Otra vez la barbarie, otra vez un taxista asaltado, y esta vez asesinado. Otra más y van... Y dentro de equis tiempo volverá a pasar. Se suceden los gobiernos, se habla mucho, se promete mucho, pero no se hace nada. Y lo poco y nada que se hace (luz de pánico) no surte efecto. El blíndex es caro, no se pone. Y la inseguridad continúa reinando. Se adoptan medidas de fuerza, los taxistas paran, bloquean calles, se manifiestan, queman neumáticos, etcétera, lo mismo de siempre, con la misma intención: llamar la atención de las autoridades para que de una vez por todas hagan algo. Se reúnen, se tiran sobre la mesa propuestas, pero todo es puro bla, bla, bla. Prevención por parte de la policía con más y mejor presencia de efectivos en las calles, todos los días, a toda hora y en todos los sectores de la ciudad, patrullaje permanente y saturador como debería ser, no, eso no, ¿por qué? ¿quién lo sabe? Se prometen muchas cosas cada vez que hay un hecho de esta naturaleza: más efectivos, más patrulleros, pero todo se diluye a los pocos días y nada de eso ocurre. Y si ocurre, es por un lapso demasiado corto, cercano al día del hecho. No hay perdurabilidad. Y los actos delictivos vuelven a ocurrir. Y los taxistas vuelven a sufrir las consecuencias. Y lo que pasó ahora seguro va a volver a suceder dentro de equis tiempo. Y sólo Dios sabe cuánto tiempo será el que transcurrirá entre este hecho y el próximo. Lo que sí se sabe es que se va a repetir. Porque no hay nadie que lo impida. Porque no se hace lo que se debe para impedirlo, para prevenirlo. Y mientras tanto qué. Creería que una posible solución sería la implementación de un sistema similar al de las tarjetas magnéticas de los colectivos. Cuando se puso en vigencia ese sistema, se terminaron los asaltos a los colectiveros.

































