Los pactos foráneos no pueden ser trasladados a nuestro querido país porque: 1) los empresarios no los respetan. Aumentan cuando pueden los precios en un afán de lucro que sólo reconoce como meta maximizar sus ganancias pujando en esta carrera con otros empresarios para hacerlo primero y obtener más ventajas. Siempre les ganan a los salarios porque los precios aumentan primero y llevan varias semanas o meses antes de sentarse a hablar de aumentos con los asalariados. Tampoco están dispuestos a sincerar la economía blanqueando sus actividades para pagar impuestos. 2) Los asalariados no queremos involucrarnos en el aumento de productividad de las empresas: fabricar más productos o servicios con los mismos empleados o aceptar despidos para fabricar lo mismo pero con menos gente. Sólo pensamos en aumentos nominales de salarios tratando infructuosamente de vencer la inflación y contribuyendo inadvertidamente a fogonearla. Aceptamos cobrar una parte de nuestros salarios "en negro" evadiendo aportes de leyes sociales porque... "total hoy a mí no me afecta". 3) Los gobiernos de turno no ejercitan su autoridad controlando toda actividad económica evitando la evasión impositiva, situación que le permitiría bajar las alícuotas para disminuir impuestos. Si todos pagáramos, todos pagaríamos menos. Tampoco están dispuestos a eliminar los impuestos no coparticipables pues los usan para comprar voluntades políticas y perpetuarse en el poder. Están a merced de una dirigencia sindical de sus propios empleados corrupta y prebendaria. La duda que me aqueja es: ¿en Irlanda de los ‘90 o en la España de tiempos de La Moncloa eran todos los ciudadanos "buenitos" y accedieron a perder parte de sus rentas porque sí? ¿O en realidad los Estados pusieron en marcha una fenomenal tarea de auditoría y la sociedad se percató de que cumplía su parte del pacto o perdía su libertad y parte de su fortuna a través de severas multas? En Argentina las leyes están escritas y publicadas, pero como nos falta auditoría de control de cumplimiento, y tenemos una Justicia con cara de caricatura, los argentinos creemos que las leyes son "consejos". Si me conviene las cumplo. Total, nunca pasa nada.

































