Una nueva investigación de la agencia de noticias Reuters asegura haber revelado la identidad de Banksy, el misterioso artista que a través del arte callejero manifiesta sus críticas políticas y sociales.

El artista callejero, crítico de cuestiones políticas y sociales, siempre eligió mantenerse en el anonimato. Pero ahora tendría un nombre y una cara
Una nueva investigación de la agencia de noticias Reuters asegura haber revelado la identidad de Banksy, el misterioso artista que a través del arte callejero manifiesta sus críticas políticas y sociales.
Aparecido en la escena artística hace más de tres décadas, Banksy eligió mantenerse en el anonimato y no hay certezas sobre su vida privada, más allá de que probablemente sea británico, nacido en Bristol. Pero ahora Reuters asegura que el artista callejero más famoso del mundo tiene un nombre y un rostro.
La investigación de Simon Gardner, James Pearson y Blake Morrison concluye que Banksy es Robin Gunningham, un artista de grafiti nacido en Bristol en 1973 que posteriormente cambió su nombre a David Jones, uno de los nombres más comunes en el Reino Unido.
“Es uno de los nombres más populares en Gran Bretaña, tan común que lo ayuda a pasar desapercibido”, afirma el informe.
Entre las evidencias cruciales que encontró Reuters para señalar a Gunningham hay registros de arresto en Nueva York del año 2000, donde Gunningham fue detenido por vandalizar un cartel publicitario de Marc Jacobs.
También fue rastreado en Ucrania, donde registros de inmigración muestran que un “David Jones”, con la misma fecha de nacimiento que Gunningham, ingresó a Ucrania en octubre de 2022, coincidiendo exactamente con la aparición de sus famosos murales en zonas de guerra.
Investigaciones previas ya habían encontrado un dominio web de Banksy (L3ANSKY.COM) registrado a nombre de Gunningham en 2009.
Esta no es la primera vez que Robin Gunningham es señalado como Banksy. Pero aquel reportaje del Mail on Sunday de 2008 no incluía tantas pruebas forenses para llegar a sus conclusiones.
Mark Stephens, abogado de Banksy, dijo que el artista “no acepta que muchos de los detalles que figuran en la investigación sean correctos”.
También cuestionó la utilidad de la investigación, afirmando que Banksy “ha sido objeto de un comportamiento obsesivo, amenazante y extremista”, y que mantener su verdadera identidad en secreto es una necesidad.
“Trabajar de forma anónima o con un seudónimo sirve a intereses sociales vitales. Protege la libertad de expresión al permitir que los creadores digan la verdad al poder sin temor a represalias, censura o persecución, especialmente cuando abordan temas delicados como la política, la religión o la justicia social”, argumentó.
Reuters remarcó que decidió difundir la investigación sobre la identidad de Banksy dado que, así como otras personas e instituciones que buscan influir en el discurso social y político, “esté sujeto a escrutinio, rendición de cuentas y a la revelación de su identidad”.
Pocas certezas hay sobre Banksy, y todo lo que se conoce de él son sus obras. Tiene en el esténcil su técnica más característica: utiliza plantillas para pintar rápidamente con aerosol sobre muros u objetos urbanos, lo que le permite trabajar con velocidad y precisión, y evitar encontrarse con la Policía.
Siempre cargado de ironía y humor negro, sus imágenes transiten mensajes de sátira política y social, muchas de ellas con críticas al consumismo, la guerra, el control estatal y el capitalismo.
Entre sus obras más famosas están el manifestante encapuchado lanzando un ramo de flores como si fuera una bomba, los dos policías británicos besándose, el Parlamento británico aparece lleno de chimpancés en lugar de diputados, y la niña con el globo rojo, que en 2018 fue reproducida por el propio Banksy para una subasta y, segundos después de que se vendiera por casi un millón y medio de dólares, empezó a sonar una alarma y la obra quedó semidestruida al pasar por una trituradora escondida dentro del marco. La pieza dañada no perdió valor, muy por el contrario: en 2021 se volvió a subastar en Sotheby’s, esta vez por más de 20 millones de dólares.



Por Martín Stoianovich
