El 31 de octubre de 2017, Diego Angelini, nacido en 1969 en la ciudad de Rosario; mi esposo durante 14 años y papá de nuestros cuatro hijos, perdió la vida. También fallecieron en el mismo atentado terrorista cuatro de sus amigos de toda la vida, Alejandro Pagnucco (papá de tres hijas), Hernán Ferruchi (papá de dos hijas), Hernán Mendoza (papá de tres hijos) y Ariel Erlij (papá de tres hijos). Un asesino, con su corazón dominado por el odio, los embistió sin piedad alguna en momentos en que ellos circulaban con sus bicicletas en una bicisenda en la ciudad de Nueva York, en un viaje que habían planeado durante muchos meses, ya que estaban celebrando 30 años de amistad. El terrorista les arrebató en pocos segundos su derecho a vivir. Dejó huérfanos de papás a 15 hijos. Si alguna reflexión puedo hacer en medio de tanta angustia y dolor, es: "ámense día a día". Todos nacemos con una capacidad infinita de dar amor. Esa capacidad está dentro nuestro y es inherente a la calidad de ser humano. Muchos no la ejercitan y la van perdiendo día a día. Y así en el corazón de algunos el odio se hace presente y los conduce a no valorar la vida de otras personas y a matar a otro, sin considerar que ese "otro" es un ser humano que merece vivir. Estoy convencida de que la causa de todo odio es la falta de amor. Solamente con amor lograremos que existan menos corazones dominados por el odio. Ante la tremenda pérdida y el dolor que significa para mí y nuestros cuatro hijos el fallecimiento de Diego, mi sentimiento más profundo es el amor. Reconocer en cada cosa que uno haga o diga la importancia de hacer todo con amor. Poco antes de fallecer, Diego me escribió una carta y en ella me dijo: "El amor todo lo puede". Y así lo creo y así lo siento. Palabras sabias de quien fue, con nuestros encuentros y desencuentros, mi compañero en la vida durante 21 años. Fue un padre amoroso y una persona de buen corazón y siempre lo recordaremos con mucho amor. La pérdida de un ser querido nos deja siempre una grieta en el corazón, a la vez que también quedan en nosotros todas las enseñanzas de vida que la persona que se fue nos dejó. Me queda la difícil tarea de acompañar en el camino de la vida a nuestros cuatro hijos, quienes ahora, a causa del odio del asesino que los mató sin compasión, deberán crecer sin la compañía de su papá. Voy a extrañar muchísimo a Diego, a Cope, como le decían sus amigos. Aunque sé que no estoy sola en mi dolor. He recibido, y agradezco, la ayuda y contención de mis familiares y amigos, que son mi gran compañía en la vida. Tanto al viajar a Nueva York luego del atentado para acompañar el traslado de los restos de Diego, como aquí, en el país, me han ofrecido su ayuda y me han acompañado en mi dolor muchas personas que antes no conocía. Mi especial agradecimiento al embajador y cónsul general en Nueva York, Mateo Estrémé, quien con su calidez humana mitigó nuestro dolor; al cónsul general adjunto en Nueva York, Eduardo Almirantearena, quién nos brindó su sincera ayuda y contención; a Verónica García Valdez, Pablo Soso y Axel Drimmer, todos del Consulado argentino en Nueva York; a Ciro Ciliberto, director de Documentación de Viaje, de la Dirección General de Asuntos Consulares, quien acompañó los restos de Diego y sus amigos desde Buenos Aires hasta Rosario; al gobernador Miguel Lifszhitz, quien nos acompañó en el Consulado de Nueva York y estuvo a nuestro lado en el aeropuerto brindando su ayuda; a su secretaria María Julia, que coordinó nuestro viaje a Nueva York y se mantuvo siempre en contacto conmigo; a la intendenta Mónica Fein y al concejal Pablo Javkin, quienes estuvieron a nuestro lado al llegar a nuestra ciudad. He experimentado en primera persona el orgullo de ser "argentina", ya que recibimos y agradezco la solidaridad de todo el pueblo argentino. También recibimos la solidaridad del pueblo estadounidense, quienes con lágrimas en los ojos se acercaban a hablar con nosotros y darnos su sentido pésame, y quienes desinteresadamente han organizado para este miércoles 31 de enero, un homenaje en Nueva York en recuerdo de las víctimas del atentado. Los familiares de las víctimas y los sobrevivientes de atentados terroristas que han estado acechando al mundo en los últimos años, tenemos la responsabilidad moral de bregar por conseguir que los Estados y los organismos internacionales dediquen todos los recursos necesarios para generar políticas que permitan lograr la prevención y la erradicación de sucesos tan lamentables. Debemos unir nuestras fuerzas para que todos tomemos conciencia de la gravedad del problema. Todos pensamos que nunca vamos a perder a un familiar víctima de un atentado terrorista, hasta que nos toca atravesar esta situación. Siento en mi corazón que desde donde Diego esté, estará amándonos y ese amor nos dará las fuerzas para salir adelante y para emprender la inmensa labor que tenemos en el futuro. Trabajar para conseguir un mundo con paz y sin atentados terroristas. Porque como Diego decía: "El amor todo lo puede".



























