De las aves que habitan en nuestro país, existen de diversos instintos y cualidades. Algunas, como el hornero, se la pasan trabajando todo el día y entre canto y canto hacen su casita admirablemente; otras, como el tordo, no tienen esa virtud de ser laboriosos y previsores y necesitan que su hembra parda ponga los huevos en nido ajeno, parasitándolos para sobrevivir e integrarse a la fauna. Otros, como el tero, entre agachada y agachada, para protegerlos de los predadores, cantan en un lugar y ponen los huevos en otro, aunque no tan lejos como en Suiza. Asimismo, contamos con el pingüino o pájaro bobo, que habita en la Patagonia y que empolla sigilosamente los huevos que pone la hembra. También tenemos en nuestro territorio, conviviendo felices y contentos, y sin ninguna discriminación, cabecitas negras, jilgueros, cardenales, zorzales criollos, calandrias, etcétera. Las calandrias cantan y trinan todo el día alegrando y haciendo más llevadera la vida de nuestros paisanos mientras hacen sus tareas de campo. Lamentablemente, y como si fuera una "compensación", también tenemos la cotorra y el loro barranquero, que s considerado plaga nacional, porque actuando en bandada y parloteando, puede destruir todo un sembradío en poco tiempo. Cualquier parecido con la realidad político-económica-social argentina es pura casualidad. Como entrerriano y descendiente de colonos de La Paz, apoyo a mis valientes comprovincianos en su lucha por las justas reivindicaciones en defensa del fruto de su trabajo y la dignidad federal, deseando que sea precisamente la paloma de la paz la que oriente el camino de la solución del conflicto con el campo.




























