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La Asociación Empleados de Comercio (AEC) organizó la presentación del libro.
Así, “se empezó a notar que cada vez más que se amplía la toma de deuda para comprar alimentos, medicamentos o para bienes y servicios que son básicos”, agregó y planteó que, como pasó en la vida de Andrea, antes el endeudamiento se usaba excepcionalmente, por caso, para pagar un cumpleaños, hacer un viaje o comprar un electrodomésticos, mientras que ahora está destinado a “completar ingresos y comprar bienes y servicios básicos”.
Los números del endeudamiento de los hogares se multiplican aceleradamente. Sólo teniendo en cuenta los canales formales y bancarios tradicionales se observa que en septiembre las operaciones con tarjetas de crédito aumentaron un 4,9% respecto a agosto y un 46,7% en términos interanuales. En tanto, los préstamos personales subieron por décima vez consecutiva en el noveno mes del año un 4,6% en septiembre y un 41% en forma interanual, según datos de la consultora First Capital Group.
Estos datos sólo explican una parte del endeudamiento de los hogares vinculados con el trabajo formal. Sin embargo, “hoy la deuda adquirió la capacidad de haberse ampliado y no ser un beneficio posible de ser tomado en sucursales bancarias mediante un recibo sueldo o en función de la estabilidad laboral”, aclaró Gago y recordó cómo en los últimos tiempos “hubo una proliferación de oferentes de créditos, una flexibilización de la arquitectura financiera (en supermercados, cadenas de retail o tarjetas que dan créditos a sola firma) que hacen que la accesibilidad al mundo financiero esté por fuera de las sucursales bancarias y se instale en estaciones de servicio, en los barrios”, aunque a cambio de tasas muy altas.
Algo similar ocurrió en la pandemia con las denominadas fintech o bancas digitales que mediante la tecnología perfilaron a los clientes y ofrecieron créditos en forma rápida a través del celular.
“El avance del sistema financiero sobre las poblaciones excluidas del radar de las finanzas tiene que ver con la capacidad de cobrar más tasas en nombre del riesgo y esa tasa, se contradice con la tasa de repago y el cumplimiento, ya que son los sectores que mayormente cumplen”, dijo Gago y explicó que “esta expansión del sistema financiero nos da la posibilidad de pensar cómo la deuda es capaz de articularse con formas de trabajo más precarias”.
En ese sentido, “la deuda se convierte en un motor interno de la precarización laboral, es un patrón (empleador) oculto que organiza una continuidad o estabilidad de la obligación financiera”, reflexionó Gago.
Es decir se modifica la relación histórica entre trabajo y deuda, que tenían una correlación directa, y la revierte. Ya no hay que tener un trabajo para luego endeudarse, sino que hay que conseguir un nuevo empleo para pagar el endeudamiento previo. Esto representa que “la deuda expande la obligación financiera y compra trabajo a futuro”, agregó Gago y planteó que en general esto se traduce en empleos más precarios, con mayor carga horaria e incluso abre la puerta a las economías ilegales o delictivas, como es la venta de drogas.
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La publicación editada por Tinta Limón reunió el trabajo de colectivos feministas sobre el tema de la deuda.
Por eso, la investigación se planteó como primera pregunta ¿quiénes están endeudadas, en qué situación, qué trabajos hacen, con qué trabajos se paga esa deuda y que implica estar endeudada en esa cotidianeidad?, “un aporte fundamental del feminismo para pensar el endeudamiento”, dijeron las investigadoras.
“Con el fenómeno del endeudamiento durante el macrismo aparecen no sólo trabajadoras endeudadas sino también quienes reciben subsidios y dentro de la economía campesina también”, reflexionó Cavallero ¿Y por qué en femenino?, porque justamente el endeudamiento se coló en los hogares, especialmente pobres, la mayoría de los cuales -como en el caso de Andrea- están encabezados por mujeres, que “son las mejores pagadoras de las deudas y hacen cualquier cosa para pagarlas”, dijeron.
“Si la pobreza superó el 40% en el peor momento de la pandemia, en los hogares monomarentales era de 10 puntos más”, dijo Gago y explicó que allí “se concentra más trabajo reproductivo no pagos y son los hogares más endeudados y más pobres”.
“Empieza a haber una nueva dimensión y es que el endeudamiento tiene relación con mandatos de género porque está dirigido a mujeres de sectores populares que hacen malabares para sostenerse en la crisis”, agregó Cavallero y recordó como un dato elocuente que partir de 2017 empiezan a otorgarse préstamos a beneficiarios de la AUH.
Según datos oficiales, el 97% de las personas beneficiarias de esta asignación son mujeres. “De ese modo, las compañeras iban a cobrar la AUH y les ofrecían deuda en el mismo banco, dando por hecho que ese beneficio no alcanzaba para vivir”, reflexionó la investigadora.
