El viaje del lector

Un oasis riojano

La curiosidad nos lleva continuamente a descubrir lugares, y si es en las montañas mejor aún.

Domingo 03 de Marzo de 2019

La curiosidad nos lleva continuamente a descubrir lugares, y si es en las montañas mejor aún. Esta vez partimos rumbo a Laguna Brava (La Rioja). Para visitar este sitio es obligatorio contratar guía autorizado, registrarse y cumplir el horario límite de regreso, a las 18. La mejor época es de septiembre a abril, aunque está abierto el acceso todo el año, siempre que el clima lo permita. Es imposible hacerlo cuando hay "viento blanco".

Desde el comienzo las vistas tienen un singular atractivo, La Quebrada de Troya, cuyos paredones inclinados de marrón intenso se semejan a chocolate en ramas; la Herradura y La Pirámide. Juego de luces y sombras, y espacios despejados, generosas dosis de color e imaginación, logran el milagro de retratar el aire.

Luego el paraje Jagüé, con muy pocos habitantes, es uno de los más aislados de la provincia, allí se controla el acceso de visitantes a la reserva. Continuando el recorrido, las únicas construcciones son los "Refugios de Sarmiento", realizados en piedra en el siglo XIX, con la misma arquitectura que un nido de hornero, funcionaban como albergue para los arrieros que debían cruzar con sus animales la cordillera. Es notoria la conservación de estos lugares en los que a pesar del viento, la lluvia y la nieve, han resistido casi intactos.

Más adelante un camino de cornisa y ripio, "la Cuesta de la Quebrada del Peñón" con sus cerros de color rojo. Subimos hasta el punto más alto, 4.350 metros sobre el nivel del mar, y al bajar del vehículo la escena es extraordinaria, un verdadero oasis de altura, con flamencos que le dan un toque de color a las aguas blancas por el salitre. La laguna está custodiada por el imponente volcán Veladero.

La única flora existente en todo el camino es el coirón y el cuerno cordillerano, ninguno supera los 50 centímetros. El aire es frío y seco. Los vientos soplan y levantan nubes de salitre y polvo, con remolinos blanquecinos. Los restos de un avión que aterrizó de emergencia en el año 1964, forma parte del cuadro. La nave trasladaba animales pura sangre desde Perú a Buenos Aires, aparentemente un vuelo clandestino. Algunas versiones dicen que el destino era Uruguay. Los tripulantes se salvaron y siguieron camino con algunos animales. Solo murió una de las yeguas cuyo cuerpo permanece momificado por la sal, otra se perdió en las montañas. Según dicen los lugareños se llama Laguna Brava porque el clima reacciona frente a extraños, generando falta de oxígeno y vientos fuertes.

En estos recónditos sitios siempre aparecen leyendas, y una es la del "Destapadito", un arriero o acaso un prófugo chileno, sin documentos, que murió congelado alrededor del año 1955 y fue enterrado junto a uno de los refugios de Sarmiento y cubierto con piedras.

Nos cuentan que al final de los inviernos el esqueleto siempre estaba a la vista, las piedras se corrían no saben si por los vientos o por la mano de algún curioso visitante. Los lugareños concluyeron que el difunto no quería estar tapado, y no había que contradecirlo, de ahí el nombre de "Destapadito". La tumba se convirtió en lugar de culto, hay ofrendas, monedas, gente que reza y pide milagros.

Laguna Brava fue declarada "Sitio Ramsar", nombre de la ciudad iraní donde se firmó la convención internacional para proteger las estaciones de aves migratorias, en este caso flamencos rosados.

Hay una sensación profunda de silencio y quietud, Los Andes parecen absorber los sonidos de las aves y sus movimientos, un ensamble perfecto con la naturaleza.

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