Pese a la incertidumbre cambiaria, la actividad económica se mantiene, al menos hasta el momento. Y la demanda de financiamiento para inversión sigue firme. Así lo experimentó el presidente del Bice, Mariano De Miguel, durante la reunión que mantuvo en Rosario con empresarios pymes de Santa Fe. El funcionario que reemplazó a José Ignacio De Mendiguren al frente del Banco Argentino de Desarrollo (en el 30º aniversario cambió el viejo nombre de Inversión y Comercio Exterior - Bice) se reunió con más de 50 representantes de pymes de la región y recorrió empresas.
En diálogo con La Capital señaló que este año prevén desembolsar más de $ 3.000 millones en líneas de crédito en la provincia, a la que destacó por su variedad de sectores y por su nivel de integración productiva. Esta previsión, que más que duplica los desembolsos del año pasado, ya lleva una ejecución en $ 2.600 millones. Y señaló que, contra los pronósticos más pesimistas, la demanda por instrumentos que apalanquen proyectos de inversión no cede. Y enfatizó que esa realidad es más patente en el interior. “Hoy no hay empresas que digan que no tienen demanda, si no existiera una economía que se mueve no habría gente preguntándonos cómo le damos dólares para importar, la pregunta es cómo logramos y que esa restricción de dólares que tiene la Argentina tenga el menor costo posible en materia de esta actividad productiva que ven todos los que salen de fuera de la General Paz”, describió. De formación desarrollista, De Miguel está convencido de que los bancos de desarrollo pueden orientar cualitativamente la inversión. Y en el caso de la oferta del Bice, quiere que su “traje crediticio” esté a medida para la integración productiva y el agregado de valor”.
- Estoy continuando la gestión de José Ignacio de Mendiguren, ahora secretario de Industria, y me encontré con un banco que expresaba su impronta. El banco tuvo dos años de ganancias, cosa que no ocurría porque en 2019 lo habían encontrado con pérdidas. Pero más allá de eso hay un aspecto cualitativo a sostener que está inscripto en su nombre: banco de inversión y comercio. De Mendiguren siempre manifestó que quería que en su espíritu el Bice fuera un banco público de desarrollo. En ocasión de su 30ª aniversario tuvo un cambio de imagen y se buscó mostrar esa intención. (Ahora se denomina Banco Argentino de Desarrollo). La intención es ser una entidad al servicio de la producción, de la agregación de valor, con las implicancias que tiene eso. Los bancos y empresas públicas tienen el desafío de cuidar los fondos de sus accionistas con mayor celo que los privados, porque son fondos del Estado sobre la base de impuestos de todos los argentinos y argentinas. Pero no pueden limitar sus valores, visión y misión al mandato que tiene un banco privado, que es la rentabilidad. No movemos cuantitativamente la inversión pero sí tratamos de orientarla cualitativamente. No movemos la dinámica del comercio exterior, pero sí podemos tratar de orientar nuestras posibilidades de financiamiento a apoyar aquellas empresas que tienen mayor potencial de internacionalización, privilegiando a las pymes.
- ¿Cómo se encuentra el financiamiento en Santa Fe?
- Se está duplicando este año el nivel de desembolsos respecto al pasado. En a última década nos relacionamos con cerca de 500 empresas y dentro de eso, más del 90% son pymes. Porque tenemos que ser un banco que trate de prestarle al que necesita el crédito, para hacer un cambio cualitativo. En Santa Fe el año pasado el financiamiento fue cerca de los $ 1.500 millones y este año llevamos ejecutados $ 2.600 millones y vamos a llegar a los más de $ 3.000 millones. Son números porcentualmente mejores que la dinámica general del país, que en términos generales también está bien. Esto muestra la demanda y avidez de crédito de una provincia con gran carácter productivo.
- ¿Luego de mediados de este año, cuando la situación económica se complicó, cómo evolucionó la demanda de crédito para inversión?
- La demanda sigue estando. Los empresarios y clientes siempre preguntan por el nivel de tasas, obviamente. En ese aspecto estamos en 50% ó 55%, que parecen muy altas desde el punto de vista nominal, pero en el entorno inflacionario argentino -ahora también mundial- siguen siendo relativamente apetitosas y negativas en términos reales. La demanda está sostenida, a nivel nacional y en Santa Fe sobre todo. Incluso nos sorprende que se acelera. Por ejemplo, nuestro crédito promedio de inversión hace un año era de $ 32 ó $ 33 millones de pesos y ahora estamos pasando los $ 100 millones de pesos. Se triplicó. Y sobre todo que se da en la provincia en el segmento pyme. Es decir, hay crédito mayor en empresas pequeñas y medianas. Y lo vemos como una evolución muy favorable. En el último mes, de una línea nueva que largamos a tasa fija a 7 años se nos fueron casi $ 4.000 millones a nivel nacional, y estamos cumpliendo casi el 100% del objetivo dos meses antes de finalizar el año. El banco este año -y aspira hacerlo el año que viene- en términos reales creció un 40% en materia de desembolsos. Esto indica que del otro lado del mostrador hay alguien que está necesitando eso. Ese dato marcaría que la demanda a pesar del contexto, sigue ávida.
