Una familia destruida, devastada. Esa fue la imagen que se vio ayer en la puerta de la fiscalía de Homicidios a cargo de investigar el absurdo e injusto crimen de Jonathan Ezequiel Herrera, el joven prácticamente ejecutado cuando se refugiaba de un balacera entre agentes del Comando Radioeléctrico y de la flamante Policía de Acción Táctica (PAT) por un lado, y un delincuente que perseguían en la zona de bulevar Seguí y Ayacucho. Tras confirmarse que el maleante no era menor de edad como trascendió en un primer momento —le mintió a los agentes cuando le pidieron sus datos—, en la audiencia imputativa en la que le dieron 60 días de prisión, se supo que purgaba una condena a 2 años y 6 meses de prisión condicional por delitos contra la propiedad.
Dicen que los hermanos mellizos tienen una conexión especial, que parte de uno vibra en el otro. Esa sensación que en ciertas circunstancias puede formar parte de una anécdota pasajera, brotó en forma de drama y llanto desgarrador en los ojos de Nahuel, hermano de Jonathan, ambos nacidos un 16 de abril de hace casi 22 años.
Tres tiros policiales. Con la garganta anudada y el rostro repleto de dolor, el joven rememoró ayer el drama que sufrió junto a su familia el domingo a las 15.30 cuando Jonathan fue asesinado mientras intentaba refugiarse de una tiroteo entre un delincuente contra cuatro integrantes del Comando que realizaban la persecución, y cinco de la PAT que bajaron de un colectivo y se plegaron al operativo.
El joven lavaba su auto cuando intentó refugiarse detrás de un árbol donde cayó mortalmente herido al recibir tres disparos de pistolas calibre 9 milímetros, compatibles con las armas oficiales, de donde partieron al menos 20 disparos. El delincuente, en tanto, cayó herido en la puerta de la casa de la víctima.
"Estábamos comiendo un asado en la casa de mi abuela. Y lo esperábamos a él (Jonathan) porque estaba lavando su auto. Pero yo tuve un presentimiento...yo soy el hermano mellizo", dijo Nahuel sobre esa sensación inexplicable que le recorrió el cuerpo y lo puso en alerta.
"Cuando fui (a su casa) ya había pasado todo, no me dejaban pasar. La rubia (una mujer policía) me apuntaba con un arma, y me decía «quedate acá porque sino a vos también te mato». Le pregunté cómo estaba mi hermano y un milico me dijo que bien, que lo habían llevado al Heca. Me tranquilicé pero resultó que mi hermano ya estaba muerto. Faltaba poco para nuestro cumpleaños", recordó el chico sin parar de llorar, consternado.
En la puerta de la la Unidad de Homicidios de la Fiscalía Regional era todo dolor, tristeza, indignación. Los padres, hermanos, la joven esposa, la abuela, los primos, amigos y vecinos de Jonathan llegaron juntos a esa dependencia para exigir justicia y celeridad en el esclarecimiento de un hecho que, para muchos de ellos, tiene responsables.
"Fue la policía, a mí no me lo van a decir. El choro estaba enfrente mío, herido, y pedía una ambulancia, que sí tuvo. Jonathan, sin embargo, no tuvo esa posibilidad porque lo llevaron en una chata de la policía. Queremos ver los videos de la cámara de Ayacucho (y Seguí). Igual yo estaba ahí, a mí no me tienen que dar ninguna explicación", apuntó también angustiada Sabrina, de 20 años y mujer de Jonathan, con quien hace un mes y medio habían sido padres de Ciro.
Mientras la abuela Isabel parecía desmayarse del llanto y debió sentarse en una silla que le arrimaron desde la fiscalía, los ocho hermanos y familiares de la víctima se manifestaron con cánticos, panfletos y pancartas para exigir el esclarecimiento del crimen.
En un momento el fiscal Adrián Spelta recibió en su despacho a Marcelo y María Elena, los padres de Jonathan, quienes al salir hablaron sobre el resultado de la reunión.
"Nos dijo que le diéramos unos días para acumular pruebas y que él tiene la misma versión de los hechos. Que le diéramos tiempo para trabajar. Pero a veces sus días no son lo mismo que los nuestros. Lo vamos a dejar, queremos que ésto no quede así", apuntó Marcelo.
Más tranquilos, igualmente advirtieron. "Le pedimos que no nos defrauden. Hay testigos, nosotros los vamos a traer. Que ésto no quede así nomas, que se haga lo que se tiene que hacer y que haya Justicia".
Fatalidad. El domingo pasado Jonathan, de 22 años, lavaba su Volkswagen Gol en la vereda de la casa (en la esquina de Ayacucho y la finalización de Seguí, donde muere el bulevar y comienza el pasaje Villar) cuando los agentes del Comando perseguían a Brian V., de 19 años.
Mientras el delincuente cubría su huida a los tiros y se metía por el pasaje, cinco agentes del PAT que bajaron de un micro en el carril sur de Seguí, comenzaron a disparar en forma directa apuntando al sector donde estaba Jonathan, que corría para refugiarse detrás de un árbol.
A su vez, Brian V. caía herido frente a la casa de Herrera. Pero, según dicen testigos y familiares, la policía siguió gatillando, momento en el que a Jonathan lo alcanzaron tres proyectiles: uno le rozó la cabeza y le provocó el estallido del cráneo, otra se le incrustó en la cadera, y el tercero le perforó un pie.
El joven, que trabajaba como repositor en la tienda Falabella y completó sus estudio secundarios en la escuela Naval, murió casi en el acto. Con el informe preliminar de la autopsia se comprobó que las heridas fueron provocadas por balas calibre 9 milímetros compatibles con el uso policial. En tanto, al delincuente se le secuestró un revolver calibre 22 largo.
Los vecinos y familiares de joven asesinado que observaron gran parte de la persecución y el desenlace de la trágica historia, hicieron responsables a la policía por esa muerte.
Luego se confirmó que Brian V. no era menor de edad como trascendió en un primer momento (mintió sobre su identidad), sino que tiene 19 años. Incluso que purga una condena a 2 años y 6 meses de prisión en suspenso por delitos contra la propiedad (robos), sanción que le fue impuesta en un juicio abreviado.
Antes de caer herido y provocar el dramático suceso, había robado 6 muñecas y mil pesos en una juguetería ubicada en San Martín 3515. El martes fue imputado por ese delito (en el Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria donde se recupera de dos heridas en el brazo y en la pierna derecha) y le dictaron la prisión preventiva por 60 días.
Mientras se realizan las pericias balísticas sobre vainas servidas, esquirlas y sobre 9 armas policiales para determinar cuál pudo ser la homicida, cinco policías fueron pasados a disponibilidad por el grave y trágico operativo. Desde la Fiscalía de Homicidios se indicó que Spelta aguarda el resultado de varios informes que resultarían valiosos para determinar las responsabilidades directas del crimen.