Fue en el verano de 1986. Mucho antes de estudiar periodismo, yo me dedicaba a la música. Cantaba en pubs y bares de Rosario y algunas ciudades cercanas. Ese año, el empresario Osvaldo Canestraro había organizado el “Show Market” en La Rural, un festival único en donde todas las noches por una entrada muy accesible se podía ver a un artista de primer nivel en el predio donde se hacían domas y otras actividades ecuestres. Juan Carlos Baglietto, Fito Paez, el Cuarteto Zupay, Alejandro Lerner, Estela Raval, Sandro, Patricia Sosa, Teresa Parodi y muchos grandes de la canción nacional subían al escenario principal noche tras noche. Yo actuaba en un rincón de La Rural llamado “Carpas de Salta”. Canestraro le pidió a Sergio Denis si me dejaba cantar antes que él en su escenario, donde había nueve mil personas. “Sí, dale. ¿Qué música hace?”, dijo entusiasmado. Yo cantaba temas míos, de Serrat, Víctor Heredia, Mercedes Sosa y otros. Fui a su camarín, me saludó con gran respeto, tocó mi guitarra (una Avalon), charlamos unos minutos y luego tomó un handy: “Soy Sergio. Oíme, antes que yo va a cantar un amigo tres temas. Hacele un buen sonido, como si fuera yo el que canta”.
































