la unidad se debilita”, dijo.
¿Cómo evalúa los primeros pasos de la nueva CGT Rosario?
Después de 14 años la CGT Rosario volvió a funcionar y eso es muy importante para el movimiento obrero. No hablaba bien de nosotros que la ciudad no tuviera una central. Los momentos que estamos pasando hicieron posible la unidad. Es muy importante para hacerle frente a este proyecto de reforma laboral que impulsa el gobierno y que es muy perjudicial para el trabajador porque lo va a dejar indefenso. Quita derechos y apunta a la destrucción de los sindicatos, sacando la herramienta para hacer reclamos, como los paros o las asambleas en las empresas. Frente a esto, hay que fortalecernos y ponernos de acuerdo. Llevará un tiempo porque no todos pensamos igual pero tenemos que entender que hay mucha gente pasándola mal y debemos ser responsables. Como CGT somos responsables de todos los trabajadores y de las industrias de nuestras ramas. El gobierno nacional está muy cerrado, lo cual hace difícil el diálogo y puede terminar en conflictos. No es bueno, pero a veces no queda otra alternativa.
¿El espanto ayudó a juntar voluntades para la normalización?
Hizo que muchos dirigentes reaccionaran y se dieran cuenta de lo importante que era normalizar la CGT. A mí me sorprendió mi designación porque hay gremios y secretarios más importantes en Rosario. Pero vengo trabajando hace años y dentro del gremio de la alimentación veníamos haciendo muchos cambios. Tengo buena relación tanto en Rosario como en Buenos Aires, y eso hizo que se me designe como secretario general, una responsabilidad que asumo tratando de hacerlo lo mejor posible.
La rama de alimentación es una de las más importantes de la industria. ¿Qué escenario atraviesa por estos días?
El sector de la alimentación es el último que cae porque la gente necesita comer. Sin embargo, hoy estamos sintiendo la crisis. Hay gremios muy perjudicados, como el textil, el calzado y metalúrgico, que perdieron muchas fuentes de trabajo y vieron cerrar muchas pymes. Nosotros todavía no estamos así pero vemos el problema por la entrada de alimentos importados, que perjudica mucho a la industria nacional, como en el caso de masitas, fideos y conserveras. Se recortaron horas extras, se adelantaron vacaciones y hay retiros voluntarios. Son 3.500 los trabajadores del sector en Rosario. La importación está haciendo un desastre en todas las industrias.
La nueva CGT Rosario debutó en la calle con la marcha de diciembre, cuando se intentó tratar la reforma laboral en el Senado. ¿Mantuvieron contactos con el sector político?
Sí, mantuvimos reuniones con algunos bloques e incluso hay pendiente un encuentro con el gobierno provincial. Estamos abiertos al diálogo y ojalá el gobierno nacional entienda por qué no estamos de acuerdo con esta mal llamada modernización laboral, que no tiene nada de moderna. Solo busca sacar derechos y atacar a los gremios. Incluso los empresarios con los que hablo están preocupados por algunos puntos. En estos dos años solo se generó informalidad. Perdimos 270.000 trabajadores y cerraron unas 20.000 empresas. Y no fue por una ley sino por malas decisiones de política económica. Hay un gran problema social. Nos pintan como si los sindicatos fuéramos el problema y no ven lo que hacemos en la contención social, en la atención de la salud. El gobierno debería preocuparse por generar trabajo. Si la industria desaparece, desaparecen los puestos de trabajo.
¿Cuál es el límite en el camino del diálogo?
Se llegará hasta donde nos permitan. Si hay que hacer una modernización por la inteligencia artificial, las nuevas maquinarias o la robotización, estamos dispuestos a hablarlo en los convenios. Pero de eso no se está hablando en este proyecto. Sí de cosas que perjudican al trabajador. ¿Cómo va a organizar su vida si mañana trabaja doce horas y le dicen que le devuelven las horas después? ¿Van a pagar con especies? ¿Va a volver a trabajar de sol a sol y perder la conquista de la jornada de ocho horas, por la que murió gente?. También quieren desfinanciar a la Ansés con el fondo de indemnizaciones y a las obras sociales, que ya están quebradas porque los aportes son menores debido a que pisaron las paritarias. El gobierno ordena que los aumentos no superen el 1% cuando los servicios aumentaron 400% ó 500%. Los alimentos suben todos los meses y la inflación que informan es mentira. El poder adquisitivo se redujo y por eso los empresarios no venden. Si el trabajador no gana, no hay consumo interno.
¿La reforma laboral impacta también en el modelo económico?
Desde que arrancó, este gobierno quiere destruir a quien puede defender a los trabajadores. El ataque es al movimiento obrero. Dicen que los trabajadores somos caros pero somos caros con sueldos de pobres o indigentes. Para no ser pobre hay que ganar $ 1,4 millones y hay trabajadores ganando $ 800.000. Como paritario, veo que las empresas se quejan de la caída de ventas y de la importación. También se ven limitadas por las órdenes del Ministerio de Trabajo de pisar aumentos. Ningún convenio de los últimos tiempos fue homologado. El año pasado perdimos 11% de poder adquisitivo. El trabajador solo quiere trabajar y tener un sueldo digno. Quiere llegar a fin de mes pero hoy no llega ni al día 20.
¿Este será un año de conflictos?
Sí, porque no hay ninguna predisposición del gobierno para solucionar nada. Al contrario, ajustan sobre el que menos tiene. No es bueno crear conflictos, pero nos están arrastrando a eso. Lo vemos los miércoles con los jubilados, mientras crece la inseguridad hay mucha policía para reprimir a gente que reclama medicamentos o una jubilación digna. Estamos retrocediendo y eso nos llevará a un conflicto grave.
El miércoles se reunieron unos 80 gremios en la UOM y anunciaron marchas en Córdoba y en Rosario. ¿Cómo ve eso la CGT?
Me preocupa que pueda debilitar a la central. El reclamo es legítimo, todos estamos en contra de la reforma laboral, pero tenemos que ser orgánicos. Vamos a hacer todo lo que la CGT nacional nos pida. Si hay que movilizar o hacer un paro en defensa de los trabajadores, lo haremos sin duda. El motivo de lucha es el mismo pero hay que mantener la unidad, que se debilita si cada cual hace algo por su cuenta.
¿Participarán de la marcha del 10 de febrero en Rosario?
Hoy no. Si se decide en el orden nacional participar, lo haremos. Hay negociaciones y eso no significa ser débil. Queremos explicar por qué decimos no a la reforma que están haciendo dos o tres abogados de multinacionales para beneficio propio. La Nación aprieta a los gobernadores con la coparticipación para que voten leyes y muchos de los nuestros ceden sin mirar cómo perjudican a la gente. Esto debería involucrar a un conjunto político, gremial y empresarial. Si llega el momento y vemos que no nos escuchan, se tomarán medidas. No vamos a aceptar nada que vaya en contra del trabajador.