El cambio de política económica que llegó con el gobierno de Javier Milei impactó en la distribución del ingreso y, específicamente, en los que dependen del salario, jubilaciones y otras transferencias vinculadas al sistema de protección social. El centro de estudios Fundar analizó esta evolución durante el primer año de la nueva administración. Con alguna excepción, el resultado verificado es el de una caída general con mucha heterogeneidad en las variaciones, en el marco de una orientación que tiene entre sus principales objetivos la “desinstitucionalización” de la puja distributiva.
Los investigadores Sebastian Etchemendy, Federico Pastrana y Joan Manuel Vezzato son los autores del documento en el que se expone la evolución de los ingresos populares, medida a través de dos mecanismos. La comparación de los valores promedio registrados en el período enero y septiembre de 2024 en relación al mismo lapso del año anterior, y la diferencia registrada “punta a punta” entre este mes y noviembre de 2023, antes del inicio de la nueva gestión.
Los autores consideran que la medición promedio permite “una mirada más acorde a los ingresos durante todo el período analizado, dado que es menos sensible a la elección de un mes o corte en particular”. En cambio, los análisis de ingresos que se limitan a comparar los puntos de inicio y final de un determinado período (punta a punta) “no muestran si hubo pérdida o ganancia durante la etapa en cuestión”. Para ejemplificarlo, ponen el caso de las jubilaciones, que actualizadas por fórmula de movilidad crecieron un 10% en comparación con noviembre del 2023 si se lo mide de punta a punta. “Sin embargo, esta mirada esconde que durante ese período hubo una pérdida de ingresos del 25% en comparación con el mismo período del año anterior”, explicaron.
Entre diciembre de 2023 y septiembre de 2024, todos los ingresos considerados, tomados como un promedio, cayeron, a excepción de la Asignación Universal por Hijo. En la comparación “punta a punta” el resultado es similar en términos generales, aunque con matices. “Los ingresos que más se protegen en ese cálculo son los que se actualizan por inflación, como los jubilados y AUH y ciertas paritarias privadas”, señalan.
La pérdida de ingresos
El lugar común es la heterogeneidad. El salario acordado en las paritarias del sector privado registrado, el que mejor zafó, cayó 9% real en promedio. Las negociaciones del sector público, blanco predilecto del ajuste, muestran en cambio una pérdida de 23%. En el ámbito de la seguridad social, la jubilación mínima retrocedió 16%, mientras que los salarios de programas sociales como el de Volver al Trabajo experimentaron recortes reales de 46%. Frente a estos recortes, solo la Asignación Universal por Hijo (AUH), el único “piso de ingresos” que parece reconocer la administración Milei, creció 27% en su poder de compra real.
Como novedad de la etapa, la “desinstitucionalización” de la política de ingresos se expresa en fuertes caídas del salario mínimo, vital y móvil (28%) y de los pisos negociados en las paritarias nacional docente (29%) y de trabajadoras de casas particulares (20%).
Este sesgo profundizó la heterogeneidad que exhiben las variaciones del ingreso popular, según los distintos sectores, fenómeno también atizado por un desplazamiento de régimen económico. “La protección de los puestos de trabajo en un contexto de alta inflación e inestabilidad macroeconómica fue reemplazado por un programa que intenta desacelerar los precios por la vía de un fuerte ajuste monetario y fiscal”, señalaron desde Fundar.
Heterogeneidad
Aun en el sector de trabajadores que mejor sobrevivió al ajuste, el asalariado privado registrado que negocia salarios en paritarias, mostró una notable disparidad. Mientras ramas como alimentación y bancarios lograron reducir la pérdida de poder adquisitivo a menos del 1%, otros vectores como el transporte registraron caídas de hasta 20%.
Los investigadores explicaron los desempeños menos favorables “por el retraso en la firma de los acuerdos y por incrementos intermitentes que subindexaron, es decir que no alcanzaron la inflación pasada”. Los más favorables se debieron a “un acortamiento de acuerdos y la inclusión de aumentos mensuales”.
