Opinión
Lunes 15 de Mayo de 2017

La geopolítica de "Pepe" Mujica

La visión de un dirigente especial. El ex presidente oriental pasó por la provincia y dejó impresiones muy personales de la Argentina. Impresionó particularmente su tolerancia con quienes piensan distinto.

¿Fue el virtual lanzamiento de Luis Contigiani su aparición de este sábado pegado al ex mandatario oriental José Mujica? "No", respondió con énfasis sobreactuado el propio ministro de la Producción y se deshizo en explicaciones sobre que sería "un abuso mezclar (los temas) para una figura tan emblemática y querida". Lo cierto es que el hombre proveniente de la FAA, de buenas migas con la UCR y el más contestatario y de alto perfil miembro del gabinete de Miguel Lifschitz, acompañó al "Pepe" Mujica en su gira por Río Cuarto, la capital santafesina y en el almuerzo privado que el gobernador le ofreció en un club náutico.

Tengo serias dudas de que Contigiani haya logrado conjurar con su desmentida —"si no es Antonio Bonfatti será Contigiani quien encabece la lista de diputados nacionales del oficialismo", dijo ayer Mauricio Maronna en este diario— las especulaciones que se incrementaron con su presencia de única figura oficial en tales sitios. Ello fue el color local que acompañó la visita del ex mandatario del vecino país.

Una visita que movilizó a cientos de personas que fueron a escucharlo y colmaron el centro cultural, que tuvo que poner pantallas en la calle. Y que no escamoteó a la hora de desgranar definiciones complejas con la llanura del lenguaje cómplice y pícaro a lo Viejo Vizcacha, el personaje campero con una poderosa capacidad de observación que da consejos al hijo segundo de Martín Fierro.

Ex presidente de los orientales como ellos se dan en llamar y nosotros persistimos en decirles uruguayos pese a que este es el gentilicio de los habitantes de la ciudad de Concepción del Uruguay, la capital de la República de Entre Ríos de 1820; la misma que había sido sede de la primera Declaración de Independencia en 1815 porque allí se reunió el Congreso de los Pueblos Libres a instancias de José Gervasio de Artigas. Del que participó Santa Fe que por esa razón no estuvo un año más tarde en el Congreso de Tucumán: las provincias del Litoral ya se habían proclamado independientes.

Aunque algunos de sus compatriotas, "que se quedan en un nacionalismo pequeño", no entiendan su postura latinoamericanista, Mujica advierte que "la lucha es geopolítica" y ya no son aplicables las categorías de su juventud de izquierdas y derechas. "Es luchar por componer una gigantesca unidad hemisférica que nos ampare y nos proteja. Hay mucha injusticia en América Latina, 32 señores tienen lo mismo que 300 millones de latinoamericanos y eso no es lo más grave. Sino que el patrimonio de estas 32 personas crece al 21 o 22 por ciento anual mientras que la economía de la región crece al 2 o 3 por ciento. Quiere decir que la distancia se acentúa. Tenemos que eliminar la guerra. Ser un continente de paz. Tenemos que tener preferencia entre lo nuestro. No puede ser que los europeos que se pasaron siglos amasijándose unos contra otros, que tienen lenguas e historias distintas están construyendo un ser colectivo y nosotros no pese a que si hablamos despacio nos entendemos en todo el continente porque hasta el portugués es un castellano dulzón menos bruto que el lenguaje de Castilla. Estamos culturalmente tan cerca y sin embargo estamos tan lejos".

Luego de explicar la inviabilidad de una Venezuela sin soberanía alimentaria ("no porque no tenga recursos para producir comida en sus enormes llanuras sino porque desde hace mucho se acostumbró a la cultura rentística del petróleo") dijo que por ello el gobierno de Nicolás Maduro "se tiene que aguantar reclamos que la gente le plantea y se le va la mano. Yo no soy partidario de presos políticos. En ninguna parte del mundo. En Estados Unidos le fui a pedir a Obama por la libertad de un portorriqueño que lleva 35 años. Me preocupé por lo de Guantánamo y me duelen los presos políticos en cualquier parte de la tierra empezando y concluyendo por Venezuela. Sé que se puede decir esto y lo otro, pero si se quiere por solidaridad gremial: me comí casi catorce años en cana. Sería un carnero si no y no puedo estar sólo a favor de los presos políticos que concuerden con mi manera de pensar".

