Economía

"El secreto es agruparse, trabajar y cumplir"

Tras una larga crisis que comenzó con el siglo, los trabajadores de La Cabaña recuperaron la empresa en 2006. La cooperativa cumple 15 años

Domingo 20 de Junio de 2021

La cooperativa láctea rosarina La Cabaña cumple 15 años. Tras una larga crisis que estalló en 2001, la tradicional empresa rosarina fue recuperada en 2006 por sus trabajadores y se mantiene como uno de los casos exitosos de la economía social. Hoy cuenta con 35 socios y llega con sus propios productos a varias provincias bajo una premisa básica: “Hacer las cosas bien”, según afirmó su tesorero, Marcos Bertolino.

“En 2001 La Cabaña entró en convocatoria de acreedores y sufrió todos los pormenores de la economía de ese momento. En 2006 presentó la quiebra, nosotros nos quedamos sin trabajo, pero ya teníamos la idea, frente a la quiebra, de conformarnos como cooperativa”, recordó Bertolino en diálogo con el programa radial “La banda cambiaria”.

Contaron con apoyo de profesionales y de las cooperativas que habían pasado por el mismo proceso años atrás. “Obviamente que hubo mucho debate entre los trabajadores de ese momento y algunos quisieron formar parte de la cooperativa y otros no, porque tenían posibilidades de trabajar era otro lugar y se fueron”, indicó.

Originalmente la cooperativa se conformó con 45 socios “Se han jubilado socios, pero entraron hijos que hoy son socios de la cooperativa”, explicó Bertolino.

El proceso de pasar de empleado a socio tuvo sus particularidades. “De hecho estuvimos trabajando dos o tres meses prácticamente sin percibir nada de sueldo, gestionando con proveedores para que no se corte la producción. Algunos creyeron en nosotros y nos apoyaron, otros no. A partir de una votación se formó un consejo de administración que se hizo cargo de la administración. Teníamos identificados cuáles eran los inconvenientes de la fábrica y automáticamente nos propusimos mejorarlo para sacar adelante la cooperativa”, relató.

El hoy tesorero de La Cabaña recordó la disputa para poder formar la cooperativa y operar la planta. “Hubo una semana a 15 días de conflicto porque no recibíamos sueldos atrasados de hacía mucho tiempo y exigimos la quiebra, porque la fábrica no iba más de esa manera. De ahí en adelante fue bastante rápido: presentamos en el tribunal la propuesta de la conformación de la cooperativa y fue aprobado”, mencionó.

Bertolino habló de cómo evolucionó la actividad de la cooperativa. “Los altibajos hasta el día de hoy los tenemos pero lo que primero empezamos a hacer fue producir y comercializar, casi sin tener impedimentos estructurales de la fábrica, pero a medida que fue pasando el tiempo nos fuimos encontrando con muchos problemas. Había equipos que desde hace años no estaban habilitados como la caldera, o sea que así como producíamos, teníamos que empezar a poner en regla todo el establecimiento. El comienzo fue ese: un tema era la producción, otro era el establecimiento, y otro era la causa judicial. Empezamos a producir pero no sabíamos en qué momento los equipos y las fábricas iban a ser nuestros, o las marcas mismas. Al principio fue una puesta en marcha para mantener los puestos de trabajo y no dejar que se venga abajo del todo la fábrica, porque si paraba, iba a ser muy difícil remontar”, rememoró.

En ese momento hubo muchas experiencias de este tipo y no todas resultaron. También había un movimiento desde el punto de vista oficial de respaldo a estas experiencias, Bertolino recordó cómo fue el acompañamiento del Estado en este proceso. “Hubo acompañamiento una vez que nosotros estuvimos en regla, cuando la cooperativa tuvo una matrícula, una formación un poco más seria, no tan en el aire, hubo acompañamiento tanto de la Municipalidad de Rosario como de la provincia y también de la Nación”, indicó.