Tras una fuerte caída generalizada en los primeros meses que siguieron a la devaluación de diciembre, los salarios reales de este sector mostraron una recuperación más acelerada del esto, aunque ese proceso se interrumpió en los últimos meses.
Y la tendencia parece ser al estancamiento. Es que, “para bajar la inflación el gobierno apela al ancla salarial y por eso interviene para que las paritarias no se ajusten por encima de la inflación”, señalaron los investigadores de Fundar. De este modo, agregaron, “solo tendrán alguna recuperación si baja la inflación pero eso no pasará de forma muy rápida”.
Fundar analiza el mercado laboral
Un nuevo factor de presión sobre estos ingresos es el deterioro del mercado laboral y el aumento del desempleo que actúa como disciplinador de la puja distributiva. De hecho, los despidos masivos ya contribuyeron, junto con el ajuste, a masacrar el salario real del sector público, que experimentó una caída del 23% en el período, con casos, como el de los docentes universitarios, que llegan al 25%.
También golpeó a trabajadores informales y cuentapropistas, con bajas de 19% y 13%, respectivamente. “Los empleos de mayor precariedad se ven más rápidamente afectados por la caída de 4% promedio de la actividad económica, el salto en el desempleo del 6,2% al 7,6% y el aumento del subempleo demandante”,señalaron los analistas.
AUH vs planes
En este escenario de fragmentación y atomización de los ingresos populares, el único piso que marcó el actual gobierno desde el inicio es de la Asignación Universal por Hijo (AUH), cuyo monto duplicó tras la devaluación. En el período analizado, su poder de compra creció 27% en promedio, según la pesquisa de Fundar.
Pero los analistas aclaran, en simultáneo, los verdaderos alcances de esta transferencia, cuyo monto es bajo y llega a 2,5 millones de personas que están en la informalidad, “cuando ese universo es de 6 millones”. Desde otro ángulo, la AUH representa el 7% del gasto previsional. ”El otro 93% cayó”, aclaran.
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Los grandes perdedores de este segmento fueron los llamados planes sociales, un conjunto de programas entre los que sobresale el “Volver al trabajo”. Blanco de una guerra declarada abiertamente por la gestión de Javier Milei, los ingresos por estas transferencias cayeron 46% en términos reales durante el periodo. Estos programas se llevaron un tercio del ajuste en las erogaciones del sistema de protección social.
“La AUH es un complemento de changas y, además, el 80% de sus beneficiarios cobra la Tarjeta Alimentar, que bajó 16%, por lo que es difícil sostener que este sector fue resguardado”, señalaron.
Jubilaciones
El otro gran componente del sistema de seguridad social, los haberes jubilatorios, también sufrió castigo: 16% real en el caso de la mínima y 25% en el de los haberes medios y altos.
“Las jubilaciones evidenciaron dos trayectorias negativas pero diferenciadas”, señala el trabajo del centro de estudios.Y explica: “Aquellas que perciben el monto mínimo (47% del total) pasaron en abril de 2024 a ser actualizadas mensualmente por Índice de precios al consumidor (IPC), con un aumento extraordinario del 12,5%”. Esta modificación permitió una rápida recuperación del poder adquisitivo pero el congelamiento del bono, que en el período anterior había permitido empatar la inflación, “impidió que esa recuperación llegue a los niveles previos al salto devaluatorio”.
El resto de las jubilaciones, regidas únicamente por la fórmula de movilidad, tuvieron una recuperación más acelerada. Sin embargo, sin bono, “la caída frente a la aceleración inflacionaria tras la devaluación de diciembre fue mucho más abrupta y la pérdida de ingresos producida en el medio da cuenta del mayor deterioro”.
En conclusión, apunta Fundar, el cambio de contexto macroeconómico y político derivó en un importante shock en los ingresos. “Los grupos más perjudicados fueron los más expuestos a la inflación, al nivel de actividad económica, los dependientes del gasto público, y quienes vieron desarticulados sus paraguas institucionales de ingreso”, señala. En cambio, quienes tuvieron herramientas institucionales (como las paritarias privadas), aun registrando caídas importantes, “pudieron defenderse mejor”.