Economía

Empresas recuperadas: un sector que se construyó en la crisis

José Abelli, histórico referente del sector y actual asesor del Ministerio de Desarrollo Productivo, repasó el surgimiento de las empresas recuperadas y analizó su presente. Ecos del 2001

Domingo 25 de Julio de 2021

La profunda crisis política, económica y social de 2001 no sólo trajo devastación en Argentina, sino que alumbró nuevos procesos: inéditos, impensados, una auténtica serendipia. Así lo vivieron los referentes del entonces Movimiento de Nacional de Empresas Recuperadas, que nació de la mano de la destrucción del entramado productivo en todo el país. “Descubrimos, no desde la academia sino desde la práctica, que éstas son nuevas formas de organización y de lucha de los trabajadores en esta etapa del capitalismo”, dijo José Abelli, primer presidente de esa organización que creó una nueva institucionalidad nacida de la urgencia. “Metimos la pata en la fuente y luego construimos el sector, porque en realidad las primeras experiencias se dieron porque no había ningún otro camino”, recordó el fundador de la Federación Autogestión, Cooperativismo y Trabajo (Actra) y hoy es asesor en el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación.

“Cuando una empresa cierra se agota toda la militancia sindical: el patrón pasa a ser el juez, el gerente el síndico y los mecanismos gremiales históricos que son la negociación, el paro o la conciliación no tienen ningún sentido porque no hay con quien conciliar, ni acordar”, agregó para darle contenido a esa experiencia que empezaron a transitar en uno de los momentos más críticos del país.

Para Abelli, “esa fue la enseñanza más profunda” que dejó el 2001”, ya que “hoy en cualquier lugar de Argentina o de América latina donde cierra una fábrica los trabajadores pueden decidir armar una cooperativa. Ese fue nuestro aporte”, afirmó.

El Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas fue un proceso “colectivo”, dijo Abelli, que surgió con 12 experiencias, entre ellas la fábrica de pastas rosarina Mil Hojas y en el momento en que se daba la pelea por la industria de tractores Pauny. Hoy son más de 400 las empresas gestionadas por los trabajadores en el país de distintos sectores, conformadas como cooperativas de trabajo, de servicios, financieras o de comercialización y logística.

Nueva institucionalidad

Ese camino transitando durante veinte años, con experiencias exitosas y otras no tanto, le permitió al sector de las empresas de la economía social, tanto recuperadas como cooperativas, pujar por un nuevo espacio de representación que las corriera de la mirada asistencialista para ubicarlas en el eje de la generación de valor como un actor clave de la economía. Abelli aseguró que lograron ese pleno reconocimiento durante la actual gestión de Alberto Fernández, cuando se pasó al sector de la órbita del Ministerio de Desarrollo Social al de Desarrollo Productivo que conduce Matías Kulfas.

“Fue el primer gran cambio porque Desarrollo Social está vinculado a políticas asistencialistas y por una decisión del presidente logramos que se cumpla una demanda histórica del sector que es considerar a las cooperativas de producción como parte de la economía, de la generación de riqueza, de las cadenas de valor”, agregó Abelli.

Una demostración de esta decisión fue la incorporación de una representante del sector en el Consejo Económico y Social que conformó el gobierno para delinear políticas públicas, pero también la nueva institucionalidad que se logró tras la normalización del Instituto Nacional de Economia Social (Inaes), que encaró el fallecido, Mario Cafiero y continúa Alex Roig, que permite alinear las políticas del organismo con las del Ministerio. “El Inaes estuvo muchos tiempo de espalda a la realidad productiva de sus empresas controladas”, reconoció Abelli, quien explicó que hoy están trabajando para recomponer la situación, convocando a empresas recuperadas y cooperativas para trabajar en conjunto. “El gobierno nos dio la oportunidad de estar en lugares de decisión y no podemos perder el tiempo y desaprovecharlo”, agregó el dirigente.