Luego vino la mudanza, de calle Balcarce a General Lagos. “Ese fue el mayor desafío. El establecimiento de La Cabaña no pertenecía a los dueños, o sea que nosotros en el comienzo tuvimos que acordar un alquiler temporario del edificio, . Tuvimos que adquirir un terreno de 4 hectáreas en General Lagos que estaba dentro de la quiebra de La Cabaña. Lo terminamos de pagar, la construcción comenzó en 2009 y la culminamos en 2017, con aportes propios”, detalló Bertolino.

La gestión comercial fue camb iando. “Largamos productos nuevos que después fueron discontinuados por cuestiones de mercado. Cambiamos el objetivo de la fábrica, que antes producía muchas marcas para terceros y se quedaba con un porcentaje de la materia prima. Hoy prácticamente toda la producción de la fábrica es propia: compramos nuestra materia prima y vendemos nuestra manteca”, explicó.

Cuando La Cabaña era sociedad anónima, pisaba fuerte en Rosario y en Buenos Aires. La cooperativa amplió el mecado a Córdoba, Tucumán, Mendoza y todo el sur, con una cadena de distribución muy grande a partir de relaciones comerciales con otras cooperativas.

“Hay una muy grande que no es tan conocida en esta zona, se llama Cooperativa Obrera, que es una cadena de supermercados y de distribución. Hoy un 20% a un 25% de nuestra producción se comercializa a través de ella y va a todo el sur del país, a donde antes era imposible llegar”, explicó.

En la actualidad, La Cabaña está atravesada, como todos, por la economía de la pandemia y el impacto de la inflación.

“Nuestra producción obviamente está afectada al consumo. Por un lado hay momentos en los que estamos beneficiados porque el consumidor busca segundas marcas, y es donde estamos nosotros posicionados. Pero los altibajos de la producción se dan cuando hay mucha exportación de lácteo, como está ocurriendo ahora, porque nosotros compramos un subproducto que es la crema a granel, que se va del mercado, no está disponible”, señaló.

El año pasado cuando no se exportaba tanto, era al revés. “ De hecho, había mucha producción de lácteos y ahora tenemos otro escenario qué cambio en muy pocos meses”, apuntó.

Si bien aclaró que la volatilidad es una característica del sector, el actual escenario se va a quedar por largo tiempo. “Mientras el dólar vaya aumentando, a las exportadoras les sirve sacar la mercadería afuera. Es más o menos parecido con lo que está pasando con la carne. Creemos que por el momento no va a haber variable, va a haber poca producción a un alto precio”, estimó.

La salida exportadora “es complicada para empresas como La Cabaña” porque “los cupos de exportación son muy grandes”.

“No es que seamos una empresa tan chica, pero prácticamente tenés que dejar de vender acá en el mercado interno para lograr un cupo de exportación y dentro de unos meses se cae y tenés que volcar la producción en el mercado interno. Y mientras tanto descuidas todos tus clientes, tu cadena de distribución. O sea que, por el momento, no es un negocio para nosotros”, explicó.

En cuanto a los programas de precios oficiales, aclaró que el gobierno nacional “busca regular precios con marcas que estén en todo el país, de manera que el consumidor cuando vaya al supermercado encuentre ese producto que está regulado por el Estado. Nosotros no alcanzamos a abastecer a todo el país”.

A quince de años de aquella patriada, Bertolino analiza. “En un principio nuestra decisión fue por desesperación. Poco a poco fuimos descubriendo que el camino lo podíamos surcar, que nada es imposible. Desde ahí estamos muy agradecidos a dos o tres cooperativas que ya existían antes, como Mil Hojas y Pauny, y otras en Buenos Aires que nos iban indicando qué se puede, que si hacíamos bien las cosas había un buen futuro y ese es el secreto: agruparse, tirar para adelante, trabajar y cumplir con todas las obligaciones que se pueda para ganarte el respeto. Porque en este segmento dependés de un montón de factores: muchos proveedores, muchos clientes que tienen que confiar en vos y desde el día cero uno tiene que hacer bien las cosas para que después todo sea más fácil”.

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