En la pandemia, se hizo más palpable esta caída del ingreso y el retroceso del Estado y el rol de las mujeres para saldar ese bache. “Distintos estudios muestran la toma de deuda para pagar servicios públicos, alquileres y en los barrios populares madres endeudándose para cargar Internet en el teléfono celular (comprar datos) y así lograr que los chicos puedan acceder a las clases virtuales”, detallaron las investigadoras al graficar el concepto de “endeudarse para estudiar”.
En otro plano, también la autonomía financiera, planteada desde las luchas feministas como un paso clave para enfrentar situaciones de violencia, fue “muchas veces contestada con productos financieros”, dijo Gago y planteó que “ahí aparece la relación entre mandato de género y obligaciones financieras”, aseguró.
Esto es así porque en general “las deudas domésticas son deudas de mujeres”, dijo y planteó que a diferencia de la titularidad de los bienes, que es mayoritariamente masculina, la del endeudamiento es femenina. “Hay una asociación entre deuda doméstica y deuda de mujeres”, dijo la investigadora y eso se articula con el mandato de responsabilidad especialmente en momentos de crisis. “Las mujeres están caracterizadas como las que no se van a fugar, las que suman horas de trabajo para pagar deuda, para sostener a sus hijos”, indicó.
También fueron las mujeres las que durante el macrismo engrosaron las estadísticas del mercado de trabajo informal, y las que en pandemia dejaron el empleo formal para abocarse a las tareas de cuidado que no es remunerado.
El origen
Pero también para entender cómo se coló de semejante manera el sobreendeudamiento en la vida cotidiana y se hizo carne esta necesidad de “endeudarse para vivir”, o que la deuda sea un salvataje para resolver la gestión cotidiana, es clave analizar el pasado más reciente.
Ante esto Gago explicó que la primera respuesta es que “ se devaluó el poder adquisitivo del salario y eso hace que ingreso no alcance para la reproducción social de la vida”, lo que explica que hoy “la mayor proporción de la clase trabajadora está debajo de la línea de la pobreza”.
“Esta situación de empobrecimiento posiciona al endeudamiento como una estrategia cotidiana” ya que “resuelve la emergencia y patea para adelante el problema que luego se amplifica”, dijo Gago.
Así se observa que “las finanzas han ido colonizando la reproducción social”, un fenómeno que dijo, “se intensificó con la pandemia”.
Acreedores en lugar de deudoras
El endeudamiento “es un límite para pensar las políticas públicas”, plantearon Gago y Cavallero y por eso consideraron que es clave que el Estado asuma diferentes abordajes. “Primero hay que discutir la economía concentrada que hace que el ingreso alcance menos por la inflación”, dijo Cavallero y al mismo tiempo “los servicios que no deberían estar dolarizados”, indicó como una fórmula para romper esa espiral.
Por otra parte, destacaron la discusión sobre la remuneración del trabajo doméstico y de cuidados, un tema que se visibilizó en la pandemia y se instaló en la agenda pública. Al respecto rescataron el concepto de la directora regional del Ministerio de Trabajo de Santa Fe, Rita Colli, quien participó del encuentro virtual como oyente y señaló que hay que empezar a apuntar al concepto de “las mujeres más como acreedoras que como deudoras” en función de la plusvalía del trabajo doméstico y de cuidados que no se paga.
“Esto exige un reconocimiento del trabajo no remunerado y una reparación (moratoria, cuantificación por años de cuidado) y hay que extenderlo la economía popular”, dijo Cavallero porque “el conjunto de trabajadoras de comedores y merenderos no cobran por ese trabajo”.
La pandemia y el slogan del “quedate en casa” para cuidarte hizo que el hogar funcionara como un refugio, pero “de alto costo”, dijo Gago al señalar que “se incrementó el trabajo reproductivo por el encierro, la virtualización de la educación y la convivencia con poblaciones de riesgo”, indicó.
“Ese incremento del trabajo reproductivo hizo aparecer nuevas deudas que estuvieron íntimamente relacionadas con mujeres que se retiran del mercado laboral y paradójicamente tuvieron más trabajo reproductivo”, concluyó.
La capacitación
La presentación del libro “¿Quién le debe a quién?” se realizó en el marco de un ciclo de capacitación y seminario web sobre el impacto del endeudamiento en las mujeres y diversidades, que lleva adelante la Asociación de Empleados de Comercio (AEC).
“Entendemos que las finanzas tienen que ver con el mundo del trabajo no solo porque las y los trabajadores estamos dentro del sistema financiero como deudores sino porque muchas de las empresas para las que trabajamos forman parte del sistema financiero no bancario y nuestros compañeros y compañeras muchas veces están endeudados con su propio empleador”, dijo Ivana Díaz de AEC, quien junto a Sivlana Crocci (prosecretaria general del gremio y Mailen Tripelli, presentaron la actividad.