Dos exdeportistas de élite, Rita y Esther, son las protagonistas de “Nadadoras, estamos vigentes”, una obra que, a través de esos dos personajes, interpela el contexto que les permitió llegar a triunfar en las Olimpíadas de Atlanta 96, al tiempo que trata de ver “quiénes son ahora, qué pueden hacer con sus vidas y ayudar al presidente del club que las convoca ante la crisis política y social”, explicó Cristina Carozza, directora y autora de la pieza que interpretan Angie Beltrame y Soledad Palomeque. “Nadadoras, estamos vigentes” sube a escena hoy, a las 21, en Teatro La Manzana (San Juan 1950).
Según apuntó Carozza, el punto de partida fue la imagen de una nadadora surgida durante un curso que realizó durante la pandemia con la dramaturga y director porteña Cecilia Propato. A la nadadora original, Esther, se le sumó Rita, y a ellas todo el universo que las contiene, en el cual se encuentra el club Honor y Gloria “que las vio nacer”, además de “una investigación en el mundo del deporte y del nado sincronizado, la vida en los clubes y el lugar que ocupan las mujeres en el deporte y las exigencias físicas y emocionales que provocan los deportes de alto rendimiento”, indicó la directora.
“Nos interesó abordar el paso del tiempo, la transformación de los cuerpos, las exigencias, qué sucede cuando se responde a la demanda, la vigencia, el concepto de éxito, la competencia, los abusos”, dijo Carozza, y añadió: “Con todo esto atravesado por lo teatral, intentamos salirnos de la semblanza deportiva y contraponerlo con el universo creativo y conflictual del teatro, que sea una historia teatral. Por eso tiene intervenciones poéticas, entramos en el mundo sonoro, la luz, el vestuario, los colores, el club, el cloro, el elemento agua, que nos contiene, nos refleja, fluye, nos transforma y se nos escapa de las manos. Mojarnos, entrar al agua y pensarnos desde la pileta, mirando para afuera, cambiar la mirada”.
79226865.jpg
La directora Cristina Carozza.
¿Qué singularidad implica que los personajes sean nadadoras? ¿A qué alude la metáfora?
Estas exnadadoras, deportistas de elite, Rita y Esther, son dos mujeres que triunfaron en Atlanta 96, luego de eso dejaron de nadar y ahora se encuentran en el borde de la pileta, en el club Honor y Gloria que las vio nacer, tratando de ver quiénes son ahora, qué pueden hacer con sus vidas y ayudar al presidente del club que las convoca ante la crisis política y social. Es difícil sostener los espacios ya que necesitan algo más que pasión para sobrevivir, tanto los espacios como quienes realizan actividades deportivas, así como también artísticas. En realidad podría ser una metáfora sobre el deseo que trata de sobrevivir por sobre todas las cosas. Las ganas de sobreponernos y seguir haciendo eso que nos gusta, nos sostiene y nos convoca sólo por una pasión.
¿Cómo fue la aproximación a los personajes?
Trabajamos en los ensayos para lograr una aproximación a la psicología y comportamiento de los personajes en escena y poner de manifiesto los conflictos sociales por los que atraviesa el club, los conflictos propios con la actividad deportiva y sus entrenamientos extremos para alcanzar el éxito. En este recorrido que constituye un proceso donde se involucra la sensibilidad, el cuerpo, la historia social y personal, el entorno, la vida en el barrio, un club, es decir, el contexto social. Proponemos una serie de reflexiones para interpelar a la sociedad, las prácticas deportivas actuales enfocadas y el alto rendimiento competitivo.
¿De qué manera la obra refleja la actualidad, no sólo de los personajes, sino de su contexto?
La obra toca temas profundos como la mirada femenina sobre el deporte, los abusos, las familias que sostienen y que también silencian y entregan a sus hijos en busca del éxito, los abandonos, los entrenamientos y las huellas que dejan en los cuerpos. ¿Qué es ganar, qué es perder? Todo esto y mucho más sale a flote en “Nadadoras, estamos vigentes”.