Otra vez el mismo dolor, la misma impotencia. Recuerdo la época menemista, el país desintegrándose, en caída libre. Y la gente aplaudía. No había paros, ni piquetes, ni inflación, ni riesgo país. Los medios contentísimos, "el país del Primer Mundo". Hoy siento lo mismo. Pero al revés. Un gobierno tratando como puede de apagar el incendio de décadas, con errores lógicos, pero con muchos e importantes aciertos, en lo económico, social, derechos humanos, en el plano internacional. ¿Y que tenemos ahora? Cacerolazos, piquetes que amenazan el abastecimiento, ciertos sectores de la sociedad ensañadísimos (lógicamente los que antes aplaudían). Pero lo mas llamativo son los medios, sin excepción. Da pena ver cómo otrora acérrimos defensores del bien público y del progreso cambian de bando. Poderosos medios que se han encargado de dar el golpe de gracia para la caída prácticamente todos los gobiernos democráticos que han existido (con una excepción obviamente). Pero todo esto no es casual: se ha tocado el bolsillo de un sector tradicional, minoritario pero poderoso de nuestra sociedad, el productor agropecuario. Y por ende de las grandes trasnacionales que nos venden sus insumos, financian a los pooles, compran nuestras tierras y exportan nuestros granos. Eso no se hace… vivimos en un país donde se puede apalear sistemáticamente a los pobres, pero nunca quitarle una moneda a un rico.


