En ese sentido, comentó que una primera acción para el corto plazo es regularizar la situación de más de 160 empresas que “están en un limbo legal” ya que hace 20 años tienen definida la expropiación, pero nunca fueron expropiadas. Debido a eso no son sujeto de crédito, no tienen la propiedad de las máquinas, de los inmuebles y les resulta difícil encarar un proceso productivo estable. “Hay una empresa recuperada en Malvinas Argentinas, que es una de las dos fábricas de paragolpes que hay en Argentina, y aunque las automotrices aseguran que necesitan su producción, también dicen que el proceso judicial no está definido e invertir allí es riesgoso”.

Con esa idea desde el Inaes y el Ministerio que conduce Kulfas armaron un fideicomiso, donde participa el Banco Nación, el Banco Provincia de Buenos Aires, el Bice, para diseñar planes de negocios, encarar una reconversión industrial si hubiera que hacerla, y dotarla de capital de trabajo. “Otra herramienta para el sector fueron los $280 millones en aportes no reintegrables para un grupo de 40 empresas recuperadas”, agregó.

La idea en este último año fue ponerlas de pie, integrarlas al sistema productivo y a la economía.

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“Nos interesa particularmente el sector alimentos, metalmecánico, energías renovables, la cadena del algodón y textil”, dijo Abelli y recordó que “hay seis o siete ramas de la producción donde las recuperadas pueden jugar un papel integrador”.

Esta realidad es el reflejo de que la pandemia no le trajo al sector empresario las mismas consecuencias que el fatídico 2001. No sólo el sector de las cooperativas estuvo más consolidado y tejiendo redes, sino además, el resto de la actividad productiva recibió un respaldo diferente por parte del Estado. “Algunos pensaban que la pandemia iba a disparar una serie de procesos similares al 2001 en cuanto a recuperación de empresas y la verdad es que, en parte gracias a las políticas públicas del gobierno nacional como el IFE o el ATP y una batería de medidas que representaron 7 puntos del PBI, se pudo sostener la producción y el empleo”, dijo Abelli.

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Aún así reconoció que la realidad no fue homogénea. “Hay sectores, sobre todo vinculados a servicios, que no la están pasando bien, estas medidas no alcanzaron, pero hay otros como el industrial que vienen empujando muy fuerte y está en niveles superiores a 2019”, agregó.

Por eso, no estamos viendo en el territorio una avalancha de empresas que cerraron, más allá de la crisis”, dijo y aunque sí habló de casos puntuales de multinacionales que se relocalizaron o muchas pymes que tuvieron una crisis por falta de capital de trabajo. “El ritmo de recuperación de empresas se mantiene estable”, detalló a diferencia de los años del macrismo donde “hubo una importante demanda por recuperar empresas”.

Un duro camino

Ese fortalecimiento del sector no fue gratis, incluso en términos subjetivos. “Hasta la crisis de 2001 a los trabajadores que queríamos recuperar una empresa nos trataban de delincuentes, luego, nos transformamos en héroes porque éramos los únicos, en medio de la mayor crisis argentina, que levantábamos las persianas, incluímos y dábamos trabajo”, recordó Abelli y relató los inicios cuando en San Lorenzo el frigorífico Lumbrera y Parizzi puso en cartel que decía “cerrado” en la puerta sin previo aviso. “Estaban las máquinas y los trabajadores y los únicos que no estaban eran los patrones”, dijo. “Fue una pelea muy dura, desigual, sin políticas públicas,sin nada, con todo en contra, inclusive de los sindicatos”, rememoró.

Esa tarea incluyó una puja por modificar un artículo de la ley de quiebras en Diputados, durante el gobierno de Fernando De la Rúa y con Domingo Cavallo como ministro de Economía, que permitió incorporar la compensación de los créditos laborales a cambio de máquinas y herramientas. “Ahí empezamos a romper la ley de quiebras y a transitar este camino de la lógica neoliberal que dice que toda empresa que quiebra es reemplazada por otra y los trabajadores no existen, eso se terminó”, concluyó.

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