¿Hasta qué punto personaje y actor se funden en un mismo cuerpo? ¿Y cuánto tiempo conviven,
cuando se trata de un gran éxito? Estas dos preguntas son las que se hizo todo el mundo cuando
empezó a escucharse el rumor de que Soledad Silveyra estaba profundamente enamorada de un remisero.
Es que aquella Mónica Helguera Paz, que representaba Solita a los 17 años, en la telenovela de
Alberto Migré “Rolando Rivas, taxista”, en 1972, parece no haber abandonado el cuerpo
de la actriz y hoy, 36 años después, está más vigente que nunca. Mónica Helguera Paz era una joven,
rubia y adinerada que se enamoraba de un taxista, representado por un Claudio García Satur de pelos
largos. La historia pegó tan fuerte entre los televidentes, que cuando comenzaba, todo el país
parecía detenerse por una hora. Desde aquella época hasta ahora, mucha agua ha pasado bajo del
puente, pero aquel amor idílico de adolescentes, parece haber germinado en la actriz de
“Vidas robadas” y conductora de “Un tiempo después”, ambos ciclos de
Telefe.
Héctor, su nuevo amor, tiene 52 años y trabaja en el área de Movilidad de la productora
Endemol. El es el encargado de trasladar a Silveyra desde los estudios de Teleinde, en Martínez,
hasta los de Endemol, en Palermo, donde graba sus dos programas.
“Yo sé muy bien cómo es el trabajo de ustedes, porque además de llevarla a la señora
(así es como llama a Solita) también llevo a fotógrafos y periodistas. Pero no me pidan que hable
porque ella todavía no quiere contar mucho, y yo la respeto”, dijo el remisero en
declaraciones a la revista Semanario. Héctor es cordobés y tuvo dos matrimonios, el primero con
Cristina, con la que tuvo dos hijos, Camila y Lucas. El segundo fue con una mujer de nacionalidad
rusa con quien tuvo a Valeria, pero ellas se fueron a vivir a su país de origen. Dueño del
característico humor cordobés, tira con gracia algunos comentarios. “¿Qué querés que te
cuente? Para mí ésto es la gloria, yo soy un laburante y mirá en la que me metí. Ella es una mujer
divina, pero con tanto revuelo ahora nos vemos menos, aunque hablamos mucho por teléfono”,
dice entre risas y con picardía.
“Capocha”, como le dicen sus compañeros de trabajo, vive en una pensión, a siete
cuadras de Endemol, y maneja un Peugeot 205 verde, que lava a manguera y franela en la puerta de la
productora, aunque por estos días anda en un Peugeot 307 negro porque al suyo se le rompió la
cadena de distribución. “Yo no me escondo, porque no soy una estrella. Ella tiene cuarenta
años de trayectoria, y sabe cómo manejarse con los medios”, dice con total
tranquilidad.



