- ¿Los clientes siguen siendo de los mismos sectores que unos meses atrás?
- En el caso de Santa Fe predominan sobre todo el sector metalúrgico, alimenticio, pero hay una paleta grande, fundamentalmente industrias. No excluimos a ningún sector, vamos detrás del proyecto y del impacto que éste tiene. La ventaja de Santa Fe es que tiene una diversidad de actividades muy importante. Tenemos desarrollos en cerdos, en sector metalúrgico, también en proyectos complementarios. Una industria alimenta a la otra, son proveedoras entre sí, porque es una provincia que no recurre a proveedores de afuera mayormente, entonces se potencia más y se integran los procesos, algo decisivo en materia de desarrollo.
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De Miguel participó en Rosario de un encuentro con empresarios y clientes del Bice.
- Decías que buscaban orientar cualitativamente la inversión ¿Hacia dónde?
- La idea siempre es agregar valor. Los niveles de desarrollo están muy vinculados con el grado de integración productiva. Es decir, cuando predominan sectores que a su vez están relacionados con otros. Eso está vinculado con salarios más altos y formales, niveles de empleo mejores, dinámicas cualitativas y cualitativas muy superiores, niveles de desarrollo tecnológico y, finalmente difusión de todo eso en el tejido económico y social. A priori, queremos poner el eje de nuestro “traje crediticio” sobre todos aquellos sectores y empresas que agreguen valor y transformen. Por caso, si viene una empresa y nos dice que está pensando en invertir en su fábrica pero a su vez fabricar un motor y eso viene atado a una propuesta de sustitución de importaciones, es algo que al Bice le interesa. Si viene alguien pidiendo un dólar para importar también lo consideramos en la medida que esa empresa tenga un rol productivo y social muy alto. La agregación de valor y la integración productiva son los criterios y el espíritu filosófico que determina hacia dónde queremos orientar nuestro crédito, más allá que el core es inversión y comercio. El tema de la integración es clave. Acá cerca de Rosario hay una empresa vendía bulones, era importadora. Vino al banco y la ayudamos en la transformación, hizo su primera planta, compró la maquinaria y hoy fabrica el producto localmente. Son procesos más largos pero los acompañamos. Nuestra mirada tiene que ver con el desarrollo de la empresa y el crecimiento. Todo lo que el Bice pueda hacer para ayudar a que las empresas entren en el mercado mundial o se consoliden en materia de exportación, es una ayuda para esa empresa pero también para la macroeconomía porque consigue los dólares que necesitamos después para financiar la producción.
- ¿Cuáles son los instrumentos con los que están trabajando actualmente? ¿Debieron modificar algunos a partir de la nueva situación económica?
- Tenemos una paleta grande. Una es la línea de eficiencia energética que tomó mucho protagonismo en la pospandemia destinada al financiamiento para inversión. Tenemos una línea de leasing que muy dinámica, más allá de que era originariamente el "core" del banco. Por ejemplo, leasing para municipios, que en la pandemia se pensó para equipamiento médico, ambulancias o cosas por el estilo; también prefinanciación de exportaciones. Además, sumamos una línea que está muy requerida _por lo menos en término de inquietudes y preguntas de los clientes_ que es la financiación de importaciones, incluso para empresas que no necesariamente exportan. Con esta tratamos de dar un servicio de acceso al mercado de cambio en un momento que hay alguna dificultad para eso. También hay una línea para mujeres líderes. Otra interesante que nos diferencia es la de exportaciones a largo plazo, que permite a los fabricantes de bienes de capital ir al al mundo no solo con su producto, sino también con una financiación. Eso lo hacemos para ponerlos en el mismo escalón que, por ejemplo, los fabricantes de otros países como Brasil. En ese país, durante muchos años y a excepción de lo que otorgó el BNDS, las tasas no eran muy competitivas. Eso contribuyó a la estabilidad del real. Pero justamente ese nivel de tasas no afectó seriamente la dinámica productiva porque ese banco jugó un rol clave de orientación y de acceso al crédito. Esa ecuación es muy interesante y la tienen que lograr todos nuestros países de la región, por un lado que el ahorrista obtenga una tasa jugosa para que coloque activos en pesos y al mismo tiempo, resolver la parte productiva con trajes a medida para las empresas que lo necesitan.
