Buenos Aires.- Uno de los artistas más trascendentales del rock argentino,
Carlos Solari, y su público, uno de los más fieles y numerosos, tuvieron ayer su
celebración, conocida como Misa India, en la que 60 mil personas rebasaron la capacidad del
Estadio Unico de la Plata.
Desde hace varios días, el camping municipal y otros de la capital
bonaerense recibieron las coloridas carpas de fans redondos de todo el país, ni hablar de las
plazas del Boulevard 32, donde algunos también colocaron sus petates a la espera
del concierto.
San Luis, Córdoba, Tandil, Mar del Plata eran algunos de los sitios lejanos
presentes con banderas, aunque ayer La Matanza y sus ciudades dieron el presente más
fuerte.
La gente de Ciudad Evita, Laferrere, San Justo colgaron banderas
gigantescas dentro del estadio aunque ninguna pudo igualar a la que los chicos del barrio
Copello en Villa Lugano hicieron circular por la cabeza de los que pisaban el campo.
La presencia de 60 mil almas no deja de ratificar el lugar preponderante
que Solari tiene a nivel convocatoria, pero también la vigencia del mito ricotero, que también
estuvo presente en los cánticos de la gente.
A eso hay que sumarle la cuidada puesta en escena, con siete pantallas
—tres en el escenario, cuando a los costados—, las luces y el sonido, lo que para
un artista independiente no deja de representar un gasto importante.
Solari no sólo no trabaja para las discográficas multinacionales, sino que
además esta por fuera de las grandes productoras locales, que muchas veces boicotean sus shows
para obligarlo "a transar", tal como él afirmó muchas veces.
En concreto, Solari paga de su bolsillo el alquiler del estadio, el del
piso plástico que se usa para cubrir el césped, el armado del escenario, las luces, el sonido,
la seguridad privada y el equipo que realizara el control de tickets.
Pero lo importante en este ritual, de los más caros y sagrados del rock
local, es la música, y en ese sentido la banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado
jamás va a dejar de a pie a Solari.
La dupla que integran Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras
conducen la banda con un estilo y sonido arrasadores, apoyados en la base formada por Marcelo
Torres en bajo y Hernán Aramberri en batería, a los que se suman Alejo Von Der Pahlen
en saxo y Ervin Stutz en trompeta, más Débora Dixon y Luciana Palacios en coros.
El concierto comenzó a las 22.15, cuando toda la gente estuvo dentro del
estadio, y el Indio eligió tres canciones de “Porco Rex” para abrir la serie: el
tema que da nombre al CD, “Pedía siempre temas en las radio” y “Ramas
desnudas”.
Esta parte demostró que el publico se ha adaptado al nuevo material ya que
las tres canciones fueron interpretados por la gente, pero el estallido se produjo cuando el
Indio dijo: “Sé que hace calor pero nos va a hacer bien saltar un poco”.
Ante esa mención la banda arrancó con los clásicos ricoteros “Me
matan limón”, “Rock para el Negro Atila” y “Divina TV Fuhrer”, que
sonaron impecables y sacudieron hasta la emotividad a la gente.
En especial en la pesada “Rock para el Negro Atila”, la
banda del Indio tuvo un despliegue increíble y sonó arrasadora, como para
volar pelucas, diría un viejo hippie. Ni hablar del cantante, que repitió su
histórico baile parecido al de un chaman indio.
Aunque ahora el Indio este más cerca de ser un veterano sensei de un arte
marcial o a David Carradine del viejo Kung Fu.
Luego sonaron “Pabellón séptimo” (de “Bingo fuel”) y
“Bebamos de las copas lindas” (de "Porco Rex"), que tranquilizaron a las
fieras, que las cantaron quietitos en sus lugares, ya que son a medio tempo.
Pero la velocidad y la necesidad de pogo llamaron y el Indio y sus
muchachos respondieron con ardientes versiones de “Ella debe estar tan linda”,
“Nadie es perfecto” y “Ñam fri fru fi”, tres inoxidables himnos
ricoteros.
En ese tramo subió el primer invitado, el baterista Martín Carrizo, que se
ha dado el lujo de unir tres aristas del rock nacional: fue baterista de Gustavo Cerati en la
etapa “Bocanada”, de Walter Giardino en Temple y tocó en algunas canciones de
“Porco Rex”.
Demostrando que es uno de los mejores del medio local, Carrizo le dio color a
“Por qué será que no me quiere Dios”, luego de la cual subió Calamaro, bajo la
advertencia del Indio a su público de que lo trataran bien.
Con Carrizo en batería, Solari y Calamaro se despacharon con “Veneno
paciente” que los dos cantaron en “Porco Rex” y luego entregaron una versión
antológica de “Esa estrella era mi lujo”, un clásico de los Redondos.
El final de la participación de Calamaro fue con “El
salmón”, que el Indio había versionado en un disco homenaje y que sólo debió
coronar con un “los artistas populares no son nuestros enemigos”, a manera de reto
a la ortodoxia ricotera que silbó tibiamente a Calamaro.
Dicho esto, Solari cantó “Mariposa pontiac”, la bellísima
“Un ángel para tu soledad” y guardó un lugar especial para
“Juguetes perdidos”, un himno de la banda que logra colocar con cada
bandera que circula por el estadio, cada bengala que se prende y con cada show.
A los bises, Solari se despachó con la hermosa “Flight
956”, del disco “Porco Rex”, que suena tan Tom Petty, uno de
los artistas preferidos del cantante, pero que además es una de las canciones más lindas
de ese álbum.
El final es inevitable y viene siempre de la mano de “Ji
Ji Ji”, porque así como ayer Boca ratificó su estirpe de campeón dejando a San
Lorenzo fuera de la definición, Solari y la gente deben revalidar que su pogo es el más grande
del mundo.
Es innecesario decir que el estadio, de los mejores del país, tembló como
tiembla la Bombonera cada vez que el Boca de Solari sale a la cancha, y la gente bailó
alocadamente feliz.
Para algunos fue la hora de decir hasta luego, otros tratarán de repetir el
plato esta noche, cuando Solari y otro ejército de almas se den cita.
(Télam)