Economía

Los bonos verdes buscan afianzarse en el mercado

Una tendencia global que crece y que las provincias pueden aprovechar.

Domingo 03 de Marzo de 2019

Los bonos verdes nacieron en 2007, cuando el Banco Europeo de Inversiones (BEI) lanzó la primera emisión para financiar proyectos ambientalmente responsables. A partir de esa fecha, muchos organismos multilaterales de crédito (tales como el BID, la CAF, el IFC), bancos públicos y privados así como empresas han incurrido en ese mercado para financiarse, rompiendo record de emisiones en los último años. "La novedad es que, de manera creciente, organismos estatales, incluyendo provincias y municipios, están emitiendo este tipo de bonos, con gran aceptación por parte de los inversores", explica Pablo Cortínez, economista y Focal Point de finanzas sustentables de Fundación Vida Silvestre.

Empujados por el Acuerdo de París de 2015, en el que 197 países se comprometieron a luchar contra el cambio climático, entes estatales, pero especialmente provincias y municipios, y en algunos casos de soberanos, han emitido estas herramientas financieras que pueden ser utilizadas para combatir el calentamiento global.

"Un bono verde es un instrumento de deuda, como un bono corporativo para una empresa o un título público para un emisor estatal. La gran diferencia está en el destino: mientras los bonos "marrones" pueden ser utilizados para capital de trabajo, ampliar plantas, cambiar el perfil de la deuda del emisor, etc., en los bonos verdes el use of proceeds está relacionado con una mejora en el ambiente. Si bien las energías renovables y la eficiencia energética concentran más del 50% del destino total, también existen proyectos de infraestructura sustentable, agricultura inteligente, ganadería y forestación, entre otros", explica Cortínez, con años de experiencia tanto en el sell side (venta) como en el buy side (compra) del mercado de capitales.

"Hacia fines de los '90 surgió la posibilidad colocar bonos provinciales, en general con algún colateral, cuyo destino era básicamente mejorar el perfil de la deuda o atender gastos corrientes. Las distintas ventanas del mercado hacen que, cuando emite el soberano, los subsoberanos tengan el camino allanado" explica el economista.

"Es significativo que los primeros bonos verdes de Argentina hayan sido emitidos por provincias. Tanto éstas como los municipios tienen oportunidades de fondeo emitiendo bonos verdes", detalló Cortínez.

Hay dos razones para ello: por un lado, las situaciones fiscales en general son buenas, a diferencia de otras épocas. Por otro lado, existe un creciente número de inversores institucionales del exterior interesados en instrumentos de triple impacto. Muchos argumentan que el contexto financiero actual no es el adecuado, lo cual es una realidad, pero también lo es que, emitir bonos en general, y verdes en particular, no puede realizarse de un momento para el otro. La experiencia demuestra que emitir un bono es un proceso que no se agota en la decisión de salir al mercado, sino que, por ejemplo, requiere aprobaciones legislativas, que no necesariamente se obtienen rápidamente.

Resulta crítico, además, determinar la elegibilidad de los proyectos a financiar, la administración de los fondos, el seguimiento y el reporting de los proyectos, así como los beneficios que reciba el ambiente durante la vida del instrumento.

"Para esto, la opinión de terceras partes creíbles es fundamental", agrega el economista, que tuvo a su cargo la organización y colocación de varios bonos provinciales en un banco privado.


Experiencias provinciales

En la Argentina ya se han realizado tres emisiones de bonos verdes. La Rioja fue pionera en febrero de 2017, con una colocación por u$s 200 millones, a 8 años, con el objetivo de llegar a 300 MW en la generación de energía del Parque Eólico Arauco Sapem. Unos meses después, Jujuy se instaló en la plaza de los "green bonds" con un título por u$s 210 millones para completar la inversión en el parque de energía fotovoltaica situado en el paraje de Cauchari, en plena puna jujeña, apuntando a la generación de 300 MV.

Unos meses atrás, Banco Galicia emitió el primer bono verde de un banco de Argentina, y el Bice hizo lo propio vía el primer Bono Sustentable (verde y social), que fue suscripto por BID Invest.

"Todas estas son excelentes noticias para el mercado local, a las cuales podría sumarse el primer préstamo verde de la mano de Banco Itaú Argentina, que fue suscripto por el IFC. Pero a su vez, es fundamental trabajar en la taxonomía de los bonos verdes, y linkearlos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esas son las dos tendencias que vemos en el mundo y que son ciertamente necesarias para que crezca de manera genuina este incipiente mercado", indicó Cortínez.

Bonos Verdes, Principios de Ecuador, criterios ESG, Protocolo Verde, Indices de Sustentabilidad, Inversiones Responsables, Mesa de Finanzas Sostenibles, entre otros, son conceptos que serán cada vez más familiares para el sector financiero argentino. Desde Fundación Vida Silvestre entienden que un compromiso serio para cuidar el medio ambiente, demanda el involucramiento de un sector financiero activo. Para ello, el compromiso de los altos mandos y la capacitación resultan fundamentales. En el caso de nuestro país, las finanzas sustentables están dando los primeros pasos de un largo recorrido, que el conjunto de los actores debemos consolidar y potenciar.

La Fundación Vida Silvestre Argentina es una organización no gubernamental, de bien público y sin fines de lucro, creada en 1977. Su misión es proponer e implementar soluciones para conservar la naturaleza, promover el uso sustentable de los recursos naturales y una conducta responsable en un contexto de cambio climático. Desde 1988 está asociada y representa en la Argentina a WWF, una de las organizaciones independientes de conservación más grande del mundo, presente en unos 100 países.

Las finanzas sustentables son un concepto amplio, que incluye la incorporación paulatina de criterios ambientales, pero también sociales y de gobernanza (ESG por sus siglas en inglés) a la hora de originar créditos y de realizar inversiones, entre otros.

Desde la entidad contaron que la práctica de finanzas de WWF se materializa en 10 años de experiencia y en más de 60 Focal Points en 100 países. Las finanzas pueden actuar como un acelerador de buenas prácticas ambientales en los diversos sectores productivos, con foco en commodities clave para la conservación y en evitar la deforestación.

Vida Silvestre y WWF entienden que las finanzas son un driver transversal para alcanzar los objetivos de conservación del medio ambiente.

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