La Administración General de Puertos (AGP) firmó un convenio para que personal del ejército estadounidense desembarque para realizar tareas de “capacitación” en la hidrovía Paraná Paraguay. Casi en simultáneo, la empresa china Gezhouba, a cargo de la construcción dos represas en Santa Cruz, frenó los trabajos por los incumplimientos de la contraparte argentina, el Estado nacional. Es la primera de una serie de inversiones en infraestructura de ese origen que entran en un cono de sombra. La dinámica de enfrentamiento entre las dos grandes potencias del momento acelera su impacto en la política y la economía de la Argentina. Gastón Raggio, especialista en comercio exterior y geopolítica, analizó el impacto de estas tensiones que se filtran en una política externa argentina que navega entre el snobismo, la improvisación y la declinación de soberanía. Desde su punto de vista, la consolidación del Mercosur es la gran alternativa que tiene la región para salir airoso de estas disputas.
“El desembarco de los militares estadounidenses en la hidrovía es un dato que empieza a mostrar cómo este conflicto geopolítico llega a la región, es una definición que en términos globales marca mucho, nosotros venimos planteando que después de Ucrania el escenario de disputa es Sudamérica”, señaló Raggio en una entrevista con el programa “La banda cambiaria”.
El especialista recordó que el tablero mundial cambió drásticamente cuando China, a la que Occidente había asignado el rol de gestar cadenas de valor en industrias medias, no sólo se convirtió en el 70% del PBI industrial en ese sector, sino que, en paralelo con un modelo geopolítico, desarrolló de industrias de un nivel tecnológico superior. “Eso genera el gran conflicto que hoy estamos viviendo entre Estados Unidos y China, agravado por la ruptura de las cadenas de valor durante la pandemia”, explicó.
El concepto unívoco de globalización, que dominó desde los años 90, cede el paso a nuevas visiones, derivadas de nuevas tensiones. “Hoy el debate en el mundo es globalismo o soberanismo”, aseguró Raggio, que cita como gran exponente de este último polo al ex presidente estadounidense Donald Trump, tan cerca en las formas como lejos en política económica del presidente argentino Javier Milei.
El conflicto que expresó, agrega, “tiene que ver con la posibilidad de gestar los dos grandes dilemas del mundo próximo, que son la energía y los alimentos; es lo que en buena medida se juega también en la guerra de Ucrania”.
Aunque en Argentina esté de moda ningunearla, la vocación pro el desarrollo industrial es central . “Hoy el mundo se plantea cómo agregarle horas de trabajo a las materias primas”, señaló, el autor del libro “Mercosur, la única opción sudamericana”.
Y agregó: “Entendamos que el destino fijado para Sudamérica es volver a ser un modelo agrominero exportador, con la excepción de alguna cadena de suministro que ya está armada en Brasil”. Raggio advirtió que Bolivia, Paraguay, y los mismos Perú y Chile pueden “vivir en ese modelo”. Argentina, con 46 millones de habitantes, “seguro que no”.
La gran lucha entre Estados Unidos y China trae amenazas pero también alguna oportunidad de generar cadenas de valor regionales. “Si puedo decidir no meterme en este conflicto, lo que no siempre es posible, la única alternativa para salir airoso es fortalecer el Mercosur, es la única idea posible de regionalización en Sudamérica, para evolucionar del nacionalismo hacia el continentalismo”.
La hidrovía, en ese punto, es central. “El conflicto por la hidrovía estuvo históricamente vinculado al freno del desarrollo productivo de la región, de Paraguay y Bolivia del Mato Grosso, de las economías regionales de Argentina, ahora para defenderla se necesita convertirla en una infraestructura supranacional coordinada por los cinco países que la involucran”.
Este camino, que es el de la visión que tenían los padres de la independencia, “se transitó con el Lula anterior” pero hoy está empantanado porque “los políticos de la región viven el dia a día mirándose el ombligo”. Argentina, incluso, va en camino contrario.
Un ejemplo es el rechazo a la invitación para integrarse al grupo Brics. Raggio criticó la incapacidad de la política doméstica para generar “un poquito más de margen de negociación, es verdad que a veces te suena un teléfono de alguien de muy arriba y no te preguntan, pero no se pueden hacer las cosas tan gratis”. “El Mercosur es un salvavidas, primero para evitar algún tipo de enfrentamiento bélico del que no estamos exentos y, segundo, para defender los recursos soberanos en términos que puedan derramar en un proceso industrialista e inclusivo”, concluyó.