En su show de esta noche en el CEC, a las 22, Catupecu Machu presentará en vivo
las canciones del nuevo disco, "Simetría de Moebius". Fernando Ruiz Díaz, cantante y guitarrista de
la banda de rock surgida hace 15 años en Villa Luro, habló con Escenario sobre cómo fue engendrado
el álbum en una casa de campo a 150 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Durante la charla,
también se refirió a su hermano Gabriel, bajista y uno de los fundadores de Catupecu, que sufrió un
gravísimo accidente de tránsito en 2006 y que se encuentra en medio de una larga y lenta
rehabilitación.
—¿Qué significa para vos "Simetría de Moebius"?
—Tiene mucho que ver con todo lo que aprendimos en los discos del grupo y
con muchas cosas que aprendimos ahora. Por un lado, tiene mucho trabajo con guitarras criollas como
herencia de "Laberinto...", y a la vez mucho laburo con los bajos.
—¿Qué tenés que ver con la simetría?
—Son maneras de nombrar las cosas. Cuando hacíamos el disco tuvimos muchas
coincidencias entre nosotros, y a eso lo llamamos simetría. En este disco nos pasó como ocurre con
la cinta de Moebius, la recorrés y siempre está de un mismo lado, además es no orientable y para
nosotros además representa el eterno retorno. Estar siempre en viaje hacia el origen. Y como este
disco se gestó entre una casa en medio del campo donde se compuso el material y la ciudad, lo
veíamos como una especie de cinta de Moebius.
—¿Qué descubriste en el campo?
—Y, sobre todo, a mí. A nosotros. Es muy inspirador ese lugar. Al comienzo
me fui yo solo durante un par de semanas. Yo y la nada (risas). No había estado tanto tiempo solo y
terminé quedándome tres semanas. Después llegaron los demás y estuvimos cinco meses y se dio una
comunión muy grande entre nosotros. El disco tuvo mucha sustancia porque la convivencia fue muy
sustancial.
—"Cosas de goces" es muy emotiva, parece una canción especial para vos.
¿Es así?
—Cuando la tocamos en vivo en el Luna Park fue un momento tremendo, como
un corte en el show. Tiene una explicación. Las voces del tema son las mismas que estaban en el
demo y están hechas con un micrófono que nunca pensamos que íbamos a dejar en la grabación final.
Cuando grababa las voces estaba muy emocionado porque lo estaba haciendo en el estudio que tenemos
en la casa de mi mamá que es donde nació Catupecu, en la misma habitación donde hablé con Gaby y le
dije "vamos a formar un grupo de rock" y él me dijo "yo ya estoy, faltás vos". Ese cuarto alguna
vez fue su habitación, después él se mudó y fue mi habitación y ahora es un estudio. Además,
mientras yo grababa aquellas voces en la sala de abajo estaba Gaby con mi mamá y una enfermera que
lo cuida, Rosita, que cuando bajé me dice "es muy lindo lo que estás grabando".
—En el Luna Park cantaste a capella “Persiana Americana”. ¿Fue
sólo un homenaje a Gustavo Cerati o también te acordaste de tu hermano Gabriel?
—Exactamente, me acordé de Gaby. Fue una improvisación y la verdad es que
quería tirar una buena energía, que ojalá les haya llegado a Gustavo y a Gabriel. Cuando pasó lo de
Gaby, un homeópata budista que conozco me dijo que cuando pasan estas cosas un occidental cree que
sólo son provocadas por un golpe externo, en cambio los orientales dicen que el estallido también
viene de adentro. A Gaby le explotó la cabeza, y a Gustavo le pasó más o menos lo mismo.
—Con esto, la vida del músico no es la más saludable...
—La vida del músico de rock es peligrosa. Es muy intensa. Una vez la
manager de Massacre me dijo: “Estamos en la montaña rusa más extrema que una persona puede
vivir”. Como un eterno viaje muy adrenalínico y con muy poco descanso.
—¿Cuál es la mejor enseñanza de Gaby después del accidente?
—Su gran capacidad, la misma que está aplicando ahora para ir para
adelante, y que es un tipo extraordinario como músico y como gente. Cuando escribo en
“Grandes esperanzas” “voy sin dormir a donde sea” ese es Gabriel, el tipo
que nunca duerme. La gran enseñanza de hoy de Gaby es el amor que el tipo le puso a todo. Un tipo
amoroso. Eso de llevar cada compromiso al extremo es también Catupecu: un grupo que tiene un
compromiso alucinante con la música.