- ¿El BNDS es un modelo a seguir?
- Creo que sí es un modelo. Por supuesto hay algunas cuestiones discutibles. A la distancia y mirando desde afuera, con algunas críticas en términos de en qué grado esa orientación del BNDS benefició a las pequeñas y medianas, creo que tiene cosas muy interesantes. Una de ellas, es por ejemplo, es el “cartao”, que oficia como una lista de productos sobre los que tienen financiamiento y las empresas dicen a qué quieren acceder. Se confecciona en función del criterio de agregación de valor y de producción nacional. Para mí el modelo está en pensar un banco que, sabiendo que no puede mover el amperímetro, sí tiene la capacidad de orientar cualitativamente el crédito y de encontrar casos testigos que muestren hacia dónde ir.
- Mencionabas la línea de financiación de importaciones para acceso al mercado de cambios ¿Cómo opera y en este contexto hay mucha demanda?
- La operatoria no es complicada para aquellas empresas que venían con el pago de importaciones. Nos dejan en garantía los fondos que tenían dispuestos para pagar y el Banco paga al exterior. En ese término se queda con el plazo fijo en caución y con la deuda en dólares para cancelar. Es de esperar que al final del período esto “matchee”. Se hace un análisis de documentación y de plazos de cada una de las facturas, porque en muchos casos las empresas vienen con varias impagas. Los fondos depositados en plazo fijo son en pesos. Hacemos un by pass. Cuando las condiciones macroeconómicas se complicaron y el acceso al mercado de cambios se hizo más dificultoso, el Banco Central pensó un esquema muy interesante y le empezó a pedir a todos los bancos, esencialmente a los públicos, que hagan un esfuerzo para financiar importaciones, que en definitiva es como darle un servicio, descontar un acceso al mercado cambiario. Además de eso descubrimos que algunas tenían dificultades por desconocimiento o falta de estructura. Entonces empezamos a dar asesoramiento, porque es difícil que muchas pymes monten un departamento de comercio exterior para resolver estas cuestiones.
- ¿Cómo están viendo la actividad económica y la demanda de crédito de aquí en adelante?
- Los datos macroeconómicos son un borde sobre el cual operamos. Y lo vemos con optimismo, en función de los hechos recientes que muestran cuestiones muy auspiciosas. Fue muy importante para despejar la incertidumbre que había en el mercado, el canje de la deuda en pesos que tuvo una aceptación muy alta, más del 80% en forma voluntaria. Luego de mitad de año y tras la tensión con respecto a los dólares paralelos, con la asunción de Sergio Massa en el Ministerio de Economía se logró una coyuntura auspiciosa. No pocos analistas hablaban de un dólar a $ 400 a fin de año y hoy se está logrando de a poquito cerrar la brecha bajando el techo, en lugar de subir el piso. Eso genera un circuito muy virtuoso, porque en la medida que esa brecha empieza a bajar, la incertidumbre se va despejando y mejora la expectativa sobre los dólares a futuros y ayuda al Banco Central a recomponer reservas. Esto se suma a lo del dólar soja que fue una medida muy exitosa. Todo ese contexto nos beneficia porque le da un mejor horizonte a nuestros clientes. Por supuesto, de cara al año que viene y en el contexto macroeconómico, puede haber alguna desaceleración, pero eso todavía no ocurrió. De Mendiguren siempre dice algo que a veces se lo interpretaba mal. Señala que están quienes miran el cartel de la city y quienes salen al interior. Es cierto que la city muestra el valor del dólar que es real y condiciona otras variables, pero en el país se observa otra cosa. De hecho, si no existiera una economía que se mueve no habría gente preguntándonos a nosotros cómo le damos dólares para importar. La pregunta es cómo logramos y que esa restricción de dólares que tiene la Argentina tenga el menor costo posible en materia de esta actividad productiva que ven todos los que salen de fuera de la General Paz. Hoy no hay empresas que digan que no tienen demanda. El gran tema tiene que ver con la escasez de dólares, pero también expresan que la empresa se está moviendo. Lo que dicen es “no quiero parar”, con lo cual se están moviendo. Todas las que vienen al banco dicen que están mejor que antes de la pandemia.