Ovación
Miércoles 22 de Marzo de 2017

Echale la culpa al juez

Los errores de los árbitros son expuestos mediáticamente para disimular los de futbolistas y técnicos que ganan millones.

La cosa es así. El árbitro no tiene ninguna chance de equivocarse, los jugadores sí. A Ariel Penel, el árbitro de Boca-Talleres el domingo pasado en la Bombonera, lo acosaron hasta que reconoció que había cometido un error.

"Vi la jugada de Komar y era penal para Boca. Estaba mal posicionado y vi la mano mucho más abajo. Si hubiese estado unos metros más para el lado del córner, lo hubiese visto y cobrado", dijo con tono culposo el hombre que tampoco advirtió el pisotón de Gago que debió terminar en expulsión. "La jugada de Gago sinceramente no la veo. Mis compañeros tampoco la ven como agresión sino como un error", cerró el árbitro que fue designado para dirigir el partido entre Defensa y Justicia e Independiente cuando se juegue.

Está más que claro que dos errores tan groseros no le permiten salir del aplazado, pero los protagonistas derrotados por su propia impericia encontraron en Penel una muy buena excusa para evitar dar explicaciones, por ejemplo, sobre el error amateur de Peruzzi que hizo las veces de dama de compañía de Palacios mientras escapaba por la raya y después encaraba hacia el área obteniendo otro beneficio: los dos zagueros centrales, Vergini e Insaurralde, fueron a cerrarlo desatendiendo la marca de Reynoso, a quien ya había soltado Bentancur.

Para Guillermo Barros Schelotto es mucho más sencillo hablar del penal no cobrado que del rendimiento de su equipo que vale millones y el domingo no pasó de un low cost, pero al menos tuvo la deferencia de salvar el honor de Penel. "Confío en la honestidad de los árbitros", dijo el Melli que repite el mismo concepto desde sus tiempos de entrenador de Lanús.

No obstante, es mucho más barato echarle la culpa al árbitro que justificar inversiones a montones que si los resultados acompañan serán anécdota, pero de lo contrario regresarán como un bumerán.

A propósito de costos, los futbolistas ganan fortunas al lado de los salarios de los árbitros, que parecen tener muchas más obligaciones que los propios protagonistas. Siempre son el punto de catarsis de los que están adentro de la cancha y también de los que rugen desde las tribunas.

San Lorenzo todavía protesta por el penal que le dio el segundo gol a Godoy Cruz. Es mucho más sencillo que explicar por qué el equipo cayó tanto en los últimos tiempos y cómo los mendocinos ampliaron el marcador con un jugador menos.

En todo caso, bien podrían ser informados los socios azulgranas de los motivos por los cuales fueron transferidos Más, Blanco y Cauteruccio y no llegaron refuerzos. Pero es políticamente mucho más barato echarle la culpa al juez.

Tienen responsabilidades, claro que las tienen a pesar de que, se insiste, el salario de los jueces no llega ni a la décima parte de lo que ganan futbolistas y entrenadores de élite. Esa desproporción también debería tabular responsabilidades diferentes.

Deniz Aytekin es alemán, tiene 38 años y es uno de los árbitros preferidos de la Unión Europea de Fútbol (Uefa). Pero la entidad analiza no volver a designarlo en las próximas instancias de la Liga de Campeones tras el escandaloso arbitraje en Barcelona 6, Paris Saint Germain 1.

La verdad es que ignorar dos penales para un equipo y sancionar dos inexistentes para el otro es cuanto menos llamativo, pero no le llega ni a los talones a la impresentable actitud del millonario equipo francés, tan repleto de euros como de temores al punto de no poder sostener la ventaja de cuatro goles que había conseguido en la capital francesa.

¿Incidió en el resultado? Muchísimo, pero no tanto como la parálisis futbolista que mostró el PSG en el Camp Nou.

La Fifa sancionó de por vida el lunes al árbitro ghanés Joseph Odartey Lamptey al considerar que manipuló un partido de las eliminatorias para el Mundial Rusia 2018.

Según comunicó el ente regente del fútbol mundial, el juez fue hallado "culpable de influir en el resultado del partido entre Sudáfrica y Senegal del 12 de noviembre del año pasado contraviniendo la ética del código disciplinario del organismo". Sudáfrica ganó 2-1.

"Tan pronto como la decisión sea firme y vinculante, se facilitará más información", detalló la Fifa.

Si el lector se toma la molestia de chequear los videos de Sudáfrica-Senegal y Barcelona-PSG comprobará rápidamente que el arbitraje de la Champions fue mucho más escandaloso.

Quizás la Fifa empiece a bajar órdenes drásticas a partir de ahora para sus entidades adheridas, pero indudablemente las decisiones de los poderosos coquetean con la corrupción. Sancionar a un árbitro ghanés, no alemán (difícilmente suceda salvo una grosería indisimulable), de por vida por cobrar un penal que no fue es como mínimo acusarlo de favorecer deliberadamente a uno de los equipos en juego. ¿Llevará la Fifa la investigación hasta las últimas consecuencias? Improbable.

Para que haya un corrupto, tiene que haber un corruptor y está claro que el hilo se corta siempre por el hilo más delgado.


Una fecha por una mano

En las antípodas de lo que sucede en el fútbol argentino, en el que se sanciona más a los jueces que a los futbolistas, la comisión disciplinaria de la liga profesional de México sancionó el lunes a Mauro Boselli con una fecha de suspensión por convertir un gol con la mano el último fin de semana en el partido que su equipo, León, perdió 3 a 2 de local frente a Toluca. El ex delantero de Boca y Estudiantes hizo el movimiento con la cabeza, pero impulsó la pelota con la mano. Mauro intentó justificarse por Facebook, pero fue sancionado igual aunque el resultado final no fue alterado.

"La jugada fue muy rápida y tuve que ver la repetición para darme cuenta de que no había rozado la pelota primero con la cabeza", escribió. "Siempre supe que me había pegado la pelota en la mano, pero la realidad es que fue un reflejo instintivo del propio movimiento al intentar cabecearla y por eso creí que el gol era totalmente válido", argumentó sin éxito el goleador.

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