Mujica se permitió decir algunas cosas que difícilmente a otro dirigente muchos se las hubiesen aplaudido de manera tan efusiva.

Fue en este punto donde deslizó el concepto más controvertido para haber sido dicho en la Argentina, que aún no salió de la discusión del dos por uno y que se movilizó contra el fallo de la Corte Suprema en beneficio de un preso por delitos de lesa humanidad. Quizás por esa razón esta frase de Mujica no fue registrada por las crónicas periodísticas. Dijo: "Así como estoy contra de la pena de muerte y todavía, con los recursos que hay hoy, no quisiera tener presos de ochenta años en las cárceles. Los preferiría con una pulsera en la calle y que mueran con su familia. Aunque yo sé que vivo en un mundo donde la gente tiene otra manera de pensar y me la tengo que bancar, pero lucho por un mundo progresista".

Cuando fue mi turno le pregunté sobre la Argentina con alternancia política y el enormemente mayoritario consenso contra el dos por uno. Desgranó conceptos magníficos sobre nuestro país (ver edición de ayer) pero ya no me respondió como para profundizar su definición sobre la edad de los presos. Él venía hablando de Venezuela en ese momento pero entonces su pronunciamiento se tornó universal: ni presos políticos ni viejos muriendo en las cárceles en ningún lado y, lo más sorprendente a la luz de nuestras discusiones del momento, sin ninguna distinción de delitos. Elisa Carrió ha sido la única política de la Argentina en expresarse en esos términos políticamente incorrectos que, dice Mujica, él se tiene que bancar porque todo el mundo piensa distinto.

No dejó de llamarme la atención que el ex presidente oriental haya asociado de modo expreso que ambos presupuestos deberían ser los de un mundo progresista. Una semana antes los argentinos salimos a la calle de a cientos de miles a decir que progresismo es dejarlos encerrados, por lo menos a los autores de delitos de lesa humanidad. ¿Por qué traigo a colación esto que piensa Mujica con lo que se está discutiendo en nuestro país? Porque quienes más férreamente militan esta postura que casi llevó a que se quemara en una pira pública a tres jueces de Corte Suprema (no se confunda esto que digo con defensa alguna del fallo respecto del que ya hablé el lunes pasado) son quienes adhieren sin cortapisa ninguna al pensamiento de Mujica. Un ex guerrillero tupamaro, que sufrió la cárcel como él mismo recordó, y cuando se convirtió en hombre de Estado, comprendió que "lo único que no existe son el blanco y el negro, sino los matices" y llamó a "buscar la forma de integrarnos con la izquierda, con el centro, con la derecha. Aceptemos la realidad como es pero luchemos por estar juntos. Banquemos nuestras contradicciones. Nuestros líos, pero tengamos las perspectivas de mirar lejos porque si no nos unimos no somos nadie en este mundo" otra definición que suena herética en la Argentina de estos días. Y siguió el Pepe, como gusta decirles a sus seguidores: "La democracia nunca está perfecta ni está terminada. Ni en Venezuela, ni acá ni en ningún lado. Es la mejor porquería que hemos logrado inventar porque nunca se ha reconocido perfecta y terminada. Siempre hay cosa pendiente para arreglar. Nos reconoce un derecho al pataleo y con ella por lo menos pataleamos, tiramos la bronca. No es poca cosa porque cuando no podemos ni hablar nos damos cuenta de que hemos perdido un bien al cual no le damos su valor. Ustedes los argentinos tienen experiencia en esto. No tiremos el niño con el agua de la bañera".

Dado que al responderme en la conferencia de prensa había dicho que su temor es "que la Argentina entrase en una confrontación abierta", al despedirnos, le pregunté qué consejo les daría a Cristina y a Macri en tanto figuras consulares de la política argentina. "No, hermano, ¡qué voy dar consejo yo! Sólo espero que a ninguno de los dos se les ocurra jugar con fuego porque, zas, ahí sí que nos quemamos todos".

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