La cantante y actriz Julieta Laso, que recientemente obtuvo el premio Gardel al mejor álbum de artista de tango por su placa anterior, “La caldera”, presenta ahora su cuarto álbum solista, “Cabeza negra”, un trabajo conceptual en el que conviven la copla y el tango, las músicas del monte y del arrabal. La cita será este domingo 6 de noviembre, a las 21, en Casa Brava (Pichincha 120).
“Cabeza negra” incluye a autores históricos como Horacio Guarany, Alfredo Zitarrosa, Violeta Parra, Daniel Toro y otros actuales como Tomi Lebrero, Alfredo “Tape” Rubín, Alejandro Guyot, Edgardo González, Yuri Venturin _que además es el arreglador y director musical de este disco_ y Palo Pandolfo. En el repertorio, aseguró la artista a Télam, “se percibe ese continente que no es el que bajó de los barcos ni el del país blanco que cuenta esta ciudad”. Nacida en 1982 en Boedo y criada en Villa Luro y Paternal, otro par de barrios porteños, Julieta se radicó en 2019 en Salta, y con “Cabeza negra” entre manos asegura que “la música que hago viene de ahí, de distintos lugares de nuestro país”.
Aunque la sonoridad predominante del álbum la marca una conjunción de cuatro bandoneones y contrabajo que urdió Yuri Venturin como arreglador, Laso destaca que “después metimos la caja y fue probar y desarrollarlo más, porque fue un gran hallazgo y una gran alegría para mí poder incluir algo del sonido del norte”. Vuelta a reunir con Venturin, director de la Orquesta Típica Fernández Fierro en la que la intérprete cantó entre 2013 y 2018 y antes de iniciar su camino en solitario, “Cabeza negra” vibra en un tempo sonoro capaz de abrazar y abrasar un cancionero diverso. De algún modo se trata de un disco que profundiza un andar estético que ya había abierto un surco con sus tres placas anteriores: “Tango Rante” (2010), “Martingala” (2018) y, fundamentalmente, “La caldera” (2021).
La cineasta Lucrecia Martel, pareja de Laso, escribió certeramente sobre esta nueva experiencia: “«Cabeza negra» en cada canción suplica, no con sumisión, porque el sonido del disco es una amenaza. Es la liturgia de escuchar canciones de protesta, como si fueran de amor”.
Para el registro, realizado entre marzo y diciembre de 2021, participaron los bandoneones en manos de Sofía Calvet, Milagros Caliva, Ayelén Pais, Natsuki Nishiara, Matilde Vitullo, Victoria Gauna y Manuel Barrios, el contrabajo y las percusiones de Venturin y el bombo legüero de Diego Fariza.
Junto a “Pregón”, primera composición de Laso que es la puerta de entrada a la placa, conviven piezas contemporáneas firmadas por Alfredo “Tape” Rubín (“Flor morena de luz”), Tomi Lebrero (“Nadalina”), Luciana Mocchi (“Ejercicio”), Lele Angeli (“Otoño”) y las duplas Alejandro Guyot-Edgardo González (“Fuga de ausencias”) y Yuri Venturin-Palo Pandolfo (“Azucena Alcoba”). El abanico estilístico incluye, además, “Corazón maldito”, de Violeta Parra; “Ambar violeta”, de Fito Páez; “Llámame cuando amanezca”, de Horacio Guarany-Tormenta; “Canto de nadie”, de Alfredo Zitarrosa; y “Mi mariposa triste”, de Daniel Toro-Julio Fontana-Casimiro Cobos.
“Digo con vergüenza que no conocía a Daniel Toro y algo parecido me pasa con la imponente obra de Guarany y con tantas otras canciones que han sido como abandonadas”, confiesa la vocalista, que funciona como renovado puente entre aquellas composiciones y la audiencia actual. Capaz de hacer un balance de la experiencia autoral que atraviesa con “Cabeza negra”, Laso arriesga que “me parece que cierra y es como coherente, porque las canciones también tienen una fuerza política importante”.
_¿Cómo llegás a la desmesurada síntesis de “Cabeza negra”?
_Es un disco audaz y el resultado es realmente mágico, ya que marca un reencuentro musical con Yuri tras dejar la Fierro para irme a vivir a Salta. Nostros nos prometimos hacer un disco juntos y después de la pandemia llegó el momento de hacerlo, desde esta propuesta atípica de formación con cuatro bandoneones y contrabajo que me asustó, pero por suerte me animé.
_¿Qué desafíos te impuso esa formación al momento de cantar?
_Nunca ensayé tanto para grabar tan pocos temas. Las tonalidades están un poco más altas de las que a mí me hacen sentir más cómoda, pero esa decisión de Yuri de pedirme un poco más, de que sea exigido, me gusta un montón. Es un disco que conlleva mucho trabajo porque es orquestado y tenemos que ir todos juntos. Vamos a intentar que todas las cosas puedan escucharse en vivo porque hay mucha distorsión y efectos extraños. En mi caso requiere mucha atención, fuerza, aire, memoria y valentía.
_¿Cómo es tu vida artística en Salta?
_Por suerte pudimos hacer el filme “Terminal norte” con Lucrecia. En el norte hay mucho trabajo en relación al folclore, pero no es un circuito en el que yo entre porque mi música todavía está muy ligada a Buenos Aires. De todas formas tengo ganas de andar más por el país y estoy muy feliz con la decisión de vivir en Salta.
JULI LASO ELLA YA ME OLVIDÓ